Qué ha cambiado en Sallent
Sallent ha empezado a ordenar el debate sobre el futuro de sus áreas afectadas por la actividad minera. El Ayuntamiento presentó en mayo de 2025 la Comissió de la Mineria, un espacio participativo para definir y acordar proyectos de recuperación de las zonas degradadas por décadas de explotación minera.
Ese contexto es el que da sentido al Itinerari de la sal. No se trata de una ruta más para senderistas, sino de una forma de poner en uso espacios que hoy siguen teniendo una carga ambiental, urbanística y económica. La minería de potasa marcó durante un siglo el municipio, y la última extracción en Sallent cesó en 2020, según la información publicada por Canal Taronja.
La diferencia importa para los vecinos. Un suelo degradado no solo afea el paisaje: limita usos, condiciona inversiones, reduce atractivo turístico y puede dejar al municipio dependiendo de decisiones de administraciones o empresas que no siempre tienen los mismos plazos que la gente que vive allí.
Una ruta puede atraer visitantes, pero no sustituye la restauración
El Itinerari de la sal puede ayudar a cambiar la percepción de Sallent. Convertir el patrimonio minero en un recorrido interpretativo permite contar la historia del territorio, atraer visitantes y generar algo de movimiento para bares, comercios, guías, alojamientos y pequeños negocios.
Pero conviene no confundir puesta en valor con reparación completa.
Sallent ya forma parte del mapa del Geoparc Mundial UNESCO de la Catalunya Central. El municipio cuenta con un centro de interpretación del Geoparque, situado en el antiguo CAT de Sallent y abierto desde 2022, que funciona como puerta de entrada para explicar la riqueza geológica del territorio.
Esa base turística es importante. Si la ruta se integra bien con el Geoparc, las rutas autoguiadas y la oferta local, puede aumentar el tiempo de estancia de los visitantes. Para el comercio de proximidad, ese matiz es clave: no es lo mismo que alguien pase por Sallent en coche que conseguir que camine, coma, compre o contrate una visita.
También hay una lectura para autónomos y pequeñas empresas. Un proyecto así puede abrir oportunidades modestas pero reales en guías locales, restauración, actividades educativas, mantenimiento, señalización o servicios turísticos. Para negocios pequeños, ordenar bien la parte financiera importa tanto como captar clientes; por eso puede ser útil revisar opciones pensadas para autónomos o pequeñas empresas cuando una zona empieza a recibir nueva actividad.

El punto delicado: quién paga, quién mantiene y quién responde
La gran pregunta no es solo si el Itinerari de la sal será atractivo. La pregunta útil es quién financia, quién mantiene y quién asume responsabilidades sobre espacios con titularidades distintas.
Canal Taronja detalló que entre los ámbitos citados en la recuperación minera aparecen la Botjosa, de propiedad estatal; el barrio de la Estación, vinculado a la Generalitat a través de Incasòl; y el runam salino y las infraestructuras de la fábrica, que son de ICL.
Eso complica cualquier transformación. Cuando un proyecto depende de suelos municipales, autonómicos, estatales y privados, el calendario puede alargarse. Y para el vecino, el calendario es dinero: cuanto más tarde se actúa, más tiempo permanecen sin resolver los costes visuales, ambientales y económicos de esos espacios.
ICL Iberia, propietaria de ICL Iberia Súria&Sallent, es la heredera empresarial de una parte relevante de esa historia minera. La compañía explica que ICL Iberia Súria&Sallent, antes Iberpotash, está vinculada a las minas de sal y potasa catalanas en el Bages y que exporta más del 80% de su producto.
La propia empresa señala que Vilafruns dejó de producir sal y potasa y que la producción se trasladó a Súria. También indica que en Sallent está en funcionamiento una planta de purificación de sal y que el futuro del área pasa por nuevas actividades industriales y por la restauración de la montaña del Cogulló.
Ahí está la letra pequeña. Una ruta puede mejorar el uso social del entorno, pero no debe servir para tapar lo pendiente: restauración, control ambiental, mantenimiento, seguridad, permisos y financiación suficiente.
Qué puede significar para empleo, vivienda y economía local
Sallent tenía 7.043 habitantes en 2025, según Idescat. Es un municipio lo bastante pequeño como para que una actuación local se note, pero no tan pequeño como para que una ruta turística cambie por sí sola toda su economía.
El impacto más probable, si el proyecto se ejecuta bien, estará en tres capas.
La primera es reputacional. Sallent puede pasar de aparecer asociado solo a residuos salinos y conflicto ambiental a explicar su pasado minero con una lectura educativa, geológica y turística. Eso no borra el problema, pero cambia parte del relato económico del municipio.
La segunda es de actividad local. Más visitantes pueden significar más consumo en restauración, comercios, alojamientos y servicios. No hablamos de un salto automático de empleo, sino de una oportunidad para negocios que ya existen o para pequeñas iniciativas vinculadas a visitas, rutas y patrimonio.
La tercera es urbanística. Recuperar espacios degradados puede mejorar la calidad del entorno y, con el tiempo, influir en el atractivo residencial. Aquí hay que ser prudentes: sin datos de inversión, fases, accesibilidad y mantenimiento, no se puede afirmar que vaya a cambiar el mercado de vivienda ni los precios.
El riesgo es prometer más de lo que el proyecto puede sostener. Una ruta mal señalizada, sin mantenimiento o sin conexión con la oferta turística real se queda en un cartel. Una ruta bien integrada puede ser otra cosa: una herramienta para mover visitantes, ordenar memoria minera y generar pequeñas oportunidades económicas.

El reto: transformar sin maquillar
Sallent tiene un activo difícil: un paisaje industrial marcado por la sal. Convertirlo en itinerario puede ser inteligente si se hace con transparencia, presupuesto claro y responsabilidades definidas.
La actividad minera dejó empleo, industria y también costes. La recuperación debe explicar las dos cosas. Ni propaganda empresarial ni relato de ruina permanente.
Para el lector, la clave es sencilla: el Itinerari de la sal solo será una buena noticia económica si ayuda a recuperar suelo, atraer actividad, mejorar el entorno y abrir oportunidades locales sin esconder lo que sigue pendiente.









