Lucía vive en una aldea gallega y gasta 50 euros al mes en la compra: letra pequeña

Lucía, una joven de 27 años, ha dejado Madrid para vivir en una aldea de O Irixo, en Ourense, donde asegura que su compra mensual ronda los 50 euros gracias al huerto, la recolección y una vida con muchos menos gastos de supermercado.

Lucía vive en una aldea de Ourense y asegura gastar 50 euros al mes
Lucía vive en una aldea de Ourense y asegura gastar 50 euros al mes.

El dato que ha hecho viral su historia

La historia se ha difundido en varios medios por una cifra muy llamativa: Lucía afirma que apenas gasta 50 euros al mes en la compra. La clave, según su propio testimonio, está en que parte de su alimentación sale del terreno que trabaja y de la recolección, no solo del supermercado.

El caso ocurre en una aldea gallega de apenas nueve habitantes, dentro del Concello do Irixo, en la provincia de Ourense. El municipio, según los datos del Instituto Galego de Estatística para 2025, tiene 1.340 habitantes, una cifra que ayuda a entender el contexto rural en el que se enmarca la noticia.

El matiz importante es que esos 50 euros no son una receta aplicable a cualquier hogar. No incluyen todo el coste de vivir, ni el tiempo dedicado al huerto, ni la inversión inicial, ni otros gastos asociados a mantener animales, reformar una vivienda o desplazarse en una zona rural.

Por qué un huerto puede bajar la compra, pero no elimina todos los gastos

Tener un huerto propio puede reducir parte del gasto en alimentos frescos, sobre todo si la persona consume productos de temporada, aprovecha conservas, organiza bien la despensa y compra fuera solo aquello que no puede producir. En plena presión sobre la cesta de la compra, cualquier reducción en frutas, verduras o básicos puede notarse.

Pero el ahorro real depende de muchos factores: superficie disponible, clima, herramientas, agua, semillas, conocimientos, tiempo y capacidad para conservar alimentos. No es lo mismo tener unas macetas en una terraza que vivir en una aldea con terreno, animales y una rutina centrada en producir parte de lo que se consume.

Por eso conviene leer esta historia con prudencia. Igual que ocurre al revisar las mejores cuentas de ahorro, el dato llamativo solo sirve si después se mira la letra pequeña: qué se está comparando, qué gastos quedan fuera y qué esfuerzo exige sostener ese resultado mes a mes.

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La vida rural también tiene costes que no siempre se ven

El relato de Lucía conecta con una idea poderosa: vivir con menos, producir más y depender menos del supermercado. Sin embargo, ella misma ha señalado que su mayor desembolso mensual está en los animales, con unos 150 euros. Ese dato cambia la lectura: la compra baja, pero el presupuesto no desaparece.

También hay costes menos visibles. Una vivienda antigua puede requerir reformas, mantenimiento, calefacción, herramientas y transporte. En una aldea pequeña, ahorrar en alimentación puede convivir con gastar más en desplazamientos, trámites o servicios que en una ciudad están más cerca.

Para un lector que piense en mudarse al campo, la pregunta no debería ser solo cuánto se gasta en comida. También conviene calcular ingresos, ahorros disponibles, vivienda, suministros, conexión a internet, coche, salud, seguros y comisiones bancarias. En presupuestos ajustados, incluso revisar bancos y cuentas sin comisiones puede ayudar a no perder margen por gastos evitables.

Qué puede aprender el lector sin caer en falsas expectativas

La noticia tiene interés porque muestra una forma distinta de organizar el consumo. En un momento en el que los alimentos siguen pesando en el presupuesto familiar, producir una parte de lo que se come puede aliviar el gasto de algunos hogares. Pero no todos tienen terreno, salud, tiempo o conocimientos para hacerlo.

El aprendizaje práctico no es que cualquiera pueda vivir con 50 euros al mes de compra. El aprendizaje es más concreto: revisar qué parte del gasto alimentario depende de frescos, temporada, desperdicio, compras impulsivas y planificación. Ahí sí puede haber margen, incluso sin mudarse a una aldea.

Quien consiga ahorrar algo en la compra también debería decidir qué hacer con ese dinero. Separarlo para imprevistos, vivienda, suministros o ahorro puede ser más útil que dejarlo mezclado en la cuenta corriente. Para comparar opciones, puede servir revisar qué bancos dan más intereses por tus ahorros, siempre sin confundir rentabilidad con una solución automática para el presupuesto.

La historia de Lucía funciona mejor como aviso que como promesa. El huerto puede abaratar parte de la compra, pero exige tiempo, tierra, constancia y una forma de vida concreta. Antes de idealizar esos 50 euros, la clave está en mirar todo el presupuesto, no solo el ticket del supermercado.

El Español, El Blog Salmón, Radio Mitre, Instituto Galego de Estatística e INE.

Esta noticia ha sido elaborada por Álvaro Ortega López

Álvaro Ortega López

Álvaro Ortega López

Especialista

Más del autor

Especialista en fiscalidad, impuestos e inversiones en España.

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