La cifra procede de la sexta edición del ULI Spain Living Rental Report, presentada en mayo de 2026, pero corresponde al cuarto trimestre de 2025. El estudio analiza Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga, Bilbao, Alicante, Murcia y Zaragoza. La absorción de vivienda usada en alquiler se sitúa entre el 81% y el 93%, según la ciudad.
Ese detalle temporal importa: no es una fotografía en tiempo real del mercado en agosto de 2026, sino un indicador construido con datos del cierre de 2025. Tampoco representa todo el alquiler en España. ULI se centra en nueve capitales y en la oferta de segunda mano, donde estima que alrededor del 90% se arrienda dentro de un trimestre.
El 90% refleja un mercado con poco margen para elegir
ULI relaciona esta presión con una demanda muy fuerte. En las nueve ciudades estudiadas, el número de hogares está en máximos de los últimos cinco años y la afiliación a la Seguridad Social se encuentra en niveles récord. La renta neta disponible por hogar ha crecido entre un 17,6% y un 26,7% durante ese periodo, dependiendo de la capital.
La oferta, sin embargo, no acompaña al mismo ritmo. El informe señala que continúa retirándose vivienda del mercado y apunta a obstáculos para incorporar nueva oferta, entre ellos el coste del suelo y de la construcción, la fiscalidad y los largos procesos administrativos. Además, las viviendas alquiladas en el cuarto trimestre de 2025 eran entre un 13,5% y un 35% más pequeñas que la superficie media del parque residencial, dependiendo de la ciudad.
El golpe al bolsillo está en los nuevos contratos
Para quien busca vivienda, la velocidad importa porque deja menos tiempo para comparar, pero el problema de fondo está en el precio. ULI sitúa la renta mediana de los nuevos contratos entre 750 y 1.650 euros al mes, según la ciudad. Barcelona, Madrid y Valencia se encuentran en la franja superior del estudio, mientras Alicante, Sevilla, Zaragoza y Murcia aparecen en la inferior.
La subida tampoco es uniforme. El crecimiento interanual de las rentas medianas de nuevos contratos va del 3,4% en Sevilla al 11,6% en Madrid. ULI considera asequible una vivienda cuando el alquiler no supera el 35% de la renta neta disponible del hogar y advierte de que los hogares con ingresos bajos y medios-bajos encuentran cada vez más dificultades para acceder al mercado libre.
Ese 35% es el criterio utilizado por el informe para construir su indicador, no una regla universal sobre cuánto debería gastar cada familia. La consecuencia práctica es más sencilla: dos viviendas con la misma renta pueden suponer esfuerzos muy distintos dependiendo de los ingresos y del resto de gastos del hogar.

Buscar deprisa no debería significar firmar a ciegas
La presión por cerrar una vivienda puede llevar a fijarse únicamente en la mensualidad. Conviene mirar también qué gastos se pactan, qué suministros quedan fuera y qué garantías se exigen. En los arrendamientos de vivienda, la Ley de Arrendamientos Urbanos establece una fianza obligatoria equivalente a una mensualidad y señala que los gastos de gestión inmobiliaria y formalización del contrato corresponden al arrendador.
También merece atención el desembolso inicial. Fianza, posibles garantías adicionales, mudanza y primeros recibos pueden concentrar una cantidad importante en pocos días. La rapidez del mercado no debería impedir comprobar quién es el arrendador o intermediario, leer el contrato y dejar claras por escrito la renta y las condiciones antes de entregar dinero.
Si el alquiler se comparte, una cuenta conjunta puede servir para separar la renta y los recibos del resto del presupuesto. Y si se abre una cuenta exclusivamente para esos pagos, conviene revisar las cuentas sin comisiones para evitar que la organización de los gastos añada costes innecesarios.
Qué significa este dato para quien busca alquiler
El 90% no significa que cualquier piso encuentre inquilino inmediatamente ni que todas las ciudades españolas funcionen igual. Sí muestra que, en las nueve capitales estudiadas, gran parte de la oferta de segunda mano disponible se absorbe dentro de un trimestre, en un escenario que ULI relaciona con una demanda elevada y una oferta insuficiente.
Para el bolsillo, el riesgo está en confundir rapidez con urgencia. Antes de entregar una señal o firmar, lo útil es comprobar el coste mensual completo, las garantías exigidas, qué gastos corresponden a cada parte y si el contrato recoge lo acordado. No se trata de llegar primero a cualquier precio, sino de saber qué coste puedes sostener y qué estás firmando.









