Un escaparate lleno: 2.200 marcas y 16 días de actividad
La 69ª edición de la FIDMA se celebrará en el Recinto Ferial de Asturias Luis Adaro, con horario general de 11.00 a 22.00 horas. La organización la presenta como una feria multisectorial dirigida tanto al público general como a profesionales y empresas, algo importante porque mezcla consumo, exposición comercial y agenda empresarial en un mismo recinto.
El dato que mejor resume la dimensión de esta edición es el lleno: más de 2.200 marcas repartidas en más de 720 espacios expositivos, según la información presentada por la Cámara de Comercio de Gijón y recogida por EFE y Cadena SER. No es una feria menor dentro del calendario asturiano: la organización la vincula a un impacto del 0,6% del PIB regional y el 0,5% del empleo, aunque estas cifras deberían revisarse con la metodología completa antes de publicarse como estimación cerrada.
Para el visitante, también hay una lectura de bolsillo. La entrada general cuesta 4,90 euros, la infantil 1,70 euros y existe una entrada reducida de lunes a viernes antes de las 14.00 horas, además de descuento para familias numerosas. Es un coste pequeño si se compara con otros planes de verano, pero multiplica el flujo de público hacia el recinto y hacia los negocios de la zona.
La oportunidad para jóvenes empresas no está solo en vender
La parte más interesante para el tejido local está en el espacio de Gijón Impulsa. El Ayuntamiento de Gijón, a través de Gijón Impulsa, y la Cámara de Comercio ofrecen un stand propio para hasta 12 jóvenes empresas del concejo, divididas en dos turnos durante las dos semanas de feria. Las compañías deben estar ubicadas en Gijón y tener menos de cinco años de antigüedad.
El coste simbólico de participación es de 100 euros, IVA incluido. Para una empresa joven, eso cambia la ecuación: acceder a una feria con cientos de miles de visitantes potenciales puede ser mucho más barato que montar una campaña comercial propia, pero no garantiza resultados. La diferencia estará en llegar con producto claro, precios bien pensados, capacidad de cobrar sin fricción y seguimiento posterior de contactos.
Aquí conviene mirar más allá del escaparate. Un autónomo que acuda a vender o captar clientes necesita tener ordenada su operativa: desde elegir bien su banco para autónomos hasta revisar si le compensa trabajar con determinados TPV para cobrar con tarjeta. En una feria, perder ventas por no cobrar rápido o no poder emitir justificantes no es un detalle menor.
También importa la tesorería. Muchas pymes venden en picos muy concentrados y luego tienen que gestionar caja, proveedores, impuestos y reposición. Por eso, para algunas empresas puede tener sentido comparar bancos para empresas o incluso soluciones de cuentas remuneradas para empresas si van a mantener liquidez durante semanas o meses.

Empleo temporal, comercio local y presión sobre la ciudad
La FIDMA no afecta solo a quienes exponen. Según la presentación de esta edición, los propios expositores contratan alrededor de 10.000 personas para el desarrollo del evento. La palabra clave es “alrededor”: hablamos de una cifra asociada a la campaña ferial, no de empleo estable ni estructural. Aun así, para jóvenes, personal de atención al público, montaje, hostelería, seguridad, limpieza y logística, el impacto de 16 días no es irrelevante.
Para Gijón, el efecto se reparte en capas. Está el empleo directo dentro del recinto, pero también la actividad que puede llegar a bares, restaurantes, hoteles, taxis, comercios y proveedores. El recinto Luis Adaro está integrado en la ciudad, no en un polígono aislado, y eso hace que la feria tenga más capacidad de mover consumo alrededor.
La parte menos visible es la presión operativa. Más público implica más movimiento, más necesidad de transporte, más rotación en aparcamientos y más demanda puntual de servicios. Para el comercio local puede ser una oportunidad. Para los vecinos, puede ser una molestia si la movilidad no acompaña. La lectura equilibrada es esa: la feria atrae dinero y actividad, pero también exige organización urbana.
Innovación y tradición: el equilibrio que buscan las empresas
La organización presenta la FIDMA como una feria donde conviven tradición e innovación. Esta edición incorpora nuevos espacios, como el pabellón de Caja Rural de Asturias, cambios de ubicación de otros expositores y presencia de nuevas entidades. También incluye contenidos tecnológicos en el pabellón del Gobierno del Principado, con experiencias como realidad aumentada, robótica sanitaria y desarrollos regionales.
Para las empresas pequeñas, la innovación no debería leerse como una palabra grande. Puede ser algo tan concreto como automatizar un proceso, mejorar la atención al cliente, vender mejor online, medir qué productos funcionan o aprender a usar inteligencia artificial con seguridad. La agenda de la Cámara incluye una jornada Acelera Pyme sobre claves para usar la IA de forma segura y otra sobre automatización de procesos empresariales combinada con IA.
La sostenibilidad también aparece con enfoque empresarial. La jornada “¿Es rentable la sostenibilidad?” se plantea para pymes y profesionales, con bloques sobre licitaciones, financiación verde, tecnología ambiental, retorno de inversión y riesgo de greenwashing. Esa es la parte útil: no tratar la sostenibilidad como eslogan, sino como coste, inversión, acceso a contratos y reputación.
El otro lado es la tradición. La feria sigue funcionando como punto de encuentro del verano gijonés y asturiano, con días dedicados a municipios, sectores y colectivos como comercio, joven empresariado, autónomos, transporte, turismo o medioambiente. Para una pyme local, esa mezcla puede ser valiosa: permite vender al público, pero también hacer red con instituciones, clientes profesionales y otros negocios.
La clave está en no confundir asistencia con rentabilidad. Estar en la FIDMA puede dar visibilidad, pero el retorno dependerá de cuánto cuesta participar, cuántos contactos se convierten en clientes, qué margen deja cada venta y si la empresa puede sostener después la demanda generada. Para el empresario local, la feria puede ser una buena ventana. Pero una ventana solo sirve si detrás hay una propuesta clara, números controlados y capacidad real de seguimiento.









