El dato procede del informe Saver to Investor: Europe’s opportunity, publicado el 11 de septiembre de 2026. El estudio incorpora una encuesta a 17.000 adultos de entre 18 y 65 años en nueve países europeos —entre ellos España—, realizada en la segunda mitad de julio. La muestra española fue de 2.000 personas.
La cifra más llamativa necesita una precisión importante: los 2,4 billones no son una pérdida contabilizada en las cuentas de los hogares. Es una estimación de la rentabilidad que ese dinero habría podido obtener con otra inversión durante un periodo concreto.
Qué significan realmente los 2,4 billones
J.P. Morgan parte de los 2,8 billones de euros adicionales que los hogares de la UE han acumulado desde 2020 en efectivo y activos similares. Según su cálculo, ese importe habría alcanzado 5,4 billones si se hubiera invertido en acciones globales, mientras que mantenido en liquidez habría llegado a unos 3 billones. La diferencia es de 2,4 billones de euros.
La metodología compara rentabilidades nominales en euros desde comienzos de 2020 hasta diciembre de 2025. Para la liquidez toma como referencia J.P. Morgan Cash Europe a tres meses y, para la renta variable global, el MSCI All Country World Index. Se trata, por tanto, de un coste de oportunidad hipotético y retrospectivo, no de dinero que cada familia haya perdido de forma efectiva.
Ese matiz importa. La comparación tampoco significa que todo el ahorro deba estar invertido en bolsa. La CNMV recuerda que una decisión de inversión debe considerar el objetivo del dinero, el plazo, las necesidades de liquidez y el riesgo que se puede asumir. El dinero que puede necesitarse a corto plazo cumple una función muy distinta al ahorro pensado para varios años.
La liquidez protege el corto plazo, pero la inflación pesa a largo
El informe intenta poner cifras al efecto del paso del tiempo. Según J.P. Morgan, 100 euros depositados a comienzos de 2020 habrían pasado a 109 euros nominales al cierre de 2025, pero equivaldrían a 89 euros una vez descontada la inflación de la zona euro. En su comparación, 100 euros invertidos en bolsa global habrían alcanzado 194 euros nominales y 158 euros reales.
Son datos históricos, no una promesa de rentabilidad futura. Las acciones pueden subir o bajar y obligan a aceptar un riesgo de mercado que no tiene la misma naturaleza que mantener el dinero en una cuenta. La lectura útil no es “invertir todo”, sino no confundir liquidez con ausencia de coste cuando el dinero tiene un horizonte de muchos años.
Este volumen de ahorro europeo en liquidez también está en el radar de Bruselas. La Comisión Europea sitúa en torno a 10 billones de euros los depósitos bancarios de los hogares y lanzó en marzo de 2025 la Unión de Ahorros e Inversiones para facilitar que los ciudadanos dispongan de más alternativas. Esa cifra no es directamente comparable con los 12,4 billones de J.P. Morgan, cuyo concepto engloba efectivo y otros activos similares. Para el dinero que debe seguir disponible, puede resultar útil conocer cómo se remuneran las cuentas remuneradas y qué condiciones tienen los depósitos a plazo europeos.

Qué cambia para un ahorrador español
España forma parte de la encuesta, pero el informe europeo no atribuye a los hogares españoles una cantidad concreta de esos 2,4 billones. Tampoco permite decir que una familia española habría ganado una cifra determinada si hubiera invertido sus ahorros: el resultado real dependería del momento de entrada, los productos utilizados, sus costes, la fiscalidad y el riesgo asumido.
Para el bolsillo, la cuestión práctica está en distinguir el dinero que debe permanecer disponible del ahorro que tiene un horizonte más largo. La primera parte puede necesitar liquidez inmediata y estabilidad. La segunda obliga a valorar plazo, riesgo, diversificación, costes y objetivos antes de decidir dónde mantenerla. No todos los hogares tienen la misma capacidad para asumir pérdidas ni necesitan el efectivo en el mismo momento.
Los 2,4 billones llaman la atención, pero conviene leerlos como lo que son: una estimación del rendimiento que no se obtuvo en un periodo concreto, no una factura que los hogares ya hayan pagado. La clave está en saber para qué se ahorra, cuándo puede necesitarse ese dinero y qué riesgos implica cada alternativa.









