La pobreza golpea más a las familias con hijos, sobre todo antes de los 30

Las familias con hijos soportan un riesgo de pobreza mayor en España.
Las familias con hijos soportan un riesgo de pobreza mayor en España.

El trabajo Hijos, ciclo vital y pobreza en España: 2008-2025, elaborado por José Ignacio Conde-Ruiz y Marialejandra Garay Aguirre a partir de microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), pone cifras a una diferencia que persiste incluso en años de mejora económica. En 2025, la tasa de pobreza relativa fue del 23% en los hogares con hijos dependientes, frente al 17,6% de los hogares sin hijos. Cuando hay al menos un menor de 18 años, la tasa se acerca al 25%.

La brecha también aparece al mirar directamente a la infancia. El 28,3% de los menores de 18 años vivía en 2025 en hogares por debajo del umbral de pobreza relativa, unos 2,07 millones de niños y adolescentes, frente al 19,5% del conjunto de la población. Conviene recordar un matiz: la pobreza monetaria de la ECV 2025 se calcula con los ingresos obtenidos durante 2024.

Eso no significa que tener hijos “cause” pobreza por sí solo. Los propios autores advierten de que su análisis identifica asociaciones, no un efecto causal estricto. La clave está en cómo se combinan la edad, la renta, el empleo, el ahorro acumulado y la estructura familiar.

El salto más fuerte aparece antes de los 30 años

El dato más llamativo llega cuando el estudio controla por renta equivalente, empleo, características sociodemográficas, región y año. En los hogares cuya persona de referencia tiene menos de 30 años, la presencia de hijos menores se asocia con un aumento de 7,26 puntos porcentuales en la probabilidad de sufrir carencia material y social severa, un indicador que refleja privaciones reales en necesidades y condiciones básicas.

La diferencia es muy grande frente a otras edades. Entre los 30 y 44 años, el aumento estimado es de 0,71 puntos; a partir de los 45 años, de 1,16 puntos. Es decir, la penalización estimada en los hogares jóvenes es entre seis y diez veces mayor en puntos porcentuales. No porque todos los padres jóvenes sean pobres, sino porque la crianza llega muchas veces en una etapa con menos colchón financiero.

Fedea apunta a varios factores que encajan con esa fragilidad: menor ahorro acumulado, carreras laborales menos consolidadas, mayor inestabilidad residencial y gastos de cuidados, equipamiento o vivienda que llegan cuando los recursos todavía son limitados. El diagnóstico coincide con Eurostat: en 2025, España registró la tasa AROPE más alta de la UE entre las personas que viven en hogares con hijos dependientes, un 29,9%.

Las familias monoparentales tienen menos margen para absorber un golpe

La estructura del hogar importa tanto como la edad. Según el estudio, los hogares monoparentales mantienen niveles altos de carencia material y social severa durante todo el ciclo vital. La tasa descriptiva alcanza el 26,2% cuando la persona de referencia tiene menos de 30 años, baja al 21,3% entre los 30 y 44 y sigue en el 18,3% a partir de los 45.

Hay que leer con cautela la cifra de los monoparentales menores de 30 años porque los propios autores señalan que el tamaño de esa muestra es reducido. Aun así, el patrón general es persistente: cuando solo hay un adulto sosteniendo ingresos y cuidados, un alquiler, una avería, una factura elevada o un gasto escolar inesperado dejan menos margen de maniobra.

El mensaje para el bolsillo es importante. Dos hogares con ingresos parecidos no tienen necesariamente la misma capacidad para soportar un imprevisto. El número de adultos que aporta ingresos, el coste de la vivienda, la estabilidad laboral y la edad a la que llega la crianza pueden cambiar mucho la resistencia del presupuesto familiar.

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Qué puede revisar una familia si el presupuesto ya va justo

Este estudio no anuncia una ayuda nueva ni implica que todas las familias con hijos tengan derecho a una prestación. Para un hogar que ya atraviesa dificultades, lo más útil es comprobar las ayudas que están vigentes antes de descartarlas. En 2026, el Complemento de Ayuda para la Infancia (CAPI) fija 115 euros al mes por menor de tres años, 80,50 euros desde los tres y hasta antes de cumplir seis, y 57,50 euros desde los seis hasta los 18 años.

El CAPI forma parte del Ingreso Mínimo Vital, aunque puede concederse de manera independiente. No debe darse por automático: se tramita mediante la solicitud del IMV y está sujeto a requisitos de renta, patrimonio y activos de la unidad de convivencia. Antes de contar con ese dinero, conviene comprobar la composición del hogar y los límites que correspondan.

Después de revisar las prestaciones, también tiene sentido mirar los gastos recurrentes que dependen de los contratos del hogar. Comparar cuentas bancarias sin comisiones puede ayudar a detectar costes bancarios evitables. Y, solo si ya existe un pequeño ahorro reservado al menor, entender las condiciones de las cuentas de ahorro infantil permite revisar comisiones, liquidez y remuneración sin confundir una cuenta de ahorro con una solución a un problema económico estructural.

La fotografía que deja el estudio es incómoda, pero útil: las familias con hijos no forman un grupo homogéneo. La edad y la estructura del hogar cambian mucho la vulnerabilidad. Para el lector, eso obliga a mirar algo más que los ingresos: ayudas disponibles, gastos fijos, vivienda, cuidados y el colchón real que queda cuando aparece un imprevisto.

Esta noticia ha sido elaborada por Álvaro Ortega López

Álvaro Ortega López

Álvaro Ortega López

Especialista

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Especialista en fiscalidad, impuestos e inversiones en España.