La iniciativa cuenta con un presupuesto de 596.450,20 euros y está desarrollada por La Unió Llauradora i Ramadera, Agrobelga, AIMPLAS y la Fundación Cesefor. La financiación procede del Fondo Europeo Agrario de Desarrollo Rural y del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. La ayuda concedida alcanza los 593.518,08 euros, cofinanciados en un 80% por el FEADER y en un 20% por la Administración General del Estado.
La consecuencia práctica para los hogares, sin embargo, todavía no será inmediata. El material se encuentra en fase de desarrollo e investigación, no de instalación generalizada en viviendas. El proyecto debe demostrar que puede recogerse la paja de forma estable, transformarla industrialmente y fabricar con ella soluciones que cumplan las exigencias técnicas y de seguridad de la construcción.
Del arrozal a las paredes de los edificios
El objetivo de STRAWMAT es crear una cadena completa que empiece en el campo y termine en un sistema constructivo. La paja de arroz se combinará con polímeros termoplásticos y productos derivados de la madera para desarrollar materiales destinados a construcciones agrícolas y ganaderas, edificios nuevos y actuaciones de rehabilitación energética.
El proyecto no consiste simplemente en rellenar una pared con paja. Los investigadores buscan fabricar un producto industrializado que aproveche sus propiedades aislantes y su contenido en sílice y lignina, relacionado con su resistencia al fuego, y que pueda integrarse en sistemas constructivos de madera.
Este matiz es importante. Todavía no se ha acreditado públicamente cuánto podría reducir la temperatura interior de una vivienda, cuánto costaría instalar el material o cuánto ahorraría una familia en aire acondicionado. Esas cifras dependerán de los ensayos, de la composición final y del tipo de edificio en el que se utilice.
Lo que sí persigue el proyecto es reducir las necesidades de climatización mediante un mejor aislamiento. Una vivienda que conserva durante más tiempo el frío en verano y el calor en invierno necesita menos energía para mantener una temperatura confortable. El efecto sobre el bolsillo dependerá del rendimiento certificado del producto, su precio y el coste de colocación.
Para entender por qué el aislamiento condiciona tanto el consumo doméstico, puede consultarse esta guía de Finantres sobre cómo ahorrar dinero en casa mediante mejoras de eficiencia energética.
Una salida económica para la paja de l’Albufera
La iniciativa también intenta resolver un problema recurrente para los arroceros. Después de la cosecha, la paja suele gestionarse mediante su incorporación al terreno —el denominado fangueo—, la quema controlada o la retirada.
Ninguna opción resulta sencilla en todos los casos. En l’Albufera, los campos pueden permanecer inundados después de la siega, lo que complica la entrada de maquinaria y la retirada del material. STRAWMAT trabaja por ello en un sistema capaz de recoger la paja incluso cuando conserva humedad, envasarla al vacío y secarla posteriormente en condiciones más adecuadas.
La Unió se encarga de adaptar y probar la maquinaria de recogida y de estudiar un modelo de negocio que permita a los agricultores comercializar tanto el sistema como la paja recuperada. AIMPLAS desarrolla los nuevos materiales ignífugos, mientras Cesefor trabaja en su incorporación a sistemas constructivos de madera.
Si el proceso llega al mercado, el agricultor podría obtener ingresos por un material que actualmente supone un coste o una dificultad de gestión. Además, se abriría actividad económica alrededor de la recogida, el transporte, el acondicionamiento, la fabricación de paneles y su instalación en edificios.
El proyecto no ha publicado todavía cuánto cobrarían los arroceros por tonelada, cuántos empleos podría generar ni qué volumen de paja necesitaría la industria. Esos datos siguen pendientes del modelo de negocio y de la capacidad real de producción.

Menos dependencia de aislantes derivados del petróleo
Los socios presentan el futuro material como una posible alternativa a aislantes convencionales de origen fósil, entre ellos determinadas espumas de poliestireno o poliuretano. La diferencia estaría en utilizar un subproducto agrícola renovable y disponible cerca de la zona de producción.
El interés económico no se limita al precio del material. La proximidad entre los arrozales, el centro tecnológico y los posibles fabricantes podría reducir parte de los desplazamientos y crear una cadena de suministro local. Pero esa ventaja dependerá de que la recogida y el acondicionamiento de la paja húmeda no resulten más caros que las materias primas tradicionales.
También será necesario comprobar la resistencia frente a la humedad, el envejecimiento, el fuego y las variaciones de temperatura. Antes de emplearse de forma generalizada, cualquier solución deberá superar las pruebas técnicas y cumplir el Código Técnico de la Edificación y el resto de normativa aplicable.
Por tanto, no puede afirmarse todavía que la paja de arroz vaya a sustituir a los aislantes actuales ni que resulte más barata. El proyecto busca demostrar que la alternativa puede ser funcional, competitiva y fabricable a escala industrial.
Valencia ya había probado la paja en vivienda pública
La utilización de este residuo en construcción no parte completamente de cero. En septiembre de 2022, el Ayuntamiento de València y la entonces Conselleria de Vivienda y Arquitectura Bioclimática firmaron un convenio para favorecer su uso como material de bioconstrucción.
El acuerdo contemplaba la recogida, el transporte y el almacenamiento de paja destinada a un proyecto piloto de vivienda pública en València. El convenio tenía una duración inicial de cuatro años, prorrogable, y no generaba obligaciones económicas directas para las administraciones firmantes.
GO STRAWMAT da un paso distinto: pretende convertir la paja en un material industrializado, ignífugo y aislante que pueda aplicarse tanto en edificios nuevos como en rehabilitaciones.
La rehabilitación puede ser especialmente relevante en bloques antiguos, donde mejorar fachadas, cubiertas y cerramientos reduce la entrada de calor durante los episodios extremos. Estas actuaciones pueden complementarse con tecnologías de climatización eficiente como las explicadas en la guía de Finantres sobre cómo ahorrar con una bomba de calor.

Cuándo podría llegar a las viviendas
Por ahora no existe una fecha oficial para su comercialización o instalación generalizada. Tampoco se ha anunciado una fábrica, una licitación de obras o una promoción concreta que vaya a utilizar el material desarrollado por STRAWMAT.
La fase actual debe resolver tres incógnitas principales: si la recogida puede garantizar suficiente materia prima, si el material supera las pruebas técnicas y si el coste resulta competitivo frente a los aislantes disponibles.
Para los hogares valencianos, la oportunidad está en disponer en el futuro de otro material para rehabilitar edificios frente al calor. Para los agricultores, en convertir un residuo problemático en una posible fuente de ingresos. Y para las empresas locales, en participar en una nueva cadena vinculada a la recogida, la fabricación y la construcción sostenible.
El avance es prometedor, pero conviene mantener la prudencia: Valencia todavía no está aislando de forma generalizada sus edificios con paja de arroz. Está desarrollando y probando el sistema que podría hacerlo posible.








