Los ETF activos ganan peso en las carteras españolas: el coste ya no lo explica todo

Los ETF activos están ganando espacio en las carteras españolas.
Los ETF activos están ganando espacio en las carteras españolas.

Qué cambia: los ETF activos dejan de ser una pieza de nicho

La novedad no es que existan ETF activos. La novedad es que empiezan a aparecer como una herramienta más dentro de la construcción de carteras. Schroders señala que más de nueve de cada diez inversores encuestados reconocen que estos productos tienen un papel que desempeñar en las carteras.

En España, el dato más llamativo es la diversificación. Algo más de dos tercios de los inversores españoles encuestados, el 68%, destacan los ETF activos como motor de diversificación, frente al 49% de los inversores globales. El coste sigue pesando: el 70% menciona sus menores costes frente a fondos de inversión activos. Pero no es el único argumento: también aparecen la liquidez en mercado secundario, la negociación intradía y la transparencia de la cartera.

Conviene poner el dato en su sitio. El estudio de Schroders no describe al pequeño ahorrador medio que compra un ETF desde una app, sino a inversores institucionales, gestores de patrimonios e intermediarios. Aun así, importa para el inversor particular porque estas tendencias suelen acabar influyendo en qué productos llegan a plataformas, carteras modelo y recomendaciones de asesores.

Por qué no basta con mirar el TER

El atractivo inicial de muchos ETF activos es sencillo de entender: ofrecen gestión activa con una estructura que puede ser más eficiente que la de un fondo tradicional. Pero un ETF activo no es un ETF indexado barato con otro nombre. La gestora toma decisiones de cartera y busca superar o gestionar de forma distinta un índice de referencia, sin que eso esté garantizado.

Para el inversor, esto cambia la forma de comparar. En un ETF pasivo amplio, como los que replican grandes índices globales, el coste y la fidelidad al índice pesan mucho. En un ETF activo hay que mirar también quién gestiona, qué proceso sigue, cuánto se aparta del mercado, qué riesgos asume y si el historial es suficiente para valorar la estrategia.

Por eso, antes de elegir entre productos, tiene sentido comparar primero la arquitectura básica de una cartera y después bajar al producto concreto. La guía de mejores ETFs puede servir como punto de partida para entender categorías, costes y exposiciones, pero en los ETF activos hay una capa adicional: evaluar si la gestión aporta algo real después de comisiones.

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Cómo puede afectar a una cartera en España

El punto importante para un inversor español no es si el ETF activo está de moda. Es si encaja en la cartera. Un producto de este tipo puede usarse como posición satélite, para cubrir una temática concreta o para entrar en segmentos donde la gestión pasiva tiene más limitaciones, como pequeñas y medianas compañías, emergentes, crédito o estrategias sectoriales.

También puede aparecer en renta fija. El estudio global de Schroders indica que uno de cada cuatro inversores usa ETF activos como asignación núcleo en renta variable y casi uno de cada cinco los emplea como núcleo en renta fija o crédito. Aquí el matiz es clave: un ETF de bonos no es un depósito. Puede diversificar, pero su precio se mueve con los tipos, la calidad crediticia, la duración y la liquidez del mercado.

Para quien invierte a largo plazo, la pregunta no debería ser “activo o pasivo” en abstracto, sino qué papel cumple cada pieza. Una cartera estructural puede apoyarse en productos amplios y baratos, mientras que un ETF activo puede tener sentido solo si aporta diversificación, control de riesgo o acceso a una zona menos eficiente. Quien esté construyendo una cartera estable puede revisar también los mejores ETFs para invertir a largo plazo antes de añadir posiciones más específicas.

Qué debe vigilar el inversor antes de usarlos

El primer filtro es la disponibilidad real. No todos los ETF que se comentan en mercados internacionales pueden comprarse de forma sencilla por un inversor minorista europeo. En España conviene comprobar si el producto es UCITS, en qué bolsa cotiza, en qué divisa se negocia y qué broker lo ofrece. Para esa parte operativa, comparar brokers para invertir en ETFs ayuda a revisar comisiones, mercados y costes de divisa.

El segundo filtro es la liquidez. Que un ETF cotice durante el día no significa que siempre sea barato entrar y salir. Hay que mirar el volumen, el diferencial entre compra y venta y, sobre todo, la liquidez de los activos que tiene dentro. En estrategias de crédito, emergentes o temáticas, el riesgo no desaparece: cambia de forma.

El tercero es fiscal. La CNMV recuerda que el diferimiento fiscal de los traspasos entre fondos de inversión no se aplica a los fondos cotizados ETF. Para un inversor español, esto significa que cambiar de un ETF a otro puede generar tributación si hay ganancias, algo que pesa especialmente en carteras que se rebalancean con frecuencia.

Los ETF activos ganan presencia porque combinan gestión profesional, negociación flexible y costes más contenidos que muchos fondos activos. Pero el filtro final sigue siendo el mismo de siempre: entender qué se compra, cuánto cuesta, qué riesgo añade y si mejora de verdad la cartera.

Esta noticia ha sido elaborada por Miguel Cano Jiménez.

Miguel Cano Jiménez

Miguel Cano Jiménez

Especialista

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Especialista en ETFs e inversión indexada a largo plazo.