Qué ha pasado con la A-357
La Junta de Andalucía ha adjudicado a la UTE formada por Copisa, Constructora Pirenaica y Arpo Empresa Constructora las obras para reanudar la conversión en autovía del eje Málaga-Campillos-Ronda entre Casapalma y Cerralba. El contrato asciende a 50.455.538 euros y afecta a algo más de cuatro kilómetros de la A-357.
El tramo previsto tiene 4,2 kilómetros, discurre en variante en buena parte paralelo a la carretera actual y contempla un viaducto de 250 metros sobre el río Grande. La vía existente quedará como vía de servicio y acceso a propiedades colindantes, según la información oficial de la Junta.
La nueva carretera se plantea como una autovía de doble calzada, con dos carriles por sentido de 3,5 metros, arcenes exteriores de 2,5 metros, arcenes interiores de un metro y una mediana de diez metros. La conexión final se hará en Pizarra mediante una nueva glorieta, mientras que el siguiente tramo, Cerralba-Zalea, queda como paso posterior.
La noticia tiene una carga simbólica evidente: este tramo ya fue adjudicado en enero de 2010, pero no llegó a empezar. En 2019 se resolvió aquel contrato después de años sin acta de replanteo ni disponibilidad presupuestaria, con una indemnización cercana al medio millón de euros.
Por qué importa para Málaga y el Valle del Guadalhorce
La A-357 no es una carretera secundaria cualquiera. Pertenece a la Red Básica de Articulación de la red autonómica andaluza y conecta Málaga con Cártama, Casapalma, Pizarra, el Valle del Guadalhorce y el eje hacia Campillos y Ronda. La propia Junta sitúa la Autovía del Guadalhorce como una de las infraestructuras clave de la comarca.
El dato que explica mejor la urgencia está en el tráfico. La A-357 ya funciona como autovía desde Málaga hasta Casapalma, con picos de 80.000 vehículos diarios. A partir de Casapalma, donde termina la autovía, la demanda se mantiene por encima de 25.000 vehículos al día hasta Pizarra, donde confluyen tráficos de Antequera, Serranía de las Nieves, Guadalteba y Serranía de Ronda.
Para el lector, esto se traduce en algo muy concreto: si usas esa vía para trabajar, estudiar, repartir mercancía, llegar a Málaga o conectar con la Costa del Sol, el cuello de botella no es una abstracción. Se nota en tiempo, combustible, puntualidad, estrés y previsibilidad.
La clave está en entender que una infraestructura así no mete dinero directamente en el bolsillo de nadie, pero sí puede reducir costes indirectos. Menos congestión puede significar trayectos más fiables. Y para una pyme, un autónomo o una empresa de transporte, la fiabilidad también es dinero.

Cómo puede afectar al bolsillo, al empleo y a las pymes
El primer impacto está en la movilidad diaria. Un trabajador que entra o sale de Málaga por la A-357 no necesita solo una carretera más cómoda: necesita saber si podrá llegar a tiempo sin depender de atascos recurrentes. Si la ampliación mejora la fluidez en el tramo, el beneficio práctico estará en menos tiempo perdido y en una conexión más estable con la capital.
El segundo impacto está en las empresas locales. El Valle del Guadalhorce tiene actividad agrícola, logística, comercial, turística y de servicios. Una mejor carretera puede facilitar entregas, desplazamientos de empleados, acceso de clientes y conexión con Málaga y la Costa del Sol. Pero conviene no exagerar: la obra por sí sola no garantiza más empleo estable ni más ventas. Eso dependerá de cómo se aproveche después la mejora de comunicaciones.
Para autónomos y pequeños negocios de la zona, la noticia puede abrir oportunidades, pero también exige mirar números. Una obra pública puede mover actividad en suministros, servicios, transporte, hostelería o mantenimiento, aunque no todos los negocios se beneficiarán igual. Quien trabaje por cuenta propia en la comarca debería vigilar costes, financiación y liquidez; en ese contexto, puede tener sentido comparar bancos para autónomos antes de asumir nuevos gastos o inversiones.
El tercer impacto es territorial. Si la A-357 funciona mejor, Pizarra, Cártama y otros municipios del entorno pueden ganar atractivo para vivir, trabajar o instalar actividad económica. Eso puede ser positivo, pero también conviene vigilar efectos secundarios: más presión sobre suelo, vivienda, tráfico local o servicios si la mejora de accesos atrae más movimiento del que los municipios pueden absorber.
Lo que conviene vigilar ahora
Lo primero es el calendario real. El anuncio de adjudicación es importante, pero una obra no se mide solo por el contrato: se mide por el inicio efectivo, los desvíos, los plazos cumplidos y la fecha de entrada en servicio. El anuncio europeo de licitación fija una duración estimada de 46 meses, así que el impacto para el conductor no será inmediato.
Lo segundo son las afecciones al tráfico durante la obra. Una ampliación de esta escala puede mejorar la movilidad futura, pero durante la ejecución puede generar cortes, desvíos o retenciones. Para quien dependa de la A-357 a diario, ese será el punto práctico a seguir: cuándo empiezan los trabajos sobre el terreno y cómo se organizarán las alternativas.
Lo tercero es la continuidad. El tramo Casapalma-Cerralba es relevante, pero no completa por sí solo todo el eje. La Junta ha señalado que trabaja también en proyectos para otros ocho kilómetros, entre ellos Cerralba-Zalea y la duplicación de accesos de Ronda.
Para Málaga, la ampliación de la Autovía del Guadalhorce no debe leerse solo como una obra pública desbloqueada. La lectura útil está en si consigue reducir tiempos, mejorar seguridad, facilitar actividad económica y conectar mejor a los municipios sin trasladar nuevos problemas a vivienda, tráfico local o servicios.









