Murias entra en liquidación: qué cambia para trabajadores, proveedores y obras paradas

  • La histórica Construcciones Murias ha pasado a fase de liquidación concursal tras darse por cerrada la fase común del concurso. La decisión no solo afecta a una constructora vasca: también marca qué pueden recuperar acreedores, qué ocurre con obras bloqueadas y qué margen queda para trabajadores, proveedores y clientes.

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Construcciones Murias ha pasado a fase de liquidación.
Construcciones Murias ha pasado a fase de liquidación.

Qué cambia ahora en el concurso de Murias

La clave está en entender qué cambia realmente. Murias no está simplemente en dificultades: el procedimiento entra en la fase en la que la compañía queda disuelta, cesan sus administradores sociales y la administración concursal pasa a ocupar el papel central en la gestión del proceso.

Esto no significa que todos los acreedores vayan a cobrar de inmediato ni que las obras paradas se desbloqueen automáticamente. La liquidación suele ordenar la venta de activos, la realización de derechos pendientes y el reparto conforme a la prioridad legal de los créditos. Para empresas proveedoras, subcontratas, bancos, administraciones o particulares afectados, la pregunta práctica es cuánto hay en la masa activa y en qué orden podrán recuperar dinero.

El concurso venía de lejos. El BORME recogió en 2024 el procedimiento concursal 44/24 de Construcciones Murias, con resolución de 27 de febrero de 2024, ante el Juzgado de lo Mercantil número 1 de Donostia-San Sebastián. La liquidación confirma que no ha prosperado una salida de continuidad suficiente para mantener viva la sociedad en sus términos anteriores.

Una constructora vasca que llegó a ser pieza relevante

Murias no era una firma menor dentro de la construcción vasca. Urbas comunicó a la CNMV en marzo de 2020 la adquisición del 100% de Construcciones Murias, una sociedad domiciliada en San Sebastián, con una operación que incluía 12 millones de euros de inyección dineraria y suelos por 19 millones incorporados a fondos propios.

En aquel momento, Urbas presentó a Murias como una compañía con más de 40 millones de euros de facturación en 2019 y una cartera aproximada de proyectos de 135 millones. Entre las obras citadas por la propia comunicación figuraban tramos ferroviarios, proyectos de edificación, actuaciones hoteleras y referencias conocidas como la Estación de Autobuses de Donostia, el Hospital Onkologikoa o el nuevo San Mamés.

La lectura para el lector es clara: facturar, tener obra y aparecer en proyectos relevantes no garantiza solvencia. En construcción, los márgenes pueden estrecharse rápido si suben materiales, energía o financiación, si se retrasan certificaciones o si aparecen reclamaciones. Alimarket publicó que Murias facturó 51,11 millones en 2022, registró pérdidas de 6,88 millones y contaba entonces con 71 trabajadores en plantilla; también recogió que la compañía atribuía tensiones de liquidez al alza de materias primas y energía.

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El golpe para proveedores, pymes y obras pendientes

La liquidación importa especialmente para quienes estaban alrededor de Murias: trabajadores, proveedores, subcontratas, autónomos, pymes de obra, clientes públicos y privados y acreedores financieros. En una constructora, el daño no se queda dentro del balance. Puede bajar por toda la cadena: quien suministra material, quien alquila maquinaria, quien ejecuta una parte de la obra o quien esperaba cobrar una certificación.

Por eso, para muchas pequeñas empresas, una liquidación de este tipo obliga a revisar caja, exposición a un solo cliente y dependencia de cobros pendientes. En Finantres ya hemos explicado herramientas útiles para comparar bancos para empresas, opciones para pequeñas empresas y soluciones para autónomos, pero aquí la idea no es contratar un producto: es entender que una mala gestión del riesgo de cobro puede convertirse en un problema de supervivencia.

Uno de los focos visibles está en Bilbao. El auto citado por Europa Press señala que Murias era la constructora encargada del edificio proyectado por el Obispado de Bilbao en Abando para unificar servicios de la diócesis y acoger una clínica de Mutualia, unas obras que están paradas desde la quiebra de la empresa. Naiz también recoge que la plataforma Abando Habitable elevó a 50,7 millones la deuda atribuida a Murias en el informe definitivo de la administración concursal, frente a una estimación inicial de 31,7 millones.

Para el barrio, el problema no es solo jurídico. Una obra parada afecta al uso del suelo, al tránsito, a la percepción de abandono, a la planificación urbana y a los comercios cercanos. Conviene no exagerar: una liquidación no decide por sí sola el futuro urbanístico de Abando. Pero sí añade incertidumbre sobre quién asume costes, plazos, responsabilidades y continuidad del proyecto.

Qué deben mirar trabajadores, acreedores e inversores

Para los trabajadores, el punto clave es qué plantilla real queda hoy, qué créditos laborales reconoce la administración concursal y si existen salarios, indemnizaciones o cotizaciones pendientes. Esos datos no pueden deducirse solo del auto de liquidación ni de cifras antiguas de plantilla. Deben revisarse en la documentación concursal y, en su caso, con representantes laborales.

Para acreedores y proveedores, lo importante será el inventario de activos, el listado definitivo de créditos, la clasificación de cada deuda y el calendario de realización. No todos los acreedores están en la misma posición. Un banco con garantía, una administración pública, un trabajador, una pyme proveedora o un cliente con reclamación pueden tener derechos y expectativas muy distintas.

Para pequeños inversores, el caso tampoco se debe leer de forma aislada. Murias pertenece al grupo Urbas, cuya negociación en Bolsa fue suspendida cautelarmente por la CNMV el 30 de abril de 2025. Urbas comunicó después que el Tribunal de Instancia de Madrid declaró a la compañía en concurso voluntario por auto de 27 de enero de 2026 y nombró administración concursal.

Eso no es una recomendación de comprar, vender o mantener acciones. Es una advertencia de criterio: cuando una cotizada tiene filiales en concurso, cotización suspendida y procedimientos de reestructuración, el pequeño inversor debe leer hechos relevantes, cuentas auditadas, deuda, litigios y planes de viabilidad antes de sacar conclusiones.

La liquidación de Murias deja una lección sencilla y poco cómoda: en construcción, el tamaño y la historia ayudan, pero no sustituyen a la liquidez, los márgenes y la disciplina financiera. Para el lector, lo importante ahora no es solo el final de una marca conocida, sino quién cobrará, qué obras se desbloquearán y qué impacto real tendrá en trabajadores, proveedores y barrios afectados.

Esta noticia ha sido elaborada por Alejandro Borja.

 
Alejandro Borja

Alejandro Borja

Especialista

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Especialista en inversión, plataformas y decisiones financieras a largo plazo.