El interés por las finanzas crece en España, pero los asesores ven una carencia en las aulas

91,8% de asesores financieros percibe más interés de los españoles por las finanzas.
91,8% de asesores financieros percibe más interés de los españoles por las finanzas.

La VI edición de la encuesta sobre educación financiera de EFPA España, en la que han participado 553 profesionales certificados, deja una fotografía con dos caras. Por un lado, el interés crece. Por otro, ese interés no siempre se convierte en conocimientos suficientes para tomar mejores decisiones con el dinero. La nota media que los asesores otorgan al nivel financiero de los españoles es de 5,3 sobre 10, el primer aprobado desde que esta encuesta empezó a elaborarse en 2021.

Conviene no perder un matiz importante: se trata de la percepción de asesores financieros, no de un examen directo realizado a una muestra representativa de toda la población española. El dato sirve para detectar tendencias entre profesionales que tratan con clientes, pero no permite afirmar que todos los españoles sepan hoy más de finanzas.

Más interés no siempre significa más conocimiento

El dato más llamativo es ese 91,8% de asesores que percibe un aumento del interés por la economía y las finanzas. Sin embargo, el 37,4% cree que ese interés se activa sobre todo ante acontecimientos concretos, como un repunte de la inflación, una caída de los mercados o un episodio geopolítico. Es decir, muchas personas se acercan a las finanzas cuando algo ya ha afectado a su bolsillo o ha generado incertidumbre.

La encuesta también apunta a los jóvenes. Tres de cada diez asesores consideran que buena parte del mayor interés procede de las nuevas generaciones, pero más de la mitad advierte de que ese movimiento no se traduce necesariamente en más conocimiento. Un 17,8% incluso sostiene que el nivel medio de los jóvenes ha empeorado por una dependencia excesiva de redes sociales y otras fuentes poco fiables.

Para una familia, la diferencia entre curiosidad y educación financiera aparece en decisiones muy concretas: entender cuánto cuesta realmente una deuda, qué comisiones tiene un producto, qué riesgo se asume o cómo afecta la fiscalidad. No hace falta convertirse en experto, pero sí contar con una base suficiente para no decidir únicamente por un titular, una caída de mercado o un vídeo viral.

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El bolsillo se resiente cuando faltan conocimientos básicos

La fiscalidad aparece como la principal asignatura pendiente: el 56,6% de los asesores la señala entre los ámbitos peor conocidos por sus clientes. En cambio, las finanzas personales —presupuesto, jubilación o hipotecas— son uno de los terrenos que mejor dominan los particulares para el 33% de los encuestados, mientras que costes y comisiones alcanzan el 31%.

El problema no es académico. Según la encuesta, el 34,2% de los asesores vincula la falta de educación financiera con invertir en productos de riesgo sin comprenderlos bien; un 31,5% señala la desinformación y la posible manipulación, y un 20,7% menciona estafas y fraudes online. Casi dos de cada tres sitúan además entre los principales errores dejarse llevar por lo que circula en redes sociales o entre conocidos.

Ese criterio también sirve para cuestiones cotidianas. Antes de comparar unas cuentas de ahorro o estudiar alternativas como los ETF para invertir a largo plazo, lo importante es entender condiciones, costes, liquidez y riesgo. La educación financiera no decide por el lector; le ayuda a saber qué preguntas debe hacerse antes de poner dinero en juego.

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Casi el 95% pide más educación financiera en las aulas

El consenso más claro de la encuesta está en la enseñanza. El 94,7% de los asesores reclama incluir la educación financiera de forma estructural en las distintas etapas educativas, desde la escuela hasta la universidad. Además, un 37,8% pide impulsar iniciativas de la Administración junto con entidades del sector financiero.

La petición, sin embargo, no parte de cero. El currículo estatal de la LOMLOE ya incorpora educación financiera en distintos niveles. En Matemáticas de primero a tercero de ESO aparecen contenidos sobre decisiones de consumo; en cuarto de ESO, Economía y Emprendimiento incluye finanzas personales, ingresos, gastos, endeudamiento, riesgos y seguros; y en Bachillerato se trabajan ahorro, inversión, productos financieros y planificación de las finanzas personales.

A esto se suma que el Ministerio de Educación renovó en enero de 2026 su convenio con el Banco de España, la CNMV y el Ministerio de Economía para extender el Plan de Educación Financiera en el sistema educativo. El convenio está vigente hasta enero de 2030. Por tanto, el debate no es si las finanzas están completamente ausentes de las aulas, sino hasta qué punto la formación es continua, práctica y suficiente para llegar a todo el alumnado.

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Qué cambia realmente para las familias

Esta encuesta no crea una nueva asignatura obligatoria, una ayuda ni un derecho económico. Tampoco modifica de forma inmediata ninguna factura o producto financiero. Su utilidad está en señalar una brecha: hay más interés por el dinero, pero ese interés todavía puede llegar tarde o apoyarse en fuentes poco fiables.

Para el bolsillo familiar, la educación financiera se nota antes de firmar un préstamo, contratar un seguro, invertir, organizar un presupuesto o reaccionar ante un posible fraude. La clave no está en memorizar términos, sino en comprender qué coste, riesgo y consecuencia puede tener cada decisión. Y cuanto antes se aprenda esa lógica, menos dependerá el consumidor de la urgencia del momento.

Esta noticia ha sido elaborada por Álvaro Ortega López

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Álvaro Ortega López

Álvaro Ortega López

Especialista

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Especialista en fiscalidad, impuestos e inversiones en España.