AWS crece un 39%, pero Amazon cae: qué implica para los ETF del Nasdaq

Amazon ha comunicado que AWS facturó un 39% más en el tercer trimestre de 2026, pero sus acciones retrocedieron tras los resultados. La reacción apunta a una preocupación que también afecta a quienes invierten mediante ETF del Nasdaq: cuánto cuesta financiar la inteligencia artificial.

Amazon ha comunicado que AWS facturó un 39% más en el tercer trimestre de 2026.
Amazon ha comunicado que AWS facturó un 39% más en el tercer trimestre de 2026.

AWS acelera, pero la bolsa mira más allá del crecimiento

Amazon presentó el 29 de octubre las cifras del trimestre cerrado en septiembre. Amazon Web Services (AWS), su negocio de computación en la nube, elevó las ventas un 39,3% interanual, hasta unos 46.000 millones de dólares, frente al crecimiento del 37% registrado en el trimestre anterior. Su beneficio operativo alcanzó los 17.800 millones. Son cifras sólidas para la división que sostiene buena parte de la rentabilidad del grupo.

Tampoco puede hablarse de un desplome de los resultados de Amazon. La facturación total subió un 12%, hasta 201.900 millones de dólares, mientras el beneficio operativo del grupo alcanzó 28.100 millones, con un margen récord del 13,9%. El contraste está en que vender más y ganar más no siempre basta para satisfacer las expectativas de la bolsa.

Tras publicar las cuentas, la acción llegó a ceder alrededor de un 7% en la negociación fuera de horario del 29 de octubre. Ese movimiento no equivale al cierre oficial de la sesión siguiente. A la inquietud por las inversiones en IA se sumaron unas previsiones de ventas para el cuarto trimestre de entre 240.000 y 247.000 millones de dólares, cuyo punto medio quedó ligeramente por debajo de lo esperado por el mercado.

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La factura de la IA se ve en la caja, no solo en los beneficios

El dato más delicado aparece en el flujo de caja libre: el efectivo que queda después de atender las inversiones en activos y equipamiento. En los doce meses terminados en septiembre, Amazon registró un flujo de caja libre negativo de 42.400 millones de dólares, frente a los 14.800 millones positivos del mismo periodo anterior. No es una pérdida contable: refleja una inversión que absorbe más efectivo del que generan las operaciones.

Amazon explicó que el deterioro responde principalmente al aumento de las compras de instalaciones y equipos, impulsadas por la inteligencia artificial. La compañía mantiene su previsión de invertir unos 220.000 millones de dólares en capital durante 2026. Esa cifra incluye diferentes necesidades de infraestructura; no debe interpretarse como una factura destinada íntegramente a IA ni confundirse con el flujo de caja libre de los últimos doce meses.

Los centros de datos pueden generar ingresos durante años, pero la inversión llega antes que buena parte de ese retorno. Si el mercado duda del plazo necesario para recuperarla, puede revisar a la baja cuánto está dispuesto a pagar por la acción. No es un nuevo coste que cobre el ETF: es un riesgo de valoración de las empresas que posee. El TER del fondo no aumenta porque Amazon gaste más.

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Qué ETF soporta realmente la caída de Amazon

Amazon forma parte del Nasdaq-100, el índice de grandes compañías no financieras cotizadas en el mercado Nasdaq. Por eso, quienes tengan un ETF UCITS que lo replique están expuestos a sus movimientos. Ahora bien, el fondo no cae lo mismo que Amazon: su resultado depende del peso de la compañía en el índice y de la evolución simultánea del resto de posiciones.

Pongamos un ejemplo puramente ilustrativo: si Amazon representase el 4% de un ETF y sus acciones bajasen un 7%, su contribución directa sería de unos 0,28 puntos porcentuales negativos, suponiendo que las demás posiciones no cambian. Es una forma útil de entender la concentración al revisar los ETF vinculados a los siete magníficos, que comparten buena parte de los riesgos de las grandes empresas estadounidenses.

Hay un matiz que suele pasar desapercibido: un ETF del Nasdaq-100 no equivale a un ETF tecnológico puro. Amazon está clasificada en consumo discrecional, no en tecnología de la información, según la clasificación sectorial GICS. Por eso, algunos fondos sectoriales no la incluyen. Antes de comparar ETF del sector tecnológico, conviene consultar el índice y las principales posiciones.

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Qué debe revisar un inversor español antes de cambiar la cartera

El primer paso es conocer la exposición real, no reaccionar únicamente a la cotización de Amazon. Quien tenga un Nasdaq-100 junto con un S&P 500 o un MSCI World puede estar acumulando posiciones en las mismas grandes compañías. Eso no convierte automáticamente la cartera en incorrecta, pero sí aumenta su sensibilidad a una misma historia: la expansión de la IA, las valoraciones elevadas y el gasto en infraestructura.

También hay que revisar el TER anual, las comisiones del bróker, la diferencia entre precios de compra y venta y la liquidez. Importan el índice, la réplica y la exposición al dólar: cotizar en euros no implica cubrir el riesgo de divisa. Como referencia de una cesta más amplia pueden compararse ETF sobre el MSCI World, aunque tampoco eliminan el peso de las grandes compañías estadounidenses.

En España hay otro detalle: los cambios entre ETF no disfrutan, como regla general, del diferimiento fiscal de ciertos traspasos entre fondos de inversión. Vender puede hacer aflorar plusvalías. Para una cartera de largo plazo, antes de actuar por una sesión conviene revisar exposición, costes y horizonte. La cuestión será si las inversiones en IA terminan generando suficiente caja para justificar su coste.

Esta noticia ha sido elaborada por Miguel Cano Jiménez.

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Miguel Cano Jiménez

Miguel Cano Jiménez

Especialista

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Especialista en ETFs e inversión indexada a largo plazo.