La inflación encadena tres meses de subidas y marca un máximo desde 2023
El dato definitivo coincide con la estimación adelantada por el Instituto Nacional de Estadística el 29 de septiembre. La inflación pasó del 3,6% en julio al 4,3% en agosto y al 4,9% en septiembre. Son tres meses consecutivos de aceleración, dos de ellos por encima del 4%. No se alcanzaba una tasa tan alta desde febrero de 2023, cuando el IPC llegó al 6%.
Conviene separar dos cifras que pueden confundirse. El 4,9% compara el nivel medio de precios de septiembre con el de septiembre de 2025. No significa que los precios hayan aumentado un 4,9% solo en el último mes: frente a agosto, el índice general avanzó un 0,3%. Tampoco quiere decir que todos los artículos se hayan encarecido por igual.
Además, la llamada inflación subyacente, que excluye los productos energéticos y los alimentos no elaborados, subió dos décimas hasta el 3,1%. Es una señal de que el encarecimiento no se limita a repostar, aunque la energía explique buena parte del último repunte. Para las familias, la diferencia importa: no es lo mismo una factura sensible al petróleo que un gasto cuyo precio evoluciona con más estabilidad.
La gasolina empuja el transporte, pero no explica toda la subida
El transporte es uno de los grupos que más han contribuido al aumento de la tasa anual. Según el INE, sus precios subieron un 10,5% respecto a septiembre de 2025, un punto más que en agosto. La razón principal está en los combustibles y lubricantes de los vehículos particulares: este septiembre se encarecieron, mientras que en el mismo mes del año pasado habían bajado.
El desglose del dato muestra que la gasolina cuesta un 27,5% más que hace un año y el gasóleo, un 34% más. Son variaciones interanuales, no aumentos de un solo mes. Quien utiliza el coche para ir al trabajo o depende de una furgoneta para su actividad puede notar especialmente esa diferencia. Sin embargo, el coste mensual no puede calcularse sin conocer kilómetros, consumo, precio por litro y posibles descuentos.
Los carburantes no son los únicos responsables. Los paquetes turísticos bajaron menos que en septiembre del año anterior, lo que empujó al alza la tasa anual de las actividades recreativas, deporte y cultura, situada en el 3,6%. Los viajes en avión también influyeron en el transporte. Y, dentro de los gastos asociados a la vivienda, el INE detectó en septiembre aumentos mensuales de electricidad y combustibles líquidos.
La compra también se encarece, aunque no al mismo ritmo
Los alimentos y bebidas no alcohólicas registraron un aumento interanual del 2,7%, por debajo del IPC general. Eso no convierte la visita al supermercado en un alivio automático: la diferencia entre productos es considerable. Los huevos, por ejemplo, se encarecieron más de un 12% respecto a un año antes, y las hortalizas presentaron subidas mucho mayores que la media alimentaria.
Para poner el 4,9% en perspectiva, pensemos en un conjunto de bienes y servicios que reprodujera exactamente la evolución media del índice. Si costaba 100 euros en septiembre de 2025, habría pasado a 104,90 euros un año después. Es un ejemplo matemático, no una estimación de lo que paga una familia concreta. Cada hogar distribuye su dinero de manera distinta entre alimentos, vivienda, transporte y otros servicios.
Un hogar que necesita el coche a diario puede soportar más presión que otro que apenas reposta. También hay diferencias según el contrato de electricidad, los productos que se compran y la frecuencia de consumo. Y hay otra precisión útil: aunque la inflación bajara en los próximos meses, eso no implicaría necesariamente que los precios volvieran a los niveles anteriores. Podrían seguir subiendo, solo que a un ritmo menor.
Qué conviene revisar en las facturas y en el ahorro
Antes de aplicar un 4,9% de subida a todo el presupuesto, merece la pena mirar los recibos reales. En el combustible, la comparación útil incluye litros repostados y precio por litro. En la luz, conviene distinguir el precio de la energía del consumo en kilovatios hora. Y en la compra ayuda separar una subida de precios de un cambio en los productos o cantidades adquiridas.
Con esa información es más fácil reconocer qué partidas se están llevando una porción mayor de los ingresos. También permite detectar costes que no dependen directamente del IPC, como determinadas comisiones bancarias. Si se está revisando el dinero disponible mes a mes, consultar las condiciones de las cuentas remuneradas puede servir para comparar alternativas, sin confundir el interés anunciado con un rendimiento garantizado frente a la inflación.
La inflación también reduce lo que permiten comprar los ahorros sin remunerar. Quien valore los depósitos a plazo fijo debe mirar interés, plazo, cancelación y fiscalidad: una rentabilidad positiva no asegura ganar poder adquisitivo. El dato del INE invita, sobre todo, a comprobar qué gastos han subido de verdad y cuáles responden a un mayor consumo, sin tomar decisiones precipitadas.










