El cálculo aparece en el número de julio-agosto de 2026 de Cuadernos de Información Económica y está firmado por Desiderio Romero-Jordán. El ejercicio compara la recaudación de 2025 con la que resultaría si se mantuvieran esos mismos datos fiscales, pero con la estructura por edades prevista para 2040.
La idea central es sencilla: una sociedad con más hogares en edades avanzadas recauda de otra manera. Hay menos peso relativo de hogares en plena vida laboral, las rentas del trabajo pierden protagonismo frente a las pensiones y también cambia la cesta de consumo sobre la que se paga IVA.
Hay, sin embargo, un dato que conviene no dar por cerrado. La versión española del artículo y la nota de prensa de Funcas hablan de unos 15.100 millones de euros menos. Pero el cuadro publicado en el propio estudio pasa de 392.575 millones a 379.698 millones, una diferencia de 12.877 millones, y la versión inglesa del mismo análisis redondea la caída a 12.900 millones. La tasa del 3,3% sí coincide; la equivalencia en euros necesita aclaración de Funcas antes de publicar una cifra única como definitiva.
Por qué una población más envejecida recauda de otra manera
El IRPF es uno de los ingresos más expuestos porque depende en gran medida de las rentas del trabajo. Estas suelen crecer durante la vida activa, se estabilizan hacia los 50 años y caen después de la jubilación. Con menos peso de hogares jóvenes y de mediana edad, la base fiscal cambia.
Algo parecido ocurre con las cotizaciones sociales. Si aumenta la proporción de jubilados respecto a ocupados, se reduce el peso de los salarios y de las cotizaciones asociadas al empleo. En la simulación de Funcas, la recaudación media por hogar alcanza su máximo entre los 50 y 59 años, con 26.809 euros anuales sumando IRPF, cotizaciones e IVA. A partir de ahí desciende.
El IVA también se mueve con la edad. Los hogares de más edad destinan una parte mayor de su consumo a productos sujetos a tipos reducidos o superreducidos, como alimentos, farmacia o determinadas ayudas técnicas. El INE refuerza el contexto demográfico: los mayores de 65 años representan actualmente el 21,1% de la población y su peso seguiría creciendo, mientras la población de 20 a 64 años bajaría del 60,9% al 54,5% en 2052 según sus últimas proyecciones.
Qué significa para tu bolsillo y qué no significa
Este cálculo no implica una subida automática de impuestos, ni anuncia un nuevo gravamen en 2040. Tampoco significa que los hogares españoles vayan a tener que repartirse una factura de 12.900 o 15.100 millones. Es una simulación que intenta aislar el efecto demográfico sobre tres grandes fuentes de ingresos públicos.
La cuestión importa porque la presión puede darse por los dos lados de las cuentas públicas. Mientras el envejecimiento puede debilitar parte de la recaudación, la AIReF proyecta que el gasto en pensiones podría alcanzar el 16,1% del PIB en 2050. Eso aumenta la importancia de las futuras decisiones sobre empleo, productividad, inmigración, cotizaciones, impuestos y gasto, pero Funcas no determina qué medidas se adoptarán ni cuánto pagará cada contribuyente.
Quien esté cerca de jubilarse tampoco tiene que hacer ningún cambio por este informe. Cuestiones como qué banco elegir para domiciliar la pensión o cómo remunerar mejor los ahorros pertenecen a la planificación personal y dependen de condiciones concretas; no son una respuesta a esta proyección fiscal.

La inmigración puede compensar parte del efecto, pero no es una receta automática
Funcas calcula que, para compensar la caída estimada, harían falta alrededor de 650.000 hogares inmigrantes equivalentes con sustentador principal entre 30 y 39 años. El estudio parte de una recaudación media de 23.353 euros anuales para un hogar de esa cohorte entre IRPF, cotizaciones e IVA.
Ese número tampoco debe leerse como un objetivo cerrado de política migratoria. El propio análisis lo presenta como una cota inferior, porque la recaudación media utilizada mezcla hogares nativos e inmigrantes y las diferencias de renta, empleo y consumo pueden alterar de forma importante el resultado.
Además, el ejercicio mantiene constante el número total de hogares entre 2025 y 2040 y no incorpora cambios en salarios, inflación, empleo o productividad. Por eso, es una simulación para aislar el efecto del envejecimiento, no una predicción exacta de lo que recaudará España en 2040.
La clave está en el matiz. El envejecimiento apunta a una base recaudatoria menos favorable justo cuando aumentan algunos gastos ligados a la edad, pero no existe hoy una factura individual que pagar ni una subida de impuestos ya decidida. Antes de convertir el dato en alarma, conviene resolver la discrepancia entre los 15.100 millones citados en la publicación española y los 12.900 millones que aparecen en la versión inglesa y que encajan con el cuadro numérico publicado por Funcas.









