El indicador adelantado publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) este 28 de agosto deja una secuencia clara: la tasa anual fue del 3,2% en junio, subió al 3,6% en julio y ahora se estima en el 4,3% en agosto. Es, por tanto, el segundo mes consecutivo de aceleración. Además, los precios de consumo aumentaron un 0,7% respecto a julio.
El INE señala directamente a los combustibles y lubricantes para vehículos personales, que este agosto suben cuando hace un año bajaron. Los alimentos y bebidas no alcohólicas también contribuyen al aumento de la tasa anual, aunque en menor medida, porque sus precios descienden menos que en agosto de 2025. Hay un matiz importante: la inflación subyacente baja una décima, hasta el 2,9%.
El 4,3% no significa que todo cueste un 4,3% más
Ese 4,3% compara el nivel general de precios de agosto de 2026 con el de agosto de 2025. No quiere decir que cada producto haya subido esa cantidad ni que el coste de la vida haya aumentado un 4,3% en un solo mes. De julio a agosto, el avance estimado del IPC es del 0,7%.
La diferencia importa para el bolsillo. Un hogar que use el coche a diario puede notar mucho más la subida que otro con poco gasto en combustible. Lo mismo ocurre con la cesta de la compra: el IPC es una media y el efecto real depende de qué productos se compren, con qué frecuencia y cuánto pesen en el presupuesto familiar.
También conviene mirar la inflación subyacente, que excluye los productos energéticos y los alimentos no elaborados. Que baje al 2,9% mientras el índice general salta al 4,3% refuerza la importancia que está teniendo la energía en este repunte y evita interpretar la subida como un encarecimiento igual de intenso en toda la cesta.
Los carburantes vuelven a ser el gasto más visible
La subida ya se ve en los surtidores. En la semana del 18 al 24 de agosto, la gasolina superaba de media los 1,72 euros por litro en España y el diésel rondaba los 1,86 euros. Desde finales de junio, el precio de la gasolina había aumentado un 19,9% y el del gasóleo un 23,8%, según los datos del boletín petrolero europeo recogidos por El País.
Llevado a un depósito de 50 litros, y tomando esas medias como referencia, la diferencia frente a finales de junio ronda los 14 euros en gasolina y se acerca a los 18 euros en diésel. Es un cálculo orientativo, no una factura idéntica para todos: el precio cambia según la estación de servicio, la zona, los descuentos y el combustible utilizado.
El efecto tampoco termina necesariamente en la gasolinera. Un combustible más caro puede elevar los costes de transporte y distribución de empresas y comercios, aunque eso no significa que todo el incremento vaya a trasladarse automáticamente al consumidor. Conviene separar, por tanto, el gasto que ya se está pagando al repostar de posibles efectos posteriores que todavía no pueden darse por hechos.

Qué conviene revisar ahora en el presupuesto familiar
El primer punto es el gasto real en movilidad. Más que quedarse con el 4,3% del titular, puede ser útil comparar cuánto se destinaba a carburante antes del verano y cuánto se está pagando ahora. En hogares que utilizan el coche para trabajar o desplazarse a diario, esa partida puede explicar una parte relevante del aumento mensual de gastos.
También merece atención la compra habitual, pero sin sacar conclusiones antes de tiempo. El avance del INE solo indica que los alimentos y bebidas no alcohólicas bajan menos que hace un año; el dato completo del IPC de agosto está previsto para el 15 de septiembre. Hasta entonces, el recibo del supermercado de cada hogar dice más sobre su caso concreto que una estimación general.
Y hay otro efecto menos visible: el poder adquisitivo del dinero ahorrado. Cuando los precios suben, mantener el ahorro sin remuneración implica perder capacidad de compra en términos reales. Revisar las condiciones de las cuentas remuneradas o de los depósitos a plazo fijo puede servir para entender qué rendimiento recibe ese dinero, siempre teniendo en cuenta plazos, límites, condiciones y fiscalidad. La clave no es reaccionar al dato de un solo mes, sino saber qué gastos están subiendo realmente en casa y si los ahorros están perdiendo terreno frente a la inflación.









