La cifra procede del informe El valor de la contratación temporal en España, elaborado a partir de los microdatos de la Encuesta de Población Activa (EPA) y referido a la evolución del empleo temporal desde 2005 hasta el segundo trimestre de 2026.
El dato importa porque pone sobre la mesa una diferencia que va más allá del tipo de contrato. Para quien tiene menos estudios, entrar en el mercado laboral no solo resulta más difícil, sino que también es más frecuente hacerlo con una relación laboral de duración limitada.
La diferencia no termina en el tipo de contrato
Según los datos difundidos a partir del estudio, el 23,4% de los asalariados con bajo nivel formativo comienza su acceso al empleo mediante contratación temporal. Entre quienes cuentan con estudios superiores, el porcentaje baja al 14%.
La brecha también aparece al mirar el desempleo. El informe sitúa la tasa de paro en el 21,8% entre las personas con estudios primarios o inferiores, frente al 12% entre quienes poseen estudios secundarios y el 6,2% entre los titulados superiores.
Esto no significa que tener una titulación garantice un empleo estable ni que un contrato temporal sea necesariamente una mala opción. Sí muestra que el nivel formativo está asociado a condiciones distintas de entrada y permanencia en el mercado laboral. Para un hogar, esa diferencia puede tener consecuencias prácticas: más incertidumbre sobre los ingresos futuros, mayor necesidad de mantener un colchón y más dificultad para planificar gastos que se repiten cada mes.
España crea empleo, pero la temporalidad sigue afectando a millones de trabajadores
El contexto general del mercado de trabajo es bastante más favorable que hace unos años. La EPA del segundo trimestre de 2026 contabilizó 22.779.000 ocupados y situó la tasa de paro en el 9,87%. Durante ese trimestre, el número de asalariados aumentó en 529.200 personas.
Dentro de ese crecimiento, los asalariados con contrato indefinido aumentaron en 386.900 personas y los temporales en 142.300. En comparación con un año antes, el empleo asalariado indefinido sumó 571.900 trabajadores y el temporal 34.900.
Por tanto, el 23,4% no debe interpretarse como la tasa de temporalidad del conjunto de los asalariados españoles. Se refiere al colectivo de menor nivel formativo analizado en el estudio y a su forma de acceso al empleo. Ese matiz es importante para no convertir un dato sobre un grupo concreto en una fotografía de todo el mercado laboral.

Qué debe mirar un trabajador cuando firma un contrato temporal
El tipo de contrato no es un detalle menor. La legislación española establece como regla general que el contrato de trabajo se presume indefinido y limita la contratación de duración determinada, principalmente, a circunstancias de la producción o a la sustitución de una persona trabajadora. Además, la empresa debe concretar la causa que justifica la temporalidad y su relación con la duración prevista.
Por eso, quien recibe una oferta temporal debería comprobar qué modalidad figura en el documento, cuál es la causa indicada, la jornada, el salario, la fecha prevista de finalización y el convenio colectivo aplicable. No se trata de desconfiar de cualquier contratación temporal, sino de entender exactamente qué se está firmando.
El SEPE recuerda también que, al finalizar determinados contratos temporales por circunstancias de la producción, existe con carácter general una indemnización de 12 días de salario por año trabajado, además de los supuestos en los que un contrato puede adquirir la condición de indefinido por incumplimiento de las reglas de temporalidad.
Para quien empieza a cobrar un salario y necesita ordenar su economía diaria, comparar después las condiciones de la cuenta donde recibe sus ingresos puede ser útil. Esta guía de Finantres sobre bancos para llevar la nómina permite revisar ese aspecto por separado: la elección de la cuenta bancaria no modifica, en ningún caso, los derechos que recoge el contrato laboral.
La formación pesa también en la capacidad de planificar el bolsillo
Asempleo interpreta la contratación temporal como una vía de entrada para colectivos que encuentran mayores dificultades para incorporarse al empleo. Esa valoración procede de la patronal de empresas de trabajo temporal y debe distinguirse de los datos estadísticos de la EPA sobre ocupación, paro y modalidades contractuales.
Desde el punto de vista del trabajador, la cuestión práctica es otra: un ingreso temporal exige más cuidado al asumir gastos fijos a largo plazo, especialmente cuando no existe certeza sobre la continuidad del empleo. Alquiler, financiación, suministros o cuotas mensuales pesan de otra manera cuando la fecha de finalización del contrato está próxima.
La cifra del 23,4% deja así una señal clara: la mejora general del empleo no elimina las diferencias de acceso según la formación. Antes de sacar conclusiones sobre un contrato temporal, conviene mirar la causa, la duración y las condiciones reales. Ahí está la información que determina qué significa ese empleo para el bolsillo.









