El Instituto Nacional de Estadística ha confirmado este 15 de septiembre el dato que había adelantado a finales de agosto. El IPC general aceleró siete décimas frente al 3,6% de julio, mientras que la inflación subyacente —que excluye energía y alimentos no elaborados— bajó una décima, hasta el 2,9%.
En términos mensuales, los precios aumentaron un 0,7% respecto a julio. La diferencia es importante: que el IPC interanual sea del 4,3% no significa que todos los precios hayan subido un 4,3% en un solo mes, ni que todos los hogares estén soportando exactamente el mismo encarecimiento.
El gasóleo y la gasolina explican buena parte del salto
El transporte fue el grupo que más empujó la inflación y registró una subida anual del 9,5%. Dentro de ese bloque, los carburantes y combustibles se encarecieron un 21,3% respecto a agosto de 2025. El gasóleo subió un 30,3% interanual y la gasolina, un 16,9%.
También hay un efecto comparación. En agosto del año pasado los carburantes se abarataron, de modo que la diferencia interanual de este verano resulta especialmente elevada. Aun así, el encarecimiento no es solo estadístico: en agosto el gasóleo subió un 11,5% frente a julio y la gasolina alrededor de un 8%.
Para una familia que usa el coche a diario, esa subida se traslada directamente al presupuesto mensual. No existe un impacto único para todos: depende de los kilómetros recorridos, el tipo de vehículo, el consumo y el precio de la estación de servicio en la que se reposte.
El 4,3% no se reparte igual entre todos los gastos del hogar
Los carburantes son el principal motor del repunte, pero no el único gasto que se ha encarecido. La electricidad cuesta un 9,2% más que hace un año y los alimentos y bebidas no alcohólicas suben un 2,3%. Dentro de la cesta hay diferencias fuertes: los huevos avanzan un 12,5%, los cítricos un 17,1% y las legumbres verdes un 15,9%.
La moderación de la inflación subyacente hasta el 2,9% ofrece un matiz importante. El repunte está concentrado en buena medida en la energía y otros componentes más volátiles. Por eso, el dato general no significa que todos los precios de la economía estén acelerándose al mismo ritmo.
Para el ahorro, una inflación del 4,3% también importa porque reduce capacidad de compra si el dinero permanece sin remuneración. Quien quiera revisar qué rentabilidad obtiene por su liquidez puede consultar cómo funcionan las cuentas remuneradas y los depósitos a plazo fijo, sin confundir rentabilidad nominal con protección garantizada frente al IPC.

Qué conviene revisar en septiembre si repostas con frecuencia
Durante agosto, la rebaja fiscal sobre gasolina y gasóleo fue de 10 céntimos por litro. En septiembre el esquema ha cambiado: el descuento del gasóleo ha subido a 20 céntimos por litro, al activarse la cláusula prevista por el fuerte encarecimiento de julio, mientras que el de la gasolina se ha reducido a 5 céntimos.
La norma vigente fija estos tipos hasta el 30 de septiembre de 2026. Eso convierte octubre en la fecha que conviene vigilar: el actual real decreto no prolonga estas reducciones más allá de septiembre, por lo que cualquier continuidad requeriría una nueva decisión normativa. El precio final en surtidor seguirá variando según la estación, la zona y la evolución del mercado.
La clave para el bolsillo está en separar el dato general de la factura personal. El 4,3% sirve para medir cómo evoluciona el conjunto de precios, pero cada hogar debe mirar dónde se concentra su gasto. Quien usa más el coche o soporta un consumo energético elevado está más expuesto a este repunte.









