El dato de BBVA es grande, pero no sustituye la revisión del aval
BBVA ha comunicado que AvalBox, su herramienta para solicitar y gestionar avales online, ha tramitado cerca de 80.000 avales digitales por un importe superior a 5.000 millones de euros desde su lanzamiento en octubre de 2018. El banco añade que cerca del 90% de los importes gestionados por esta vía acaba formalizándose como aval digital.
La cifra encaja con un negocio que BBVA quiere empujar hacia la operativa digital. La entidad afirma que en 2025 formalizó cerca de 10.000 millones de euros en avales para empresas, más del doble que dos años antes. Pero para quien tiene una empresa pequeña, un comercio, una sociedad o trabaja como autónomo con contratos públicos o privados, la lectura práctica es otra: un aval no es solo un trámite online; compromete riesgo bancario y puede tener coste mientras siga vivo.
AvalBox permite gestionar el ciclo del aval desde la solicitud hasta el seguimiento y la cancelación. También muestra información sobre límites de riesgo disponibles, avales concedidos, vencimientos, beneficiarios, importes y coste desde el primer momento, según BBVA. Esa parte es útil, pero no cambia la pregunta de fondo: si el aval consume parte de la línea disponible, puede limitar margen para otras necesidades de financiación.
Coste, riesgo disponible y vencimiento: las tres cifras que mandan
BBVA indica en su página de avales para empresas que, para operar online, la empresa necesita tener activado el servicio de avales y una línea de aval en vigor con crédito disponible. Esto es importante porque no basta con entrar en la banca digital y pedir el documento: el banco debe tener aprobada esa capacidad de riesgo.
La clave está en mirar el coste total. En el epígrafe público de tarifas de BBVA para preavales, avales y garantías figuran referencias como gastos de estudio del 10‰ con mínimo de 150,25 euros, formalización del 10‰ con mínimo de 150,25 euros, comisión de disponibilidad del 5‰ trimestral cuando proceda y comisión de riesgo del 20‰ sobre el importe, con mínimo de 60 euros por trimestre o fracción. Estas tarifas deben contrastarse con la oferta concreta, porque las condiciones aplicables pueden depender del contrato, la línea aprobada y la negociación con la entidad.
Para un negocio, el problema no es solo pagar una comisión al inicio. Si el aval sigue vivo durante meses o años, el coste periódico puede pesar en la caja. Y si el aval no se cancela correctamente al terminar la obligación, el banco puede seguir considerándolo vigente. Por eso el vencimiento, la devolución del documento, la cancelación fehaciente o la aceptación de la cancelación por parte del banco no son detalles menores.
Antes de pedir un aval, también conviene comparar la relación bancaria completa. Una empresa que trabaja con varios bancos debería revisar no solo avales, sino cuentas, comisiones, transferencias y financiación disponible. En ese punto puede tener sentido consultar una guía de mejores bancos y cuentas para empresas o revisar opciones específicas para pequeñas empresas si el negocio no tiene estructura financiera grande.

Presentarlo online no significa que todos los beneficiarios pidan lo mismo
AvalBox no solo sirve para solicitar avales. BBVA destaca que permite tres formas de presentación: telemática ante determinados organismos públicos, digital mediante Signaturit como proveedor cualificado de servicios de confianza, y en papel cuando el beneficiario exige el documento físico.
Este punto es más práctico de lo que parece. En una licitación, una obra, un contrato de suministro o una obligación frente a un tercero, el formato de presentación puede ser tan importante como el importe del aval. Si el beneficiario pide una redacción concreta, una vía específica o un soporte físico, hacerlo rápido desde la banca online no arregla un aval mal presentado.
BBVA también señala que AvalBox permite usar textos predefinidos o personalizados y descargar XML para mercados como OMIE y MIBGAS. Para empresas que presentan avales con frecuencia, eso puede ahorrar tiempo. Para un autónomo o una pyme que solo lo necesita de forma puntual, lo importante es no perderse en la tecnología: hay que comprobar beneficiario, importe, fecha, texto exigido y forma válida de entrega.
La nueva Zona de Avales ayuda, pero no elimina la letra pequeña
BBVA ha incorporado una nueva “Zona de Avales” en su banca online para empresas, con una visión más amplia de la posición de la compañía y más detalle sobre los avales emitidos. Bien usado, puede ayudar a evitar una de las trampas habituales: tener avales vivos, vencimientos próximos o importes comprometidos que nadie está mirando con calma.
Para empresas que ya trabajan con BBVA, la revisión debería empezar por cuatro preguntas sencillas. Cuánto riesgo disponible queda, cuánto costará el aval hasta su cancelación, qué fecha de vencimiento tiene y qué exige exactamente el beneficiario. Si la empresa está comparando entidades o separando operativa diaria de financiación, también puede revisar distintas cuentas para empresas antes de concentrar todo en un solo banco.
La herramienta puede simplificar trámites, pero no convierte un aval en un producto menor. Un aval mal calculado puede inmovilizar riesgo, encarecer una operación o complicar la liquidez justo cuando el negocio necesita margen. Para el autónomo societario, la pyme o la empresa que licita, la decisión no está solo en pedirlo online, sino en saber cuánto cuesta, durante cuánto tiempo queda vivo y qué capacidad financiera deja libre para lo demás.









