Los chips lideran las pérdidas mientras el mercado cuestiona el gasto en IA
La sesión del jueves 22 de octubre de 2026 dejó una diferencia importante entre índices. El Nasdaq Composite cerró en 26.008,86 puntos, con una caída del 2,6%, mientras el Nasdaq-100 perdió un 2,9%. El índice de semiconductores de Filadelfia retrocedió alrededor de un 6,7%. Son referencias distintas: no conviene atribuir automáticamente el mismo descenso a cualquier ETF que lleve «Nasdaq» en su nombre.
Las dudas se centraron en el coste de financiar la expansión de la inteligencia artificial y en cuándo llegará el retorno de esas inversiones. Meta había situado el 21 de octubre su inversión prevista para 2026 entre 135.000 y 145.000 millones de dólares, incluyendo IA y otras áreas del negocio. Sus acciones cedieron cerca de un 7% al día siguiente; Nvidia perdió un 4,4% y Lam Research, proveedor de equipos para chips, un 11,8%.
El S&P 500 bajó un 1,2%, pero el Dow Jones terminó prácticamente plano. De hecho, aproximadamente dos de cada tres compañías del S&P 500 subieron durante la jornada. Ese contraste importa a quienes utilizan ETF ligados al S&P 500 en su cartera: unas pocas empresas muy grandes pueden arrastrar un índice aunque la mayoría avance. No fue una caída uniforme de toda la bolsa estadounidense.
Tener cien o quinientas acciones no garantiza repartir bien el riesgo
Muchos ETF siguen índices ponderados por capitalización: cuanto más vale una empresa en bolsa, mayor suele ser su peso. Así, un fondo puede tener decenas o cientos de posiciones y depender especialmente de un grupo reducido de tecnológicas. Diversificar el número de compañías no es lo mismo que diversificar las fuentes de riesgo.
El iShares Nasdaq 100 UCITS ETF, de BlackRock (ISIN IE00B53SZB19), es un ejemplo concreto. Su cartera tenía un 57,25% en tecnología de la información a 20 de octubre, según el desglose de la gestora. Replica físicamente el Nasdaq-100, acumula dividendos y tiene un TER del 0,30% anual. Ese coste recurrente no ofrece protección frente a una caída del sector.
La tecnología también pesa en fondos más amplios. En el iShares Core S&P 500 UCITS ETF representaba el 37,77% a 16 de octubre; en el iShares Core MSCI World UCITS ETF era el 30,47% a 21 de octubre. Quien compare ETF que siguen el MSCI World debe recordar que los pesos cambian y que la IA alcanza otros sectores: Meta y Alphabet están clasificadas en comunicación.
El solapamiento que puede pasar desapercibido al combinar ETF
La pregunta práctica no es cuántos ETF aparecen en la cuenta, sino qué acciones hay debajo de cada uno. Quien combina Nasdaq-100, S&P 500 y MSCI World puede encontrarse tres veces con Nvidia, Apple, Microsoft o Alphabet. Son vehículos distintos, pero muchas de sus mayores posiciones coinciden. Una corrección tecnológica puede afectar a los tres al mismo tiempo.
Un ETF mundial puede ser el núcleo de una cartera y otro del Nasdaq-100 un complemento. Pero ese segundo fondo no necesariamente incorpora empresas nuevas: muchas veces refuerza el peso de las mismas líderes estadounidenses. Esto no convierte la combinación en un error automático. Significa que el inversor debe reconocer cuánta exposición adicional está aceptando a una misma tendencia.
Los ETF de chips concentran aún más el riesgo. Aunque repartan el dinero entre fabricantes, diseñadores y proveedores de equipos, dependen del ciclo de los semiconductores y del gasto tecnológico. La comparativa de ETF de semiconductores ayuda a revisar índice, peso de las mayores posiciones, costes y liquidez. Un producto sectorial no sustituye, por sí solo, a una cartera de renta variable global.
Qué debería mirar ahora un inversor en España
Antes de cambiar la cartera por una sesión negativa, conviene revisar el peso agregado de la tecnología, las diez primeras posiciones de cada ETF y las compañías repetidas. También hay que distinguir una exposición estructural, pensada para años, de una apuesta temática añadida por el auge de la IA. Esta última puede amplificar las oscilaciones sin aportar tanta diversificación como parece.
Hay más filtros. Un ETF contratado en euros puede seguir expuesto al dólar si invierte en acciones estadounidenses y no cubre la divisa. Hay que comprobar la clase concreta, el índice, el TER, los costes del bróker y la diferencia entre los precios de compra y venta en bolsa. Ni una comisión baja ni la etiqueta UCITS garantizan que el valor no caiga.
En España, vender un ETF para comprar otro normalmente no permite aplazar la tributación de las plusvalías como un traspaso entre fondos. Existen excepciones transitorias para determinadas posiciones adquiridas antes de 2022, por lo que conviene comprobar cada caso. La caída del Nasdaq no exige reaccionar de inmediato; sí justifica saber cuánto pesa de verdad la misma apuesta tecnológica en toda la cartera.










