ING publicó el 18 de septiembre los resultados de una encuesta elaborada por ING Research e Ipsos. El trabajo de campo se realizó entre el 27 de julio y el 7 de agosto de 2026 y sitúa a España entre los mercados europeos con una bolsa especialmente amplia de potenciales inversores.
El matiz es importante: no tener inversiones no significa no tener productos bancarios. Una cuenta corriente o un depósito sirven para guardar ahorro; comprar acciones, bonos, fondos o ETF implica asumir un riesgo distinto y aceptar que el valor puede subir o bajar.
El 63% no invierte, pero España está entre los países con más potencial
Según ING, alrededor del 75% de los hogares españoles tiene ahorros, mientras que el 63% de los ciudadanos no invierte actualmente. Entre quienes están fuera del mercado, cerca de cuatro de cada diez dicen que podrían plantearse invertir en el futuro.
Eso coloca a España en el grupo de países con mayor potencial inversor dentro de la encuesta, pero no permite afirmar de forma inequívoca que sea “el país más dispuesto de Europa”. El análisis comparado de ING sitúa a España cerca del 40%, junto con Polonia, Rumanía y Reino Unido, mientras Alemania y Bélgica quedan por debajo del 25%.
Para el bolsillo, la diferencia no está en invertir por invertir. Está en separar el dinero que necesita liquidez inmediata del que puede mantenerse durante años sin tocarse. Ahorrar y disponer de un colchón cumple una función; invertir busca rentabilidad a cambio de asumir riesgo.
Casi seis de cada siete euros depositados siguen a la vista
Los datos del Banco de España ayudan a entender el peso de la liquidez. En agosto de 2026, los hogares mantenían 1.084.200 millones de euros en depósitos bancarios. De esa cantidad, 922.100 millones estaban a la vista: algo más del 85%, es decir, casi seis de cada siete euros depositados.
La remuneración de ese dinero también es baja. La serie del Banco de España para depósitos a la vista de los hogares marcó un tipo del 0,16% en agosto de 2026. Redondeado a una décima, equivale aproximadamente al 0,2%. Eso no significa que todas las cuentas paguen lo mismo: algunas no remuneran y otras ofrecen intereses sujetos a condiciones.
Una revisión básica puede empezar por comprobar si el dinero de corto plazo está en una cuenta que no remunera y comparar qué ofrecen las cuentas remuneradas. Cuando no se necesita disponer del dinero inmediatamente, también puede ser útil entender cómo funcionan los depósitos a plazo fijo. Comparar no obliga a contratar, pero sí ayuda a evitar que el ahorro permanezca inmóvil por pura inercia.
El riesgo y la falta de conocimientos frenan a muchos ahorradores
La encuesta de ING apunta a dos barreras principales. El 56% de quienes no invierten menciona la aversión al riesgo y el 43% reconoce que le faltan conocimientos suficientes para sentirse cómodo dando el paso. Además, dos de cada tres españoles prefieren una alternativa más segura aunque su rentabilidad potencial sea menor.
Esa cautela no es necesariamente un problema. Una inversión puede ofrecer más rentabilidad potencial a largo plazo, pero también puede sufrir pérdidas temporales o permanentes según el activo, el plazo y la diversificación. Una cuenta o un depósito, en cambio, priorizan estabilidad y disponibilidad, aunque su rendimiento pueda ser muy bajo.
La clave está en no confundir prudencia con desconocimiento. Antes de elegir un producto conviene entender conceptos básicos como diversificación, horizonte temporal, costes y riesgo. Una guía sobre ETF para invertir a largo plazo puede servir para conocer una de las vías disponibles, sin que eso la convierta en adecuada para todos los perfiles.
Qué conviene revisar antes de mover el ahorro
El primer filtro es separar el dinero que puede hacer falta pronto del que realmente tiene un horizonte de varios años. Mantener liquidez para gastos previstos o imprevistos reduce el riesgo de verse obligado a vender una inversión en un mal momento. Después entran en juego el plazo, los costes, la fiscalidad y la capacidad de asumir pérdidas.
También conviene mirar la rentabilidad real, no solo el interés anunciado. Un 0,16% puede parecer mejor que cero, pero sigue siendo una remuneración limitada. Al mismo tiempo, pasar de una cuenta a una inversión con más riesgo no garantiza ganar más: la rentabilidad futura nunca está asegurada.
El dato de ING deja una lectura menos llamativa, pero más útil: España combina mucho ahorro con una participación inversora todavía baja y un grupo amplio de personas abiertas a invertir. Para cada hogar, la cuestión no es seguir una tendencia, sino saber qué dinero necesita proteger, qué dinero puede mantener a largo plazo y qué riesgo entiende de verdad.










