La reflexión procede de una entrevista publicada por La Vanguardia. Torres sostiene que está demasiado extendida la idea de que los malos estudiantes terminan triunfando en tecnología o de que no hace falta formarse. Él contrapone su propia trayectoria: estudió Informática, amplió su preparación en Ciencias y Gestión, cursó un máster y continúa actualizándose.
No se trata de convertir su experiencia personal en una regla universal. Una nota académica no decide por sí sola el futuro profesional y un título tampoco asegura un buen sueldo. El punto útil es otro: confiar únicamente en el talento, en aprender sobre la marcha o en que la inteligencia artificial hará el trabajo puede dejar a un candidato con menos opciones.
El mito que Gonzalo Torres pone en duda
Torres dirige actualmente la operación ibérica de Wonderful, una empresa que desarrolla inteligencia artificial aplicada a procesos empresariales. La propia compañía lo identifica como general manager para Iberia, después de su etapa al frente de Shopify en España.
Su mensaje tiene un matiz importante. No defiende que la educación tradicional funcione siempre bien ni que acumular títulos sea la única vía. Considera que los perfiles más valiosos serán cada vez más híbridos: personas capaces de combinar tecnología con negocio, derecho, medicina, biología u otras especialidades.
Para un estudiante o una familia, esto cambia la pregunta. En vez de plantearse si estudiar sirve, conviene analizar qué conocimientos pide el mercado, qué parte puede demostrarse mediante proyectos reales y qué formación aporta una habilidad que una empresa esté dispuesta a pagar.
Por qué la formación puede afectar a tus ingresos
La Comisión Europea señala que España ha mejorado el número de especialistas en tecnologías de la información y la comunicación, aunque su peso sobre el empleo total sigue por debajo de la media de la Unión Europea. También recomienda aumentar esos perfiles.
Eurostat aporta otro dato que conviene leer con prudencia: en 2025, las personas con estudios superiores registraron la mayor proporción de competencias digitales básicas o avanzadas, un 82%. Es una relación estadística, no una garantía de contratación ni de salario, pero contradice la idea de que la preparación carece de valor en el entorno digital.
El impacto para el bolsillo aparece a medio plazo. Una formación bien elegida puede facilitar el acceso a entrevistas, permitir optar a puestos más técnicos o ayudar a cambiar de sector. Una mala elección, en cambio, puede dejar una deuda, meses sin ingresos o un certificado que apenas reconoce el mercado. Formarse puede ser una inversión, pero no cualquier curso merece ese nombre.

Formarse no significa pagar cualquier máster o curso
Ante un bootcamp, un máster o una certificación sobre inteligencia artificial, conviene revisar el temario, la experiencia real del profesorado, las prácticas y la tasa de inserción laboral, incluida la forma en que se ha calculado. También importan el precio total, la financiación, las penalizaciones y las condiciones de devolución.
No siempre hace falta comenzar por la opción más cara. Un proyecto propio, una certificación concreta, la formación profesional, la universidad, un curso público o la experiencia práctica pueden encajar mejor según el punto de partida. La clave está en saber qué competencia se quiere adquirir y cómo se demostrará después ante una empresa.
El gasto formativo también debe convivir con el presupuesto diario. Quien todavía estudia puede ordenar comisiones y pagos consultando las cuentas para estudiantes. Al empezar a trabajar, revisar los bancos para jóvenes puede ayudar a evitar costes innecesarios, sin confundir esa elección bancaria con la decisión profesional.
Qué conviene revisar antes de invertir dinero en tecnología
La afirmación de Torres no demuestra que los buenos estudiantes triunfen ni que los malos fracasen. Es una opinión profesional que cuestiona un cliché, no el resultado de un estudio académico sobre calificaciones, empleo o salarios.
Antes de matricularse, conviene comprobar ofertas de empleo reales y hablar con profesionales del área. Cuando numerosas vacantes repiten una habilidad, una herramienta o un nivel de inglés, esa información suele resultar más útil que una campaña publicitaria. También cuentan la capacidad para resolver problemas, comunicar resultados y entender el negocio.
La idea práctica es sencilla: no hace falta coleccionar títulos, pero sí demostrar un aprendizaje útil y actualizado. En tecnología, la diferencia para el bolsillo no suele estar en parecer brillante, sino en adquirir capacidades que permitan conseguir trabajo, conservarlo y adaptarse cuando cambien las tareas.









