La novedad no está en Cofrentes, sino en Almaraz. El Consejo de Seguridad Nuclear ha emitido un informe favorable, con condiciones, para renovar la autorización de explotación de la central extremeña. Ese informe se traslada ahora al Ministerio para la Transición Ecológica, que debe decidir si concede o no la prórroga solicitada.
Para la Comunitat Valenciana, el movimiento importa porque Cofrentes es la siguiente gran referencia del calendario nuclear. Su cierre está fijado para 2030, pero el precedente de Almaraz ha dado argumentos a quienes piden revisar ese calendario y también a quienes advierten de que retrasar cierres puede aplazar inversiones en alternativas.
Qué ha cambiado realmente con Almaraz
Almaraz no tiene todavía una prórroga definitiva. Lo que hay es un aval técnico del CSN, condicionado a límites de seguridad, gestión del combustible gastado, documentación de explotación y dotación suficiente de personal en puestos vinculados a la seguridad. La última palabra corresponde al Gobierno a través del Ministerio para la Transición Ecológica.
El matiz es importante. Un informe favorable del regulador no equivale a una autorización política y administrativa cerrada. La propia tramitación separa la evaluación de seguridad nuclear de la decisión final sobre la explotación. Para el lector, esto significa que el debate sigue abierto y que no hay todavía un cambio automático en el calendario de cierre nuclear español.
Almaraz tenía autorizada la explotación de su unidad I hasta el 1 de noviembre de 2027 y de su unidad II hasta el 31 de octubre de 2028. La solicitud analizada por el CSN busca permitir la operación de ambas unidades hasta el 8 de junio de 2030, lo que acercaría su horizonte al de Cofrentes.
Por qué Valencia mira ahora a Cofrentes
Cofrentes está en el municipio valenciano del mismo nombre, junto al río Júcar, y tiene concedida la renovación de su autorización de explotación hasta el 30 de noviembre de 2030. El BOE y el Ministerio fijaron esa fecha como cese definitivo de explotación dentro del calendario de cierre ordenado de las centrales nucleares.
La central no es una instalación menor para la región. Según los datos publicados por la propia central con base en información provisional de Red Eléctrica, en 2025 produjo 7.434 GWh, alrededor del 2,9% de la producción eléctrica peninsular, y cubrió aproximadamente una parte muy relevante de la energía generada en la Comunitat Valenciana.
Ahí aparece el impacto práctico. Si Cofrentes cerrara en 2030 sin suficiente sustitución renovable, almacenamiento, redes o generación de respaldo, la discusión podría trasladarse a costes de suministro, competitividad industrial y dependencia energética exterior. Eso no significa que mantener abierta una nuclear abarate automáticamente la factura doméstica: el precio final de la luz depende de muchos factores. Pero sí explica por qué empresas, industria y administraciones miran esta decisión con atención.

El debate ya no es solo nuclear: también es de bolsillo, empleo e inversión
La Generalitat Valenciana y representantes empresariales han utilizado el aval técnico a Almaraz para reclamar que se reabra la reflexión sobre Cofrentes. El presidente de Cámara Valencia, José Vicente Morata, ha defendido que la decisión del CSN “refuerza” la necesidad de replantear el calendario de cierre, mientras que desde el Consell se subraya el peso de Cofrentes en la generación eléctrica regional.
Para las empresas intensivas en electricidad, el asunto no es ideológico en abstracto: es coste, estabilidad del suministro y capacidad de atraer inversión industrial. Para los hogares, el efecto es menos directo, pero no irrelevante. Una transición mal acompasada puede presionar el sistema; una bien planificada puede reducir dependencia y acelerar renovables. En Finantres, este debate también conecta con cómo los inversores siguen los sectores ligados a la energía nuclear y a la energía renovable, aunque una noticia regulatoria concreta nunca debe leerse como recomendación de inversión.
La posición contraria también se ha reforzado. Plataformas como Tanquem Cofrents ven en la posible prórroga de Almaraz una maniobra para hacer coincidir varios cierres en 2030 y usar después ese embudo como argumento para nuevas extensiones. Su advertencia apunta a otro coste: aplazar decisiones sobre residuos, desmantelamiento y sustitución energética.
Qué debe vigilar ahora el lector valenciano
La primera fecha a vigilar no es la de Cofrentes, sino la resolución del Gobierno sobre Almaraz. Si el Ministerio autoriza la prórroga, los defensores de alargar Cofrentes tendrán un precedente político y técnico más fuerte. Si la rechaza, el calendario nuclear actual saldrá reforzado.
La segunda clave es si Iberdrola, titular de Cofrentes, solicita más adelante una nueva extensión más allá de 2030 y con qué condiciones. Cualquier prórroga exigiría tramitación, evaluación de seguridad y decisión administrativa. No basta con que una administración autonómica o una organización empresarial lo pida.
La tercera es la más cercana al bolsillo: qué ritmo alcanzan las renovables, las redes, el almacenamiento y la electrificación industrial en la Comunitat Valenciana antes de 2030. El cierre o la continuidad de Cofrentes importa, pero el precio real de la transición dependerá de si el sistema llega preparado a esa fecha.








