El dato principal no es solo el tamaño del mercado. Es lo que dice sobre cómo está cambiando la economía cotidiana: más hogares compran equipos, más empresas necesitan climatizar locales, más instaladores trabajan en temporada alta y más familias miran la factura eléctrica antes de tocar el mando.
La cifra procede del Observatorio Sectorial DBK de INFORMA, que sitúa el mercado ibérico de equipos de aire acondicionado en 2.245 millones de euros en 2025. De ese total, 1.890 millones corresponden a España y 355 millones a Portugal. En el sector operaban 100 empresas en la península ibérica, 60 ubicadas en España y 40 en Portugal.
Conviene leerlo bien: hablamos de ingresos por comercialización de equipos, no de beneficio neto ni de todo el negocio asociado a instalación, mantenimiento, reparación o reformas. Facturar más no significa automáticamente ganar más. La clave está en los márgenes, los costes, la competencia y la capacidad de trasladar precios al cliente.
El calor convierte el confort en una decisión de bolsillo
El crecimiento del aire acondicionado tiene una explicación bastante sencilla: hace más calor, dura más y afecta más al día a día. Julio de 2026 fue extremadamente cálido en España, con una temperatura media en la España peninsular de 25,7 °C, 2,6 °C por encima del promedio 1991-2020, y empató con 2022 como el mes más cálido desde 1961.
Para el consumidor, esto cambia la forma de mirar el aire acondicionado. Ya no es solo “ponerlo en agosto”. Es decidir si compensa instalar un equipo, qué potencia elegir, cuánto puede subir el recibo de la luz y si merece la pena pagar más por eficiencia.
El IDAE recuerda que los edificios suponen el 30% del consumo total de energía en España y recomienda una temperatura de refrigeración de 26 °C o superior con ropa adecuada. También advierte de que una variación de 1 °C puede suponer alrededor de un 7% de ahorro en climatización. Esa diferencia se nota cuando el equipo funciona muchas horas durante varios días seguidos.
La parte práctica es clara: comprar el aparato más barato puede salir caro si consume más, está mal dimensionado o se instala sin criterio. Y usarlo a 20 o 21 grados no enfría antes la vivienda; el IDAE recuerda que bajar el termostato más de lo normal no acelera el enfriamiento y sí puede generar gasto innecesario.
Un mercado grande, concentrado y cada vez más sensible al precio
El segmento doméstico concentra más de la mitad de las ventas del mercado ibérico, mientras que el comercial reúne algo más de una cuarta parte y el resto corresponde a equipos industriales. Esto explica por qué el negocio toca a perfiles muy distintos: familias, comunidades de vecinos, comercios, oficinas, hoteles, industrias y centros logísticos.
La oferta, además, está concentrada. Según DBK, los cinco primeros operadores reunieron cerca del 50% de las ventas en España y Portugal en 2025, y los diez primeros superaron el 70% en el conjunto ibérico. En España, los diez mayores operadores concentraron el 67,1% del mercado.
Para el lector, esa concentración tiene dos lecturas. Por un lado, las grandes marcas tienen músculo para distribuir, financiar stock, invertir en tecnología y responder a picos de demanda. Por otro, cuando un mercado se concentra, conviene vigilar precios, disponibilidad, servicios posventa y dependencia de pocos proveedores.
También hay una señal industrial importante: las exportaciones españolas de equipos crecieron un 25,9% en 2025, pero la balanza comercial del sector siguió en negativo, con un déficit de 321 millones de euros en España. Es decir, España vende más fuera, pero todavía compra al exterior más de lo que exporta en este mercado.
Eso puede afectar al bolsillo de forma indirecta. Si suben los costes logísticos, cambian normativas, se encarecen componentes o hay tensión en la cadena de suministro, parte de esa presión puede acabar en el precio final del equipo o en los plazos de instalación.

Empleo, instaladores y pymes: la parte menos visible del negocio
El aire acondicionado no mueve solo fabricantes y distribuidores. También empuja una cadena de instaladores, mantenedores, almacenes, comercios, electricistas, empresas de reformas y pequeños negocios que viven de la demanda de climatización.
Ahí está una de las lecturas más importantes. El calor no solo crea ventas; crea carga de trabajo. Para un instalador autónomo, una campaña fuerte puede significar más ingresos, pero también más tensión de agenda, más necesidad de stock, más financiación de materiales y más riesgo de impagos si trabaja con clientes particulares o pequeños comercios. En ese contexto, comparar bien servicios bancarios para autónomos no es un detalle menor: afecta a cobros, pagos y liquidez.
Para una pyme instaladora ocurre algo parecido. Si la demanda se concentra en semanas de calor extremo, necesita comprar equipos antes de venderlos, contratar apoyo técnico, gestionar garantías y cobrar a tiempo. Por eso, revisar opciones de bancos para pequeñas empresas puede ser tan importante como vender más unidades.
El impacto laboral no se limita al sector de climatización. El calor extremo también cambia las obligaciones y decisiones de empresas de hostelería, comercio, industria, logística o servicios. El INSST advierte de que durante las olas de calor el peligro de accidentes laborales aumenta un 17,4% y que las temperaturas extremas provocan al menos el 4% de los accidentes de trabajo mortales en España, según datos analizados entre 2020 y 2022.
Eso convierte la climatización en un coste empresarial, pero también en una herramienta de seguridad, productividad y continuidad del negocio. Para un bar, una tienda, una oficina o un taller, no climatizar bien puede implicar menos clientes, peor rendimiento, más bajas, más riesgo laboral o incluso problemas para cumplir con condiciones adecuadas de trabajo.
Qué debe vigilar el consumidor antes de comprar
La demanda seguirá creciendo, al menos según las previsiones de DBK, que apuntan a una subida adicional de alrededor del 5% en el valor de las ventas del mercado ibérico en 2026. Esa previsión no es una garantía, pero sí muestra que el sector espera que el aire acondicionado siga ganando peso en hogares y empresas.
Para el consumidor, la pregunta útil no es si el negocio va bien. La pregunta es cuánto le cuesta vivir con más calor. Ahí entran tres partidas: el precio del equipo, la instalación y el uso diario. Dejar fuera cualquiera de las tres puede llevar a una mala decisión.
También conviene mirar más allá del aparato. Un equipo eficiente instalado en una vivienda mal aislada trabajará más horas de las necesarias. Un sistema potente mal dimensionado puede consumir más, generar incomodidad y no resolver bien la temperatura. Y un equipo sin mantenimiento pierde eficiencia justo cuando más falta hace.
El IDAE recomienda limpiar periódicamente los filtros del aire acondicionado y, si se renueva el equipo y se necesita refrigerar y calefactar la vivienda, valorar una bomba de calor con etiqueta energética A o superior. No es una recomendación comercial: es una forma de mirar el coste total, no solo el precio de compra.
La conclusión para el bolsillo es sencilla: el aire acondicionado ya no es un gasto menor de verano. Es una decisión de vivienda, consumo energético y salud económica familiar. Y para las empresas, es un mercado con ventas al alza, pero también con presión sobre precios, personal, mantenimiento y servicio al cliente.









