El 23% de los jóvenes que buscan vivienda planea mudarse a un pueblo

El 23% de los jóvenes que buscan vivienda planea mudarse a un pueblo.
El 23% de los jóvenes que buscan vivienda planea mudarse a un pueblo.

La cifra procede de una encuesta de Fotocasa Research realizada durante el primer semestre de 2026. Entre los demandantes de vivienda de 18 a 24 años, casi uno de cada cuatro tiene previsto trasladarse a una zona rural en los próximos meses y siete de cada diez muestran interés por vivir en ese entorno.

El movimiento no se limita a los más jóvenes. Entre quienes tienen de 25 a 34 años, el porcentaje con planes efectivos de mudanza sube al 16%, frente al 13% de 2025 y el 10% de 2024. En el conjunto de los demandantes mayores de 18 años, el 13% prevé irse a un pueblo, dos puntos más que el año pasado.

Conviene, eso sí, leer bien el dato. No significa que el 23% de todos los jóvenes españoles vaya a abandonar la ciudad. La encuesta se refiere a personas que participan en la demanda de vivienda, y una intención de mudanza tampoco equivale a un traslado ya realizado.

La vivienda empuja, pero mudarse no garantiza gastar menos

La presión residencial ayuda a entender por qué el pueblo gana atractivo. Un estudio de la Fundación BBVA y el Ivie publicado en junio calcula que los jóvenes emancipados de 16 a 34 años destinan casi el 29% de los ingresos del hogar a la vivienda, unos diez puntos más que los mayores de 34 años. Además, el 19,6% de los jóvenes soporta una sobrecarga de vivienda, es decir, dedica más del 40% de su renta al alojamiento y los gastos asociados.

El mismo trabajo señala que el alquiler de mercado ya es la forma de tenencia del 45% de los hogares jóvenes, mientras la propiedad ha perdido peso. La presión es especialmente intensa en las grandes áreas urbanas, donde también se concentra buena parte de la demanda de empleo y estudios.

Pero vivir en un pueblo no implica automáticamente ahorrar. El precio de la casa puede ser más bajo en determinados mercados, pero la cuenta completa incluye transporte, posible necesidad de coche, combustible, internet, suministros, mantenimiento y desplazamientos. Fotocasa subraya que empleo, servicios, conectividad e infraestructuras son condiciones necesarias para que el traslado rural pueda consolidarse.

El empleo pesa más que el teletrabajo

Los datos también matizan una idea frecuente: el teletrabajo no es el principal motor operativo de estos traslados. Del conjunto de demandantes, un 9% prevé mudarse cambiando de trabajo y un 4% hacerlo teletrabajando; juntos forman el 13% con planes efectivos. Entre los 25 y 34 años, el reparto es todavía más claro: un 12% cambiaría de empleo y un 4% teletrabajaría.

En los menores de 25 años, Fotocasa señala que la mayoría de quienes planean el traslado tendrá que buscar un nuevo trabajo. Ahí aparece una parte importante de la cuenta. Una vivienda más asequible puede dejar de compensar si el cambio implica cobrar menos, asumir más kilómetros cada semana o mantener un coche que antes no era necesario.

En la Comunidad de Madrid, el 17% de los demandantes adultos prevé mudarse próximamente a una zona rural. El 10% lo haría cambiando de empleo y el 7% mediante teletrabajo. El dato refleja cómo la presión de las grandes áreas urbanas puede ampliar el radio de búsqueda de vivienda, pero no permite asumir que cualquier municipio madrileño resulte barato.

La presión sobre el gasto escolar vuelve a notarse antes de septiembre.
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Qué conviene calcular antes de cambiar la ciudad por un pueblo

La comparación útil no es solo alquiler contra alquiler o precio de compra contra precio de compra. Conviene poner en la misma cuenta el coste mensual de vivienda, suministros, transporte, coche, internet y servicios habituales, además de los gastos iniciales de una mudanza. Si también cambia el empleo, hay que incorporar la posible variación de ingresos.

Para quienes estén dando el paso de emanciparse, ordenar el dinero desde el principio puede ayudar a que un gasto nuevo no quede escondido en el presupuesto. En Finantres se pueden revisar opciones de bancos para jóvenes y, si se quiere separar un colchón para imprevistos, comparar cuentas de ahorro. Son herramientas de organización, no una garantía de que la mudanza salga más barata.

La clave está en comparar el coste total de vida antes y después del traslado. El interés por los pueblos crece y la vivienda explica parte de ese cambio, pero el bolsillo depende también del empleo, la movilidad y los servicios disponibles. Mudarse puede tener sentido; dar por hecho el ahorro, no.

Esta noticia ha sido elaborada por Álvaro Ortega López

Álvaro Ortega López

Álvaro Ortega López

Especialista

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Especialista en fiscalidad, impuestos e inversiones en España.