Qué ha dicho Pascual Ariño y por qué la frase ha corrido tanto
El debate nace de unas declaraciones atribuidas a Pascual Ariño, inversor inmobiliario, en las que critica que a una persona autónoma que facture 1.000 o 1.500 euros se le aplique el 21% de IVA y, además, tenga que afrontar IRPF, cuota de autónomos y gastos de asesoría. Mundo Deportivo recoge también la réplica del economista Gonzalo Bernardos, que le corrige con una idea clave: el autónomo no “paga” el 21% de IVA en el mismo sentido en que paga IRPF o cotizaciones.
Ese matiz es importante porque cambia la lectura para el bolsillo. En España, el tipo general del IVA es el 21%, con tipos reducidos del 10% y del 4%, además de un 0% para determinadas operaciones. Lo confirma la Agencia Tributaria.
Pero el IVA funciona como un impuesto indirecto. El autónomo lo repercute al cliente en la factura y después lo liquida con Hacienda, compensando, cuando proceda, el IVA soportado en gastos relacionados con su actividad. La Agencia Tributaria permite deducir cuotas de IVA soportadas por bienes y servicios afectos a la actividad empresarial o profesional.
La clave está aquí: aunque el IVA no sea un coste definitivo en todos los casos, sí puede ser un problema de precio, tesorería y gestión. Si un profesional cobra a particulares, añadir el 21% puede encarecer el servicio frente a quien opera en economía sumergida o frente a competidores con otra estructura. Si cobra tarde, puede sufrir tensión de caja. Y si tiene pocos gastos deducibles, apenas puede compensar IVA soportado.
Murcia: más de 107.000 autónomos expuestos a la misma presión de costes
La Región de Murcia no tiene un IVA propio ni una regla distinta para sus autónomos. La carga viene del sistema estatal. Aun así, el debate tiene lectura local porque el colectivo es grande: el RETA alcanzó en mayo de 2026 los 107.194 afiliados en la Región, según datos difundidos por UPTA y recogidos por Murcia.com.
El dato importa porque no hablamos solo de profesionales digitales o inversores inmobiliarios. En Murcia hay autónomos en comercio, construcción, hostelería, agricultura, transporte, industria, servicios profesionales y actividades sanitarias. En muchos de esos negocios, el margen no se decide en una hoja de cálculo, sino en si el cliente acepta una subida, si el proveedor encarece materiales o si la temporada turística responde.
Para un pequeño negocio murciano, el problema no es solo “el 21%”. Es la suma de obligaciones. IVA trimestral, pagos a cuenta de IRPF, cuota a la Seguridad Social, gestoría, comisiones bancarias, TPV, alquiler, suministros y retrasos de cobro. Por eso conviene revisar tanto la fiscalidad como los costes operativos. Un autónomo puede ahorrar tiempo y dinero comparando bancos para autónomos, pero eso no sustituye una buena planificación fiscal.
El IVA, además, afecta distinto según el cliente. Si el autónomo factura a empresas, el cliente suele poder deducirse el IVA y la fricción es menor. Si factura a familias o consumidores finales, el precio final pesa más. Una reparación, una reforma, una clase privada, un servicio profesional o una factura de hostelería no se perciben igual cuando el comprador no puede recuperar ese impuesto.

El error de mirar solo el IVA: cuota, IRPF y tesorería también pesan
La crítica de Ariño conecta con una sensación extendida: facturar no significa ganar. Y en autónomos, menos aún. De cada factura hay que separar impuestos, cotizaciones, costes, imprevistos y ahorro para meses flojos.
En 2026, la Seguridad Social mantiene el sistema de cotización de autónomos por rendimientos netos. La base de cotización se elige dentro del tramo que corresponda a los rendimientos previstos, y la propia Seguridad Social recuerda que, si los ingresos finales son menores o mayores de lo previsto, puede haber devolución o regularización.
Esto obliga a gestionar con más cuidado. No basta con mirar la facturación mensual. El autónomo necesita saber cuánto queda después de gastos deducibles, qué IVA debe reservar, qué IRPF tendrá que anticipar y qué cuota le corresponde. Una mala previsión puede acabar en una sorpresa meses después.
También hay costes pequeños que, sumados, pesan. El TPV, por ejemplo, parece un detalle, pero en comercios, hostelería o servicios presenciales puede comerse parte del margen. Por eso tiene sentido comparar TPV para pequeños negocios si el volumen de pagos con tarjeta es relevante.
La financiación es otro punto delicado. Cuando un autónomo adelanta pagos, cobra tarde o tiene que comprar stock, la presión fiscal se mezcla con la presión de caja. En ese caso, mirar financiación para empresas puede ayudar a comparar opciones, siempre con prudencia: financiar impuestos o gastos recurrentes no debería convertirse en una solución permanente si el negocio no genera margen suficiente.
La franquicia del IVA: el debate que puede cambiar la carga administrativa
El fondo del debate no es solo si el tipo general es del 21%. Es si todos los pequeños autónomos deben gestionar el IVA de la misma manera. La Directiva (UE) 2020/285 permite a los Estados miembros conceder una franquicia del impuesto a pequeñas empresas con volumen de negocio anual por debajo de un umbral nacional que no puede superar los 85.000 euros. También fija condiciones para operaciones transfronterizas dentro de la Unión.
La idea de esa franquicia es sencilla: aliviar obligaciones administrativas a pequeños negocios. Pero no siempre sería positiva para todos. Un autónomo con muchos gastos con IVA soportado podría perder capacidad de deducción si pasa a un régimen sin repercutir IVA. En cambio, un profesional con pocos costes y clientes particulares podría ganar competitividad en precio y reducir trámites.
Ese es el punto que debe vigilar cualquier autónomo en Murcia: no todas las reformas fiscales ayudan igual a todos. La actividad, el tipo de cliente, los gastos deducibles y el margen real importan más que el titular.
La frase de Ariño funciona porque pone palabras a una queja frecuente. Pero la lectura útil es más concreta: el IVA no se debe confundir con beneficio ni con IRPF, aunque sí puede afectar al precio final, a la caja y a la carga administrativa. Para un autónomo, la pregunta práctica no es solo cuánto factura, sino cuánto puede conservar después de impuestos, cuota, costes y meses malos.









