El teletrabajo se convierte en una línea roja: el 39% cambiaría de empleo si vuelve la oficina

39% de quienes teletrabajan buscaría otro empleo si su empresa impone presencialidad.
39% de quienes teletrabajan buscaría otro empleo si su empresa impone presencialidad.

Qué cambia en el pulso entre empresa y plantilla

La VI Radiografía del Teletrabajo en España deja una foto bastante clara: el teletrabajo no está creciendo con fuerza, pero tampoco desaparece. Según InfoJobs, uno de cada cuatro ocupados teletrabaja en 2026, el mismo porcentaje que en 2025. De ese grupo, un 19% trabaja en modelo híbrido y un 6% lo hace completamente en remoto.

La parte empresarial va en la misma dirección. El 50% de las compañías ofrece alguna posibilidad de teletrabajo, frente al 46% de hace un año. La subida viene sobre todo del híbrido, que pasa del 35% al 39%, mientras que el remoto total se mantiene en el 11%.

La noticia no es que las empresas estén preparando una vuelta masiva a la oficina. De hecho, solo el 1% prevé eliminar el teletrabajo y otro 3% contempla reducirlo. El 75% quiere mantener las condiciones actuales y el 8% planea ampliarlas. Para un negocio pequeño, el mensaje es otro: tocar el teletrabajo puede salir más caro de lo que parece si afecta a personas difíciles de sustituir.

El dato importante: no afecta igual a todos los trabajadores

Conviene leer bien la cifra. Ese 39% no se refiere a todos los asalariados, sino a los profesionales que ya teletrabajan y que, ante una vuelta al modelo 100% presencial, buscarían otro empleo donde pudieran seguir trabajando en remoto. Además, un 25% intentaría compensar el cambio negociando una subida salarial.

Ahí está la letra pequeña para las empresas. Si un negocio elimina el teletrabajo, puede encontrarse con dos costes: perder talento o tener que pagar más para retenerlo. Y en una pyme, donde cada baja pesa más, sustituir a una persona clave no es solo publicar una oferta. Es tiempo, formación, productividad perdida y presión para el equipo que se queda.

Tampoco todos los sectores viven el mismo debate. InfoJobs señala que en informática y telecomunicaciones alrededor de siete de cada diez vacantes incluyen teletrabajo, en legal el 60% y en finanzas y banca el 47%. En cambio, en venta al detalle, turismo y restauración o profesiones y oficios, el peso baja al 1%. Para una tienda, un bar o un taller, la cuestión puede ser residual; para una asesoría, agencia, ecommerce o empresa de servicios, puede ser decisiva.

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Por qué importa a autónomos y pequeños negocios con empleados

Para el autónomo sin plantilla, esta noticia no cambia una cuota ni una obligación inmediata. Pero para quien tiene empleados, colaboradores internos o una pequeña sociedad, el teletrabajo entra ya en la misma carpeta que salarios, oficina, software, bancos y proveedores: costes fijos y capacidad de retener a la gente buena.

En un presupuesto ajustado, la política de teletrabajo no se decide solo por comodidad. Puede afectar al tamaño de la oficina, al control horario, a los equipos, a la ciberseguridad y a la organización diaria. Igual que una empresa revisa sus cuentas y comisiones al comparar bancos para pequeñas empresas, también debería revisar qué modelo laboral le ayuda a mantener margen sin perder productividad.

El propio informe matiza el debate sobre productividad. El hogar se impone para tareas de concentración profunda, con un 44% de preferencia, mientras que la oficina gana para tareas colaborativas, reuniones, coordinación e imprevistos. Dicho de otra forma: no se trata de oficina sí u oficina no, sino de saber qué tareas necesitan presencia y cuáles no.

La letra pequeña: acuerdo, costes y reversibilidad

La Ley 10/2021 de trabajo a distancia establece que el trabajo a distancia regular requiere acuerdo entre empresa y persona trabajadora, por escrito, y que la modificación de sus condiciones, incluido el porcentaje de presencialidad, debe acordarse y formalizarse antes de aplicarse. También recoge el carácter voluntario para ambas partes.

Esto no significa que cada caso sea igual ni que un empleado pueda imponer cualquier modelo. Significa que una pyme no debería gestionar el teletrabajo con improvisación, mensajes ambiguos o cambios de criterio de una semana para otra. La pregunta importante es si el modelo simplifica el trabajo, ayuda a retener talento y encaja con la actividad real del negocio.

Para una empresa pequeña, la decisión práctica pasa por hacer números: qué cuesta mantener flexibilidad, qué cuesta perder a alguien clave y qué ahorro real aporta exigir más presencia. Quien esté reorganizando caja, costes y servicios también puede revisar recursos como la comparativa de mejores bancos para empresas, pero el fondo es el mismo: no basta con mirar un coste aislado; hay que mirar el coste total del negocio.

El teletrabajo ya no es solo una ventaja simpática para poner en una oferta. En determinados perfiles, se ha convertido en una condición de permanencia. Y para el pequeño negocio, perder a una persona válida por no ordenar bien ese modelo puede ser bastante más caro que reservar algunos días de trabajo en remoto.

Esta noticia ha sido elaborada por Javier Borja

Javier Borja

Javier Borja

Especialista

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Especialista en autónomos, negocios y finanzas para pymes.