La compañía de recursos humanos UKG puso una cifra a una parte menos visible del Mundial: el tiempo de trabajo que se pierde cuando los empleados cambian turnos, llegan tarde, salen antes, piden días libres o siguen partidos durante la jornada. Según su investigación, el impacto global en ocho países podía alcanzar al menos 17.000 millones de dólares, con Estados Unidos concentrando 11.700 millones.
La clave para el lector está en el matiz. No se trata de dinero que salga directamente del bolsillo de cada trabajador, ni de una factura oficial de FIFA a las empresas. Es una estimación de productividad perdida elaborada por una empresa del sector laboral, con datos de encuesta, salarios y horas trabajadas. Sirve para medir el coste oculto de un gran evento, no para cerrar una cuenta exacta.
Una cifra llamativa, pero no un coste cerrado
UKG publicó el dato el 2 de junio de 2026, con una encuesta a 8.000 empleados en Australia, Canadá, Francia, Alemania, México, Países Bajos, Reino Unido y Estados Unidos. España no aparece en la muestra, por lo que la cifra no debe trasladarse sin más al mercado laboral español.
El cálculo incluye absentismo y presentismo. Es decir, no solo empleados que faltan al trabajo, sino también trabajadores presentes pero menos productivos. Según UKG, el 37% de los empleados encuestados a escala global planeaba ajustar su horario por el torneo y más de una cuarta parte podía llegar tarde, salir antes o faltar.
Para las empresas, el punto importante no está solo en el importe. Está en la planificación. Un Mundial de 39 días, con 104 partidos y 48 selecciones, multiplica las ventanas de distracción, cambios de turno y solicitudes de flexibilidad. FIFA presenta el torneo como la edición más grande de su historia, con 16 ciudades sede en Canadá, México y Estados Unidos.
Por qué importa también a España, aunque el dato sea de EE. UU.
Para un lector en España, la cifra de los 11.700 millones de dólares no significa que las empresas españolas hayan perdido esa cantidad. Ese dato corresponde a Estados Unidos y procede de una estimación de UKG. El interés está en otra parte: muestra cómo un evento global puede afectar a horarios, productividad, consumo y organización laboral.
En España, muchos partidos del Mundial 2026 han caído en franjas de tarde, noche o madrugada, según la ciudad sede. Eso reduce parte del choque directo con la jornada laboral tradicional, pero no elimina otros efectos: cansancio al día siguiente, cambios de turnos, consumo en bares, reuniones familiares, plataformas de televisión o peticiones de flexibilidad.
El ejemplo más claro está en las semifinales. FIFA situó los dos partidos de esa ronda el 14 y 15 de julio a las 15:00 en sus sedes estadounidenses, una franja pensada para audiencias internacionales pero incómoda para parte de la jornada laboral en Estados Unidos.

La letra pequeña está en cómo se calcula la productividad
Conviene mirar más allá de la cifra anunciada. UKG explica que sus estimaciones combinan respuestas de encuesta con datos salariales y horas trabajadas procedentes de informes oficiales de cada país. Además, todos los importes están expresados en dólares estadounidenses.
Eso importa porque la productividad perdida no se mide como una venta que deja de cobrarse al instante. Puede incluir horas menos eficaces, ausencias, retrasos, bajas no planificadas o equipos que tienen que cubrir huecos. En sectores con turnos, atención al cliente, logística, hostelería o comercio, esos cambios pueden notarse más que en oficinas con horarios flexibles.
También hay una lectura para el trabajador. UKG señalaba que uno de cada cinco empleados podría plantearse buscar otro empleo si su horario perjudicaba su experiencia del Mundial. No es un dato menor: el coste para la empresa no se limita al tiempo perdido durante un partido, sino que puede llegar a clima laboral, rotación y organización de equipos.
Lo que las empresas deberían aprender del Mundial
El Mundial 2026 confirma que los grandes eventos deportivos ya no son solo una cuestión de televisión o patrocinio. También afectan a cómo se trabaja. Para una empresa, ignorar el torneo puede salir caro si la plantilla termina gestionando el interés por su cuenta: streaming oculto, ausencias improvisadas o cambios de turno de última hora.
La alternativa no pasa por convertir cada partido en un día libre. Pasa por algo más práctico: anticipar los días de mayor interés, definir criterios claros, organizar turnos, evitar agravios entre empleados y separar flexibilidad razonable de pérdida real de servicio. La diferencia entre planificar y reaccionar tarde puede ser relevante.
Para el lector, la conclusión es sencilla. El Mundial también tiene una letra pequeña económica. En viajes se ve en vuelos, hoteles, divisas o entradas. En empresas aparece en productividad, horarios y personal. Y en ambos casos conviene no confundir una cifra llamativa con una verdad cerrada: los 11.700 millones son una estimación de UKG para EE. UU., útil para entender el problema, pero pendiente de contraste con datos reales posteriores al torneo.









