Navarra conserva 13 sociedades centenarias, pero el dato tiene truco
El estudio de Informa D&B sobre empresas con más de cien años de antigüedad, publicado en abril de 2026, identifica 350 sociedades centenarias activas en España. Representan apenas el 0,03% de las 1.318.587 sociedades activas censadas en su base de datos. Dentro de ese grupo, Navarra suma 13, el 3,71% del total nacional.
La cifra es pequeña, pero dice mucho. Mantener una empresa abierta durante más de un siglo no consiste solo en aguantar. Exige cambiar de clientes, tecnología, financiación, plantilla, proveedores y forma de competir. Y en Navarra, donde la economía combina industria, agroalimentación, servicios, transporte y empresa familiar, esa supervivencia tiene una lectura muy práctica.
Ahora bien, conviene matizar. Informa D&B usa la fecha de constitución legal. Eso deja fuera negocios antiguos cuya sociedad actual se creó más tarde. Por eso el mapa real de empresas e instituciones centenarias navarras es más amplio si se mira la relación de la Cámara de Comercio de Navarra, donde aparecen bodegas, hoteles, comercios, instituciones, empresas de alimentación, transporte y servicios.
Para el lector, el punto importante es este: una empresa centenaria no importa por la nostalgia, sino por su capacidad de mantener actividad económica, empleo y servicios en el territorio.
Qué empresas aparecen en el estudio y qué sectores sostienen
Según la información publicada sobre el estudio, las dos sociedades navarras más antiguas incluidas son Iruña SA, de 1888, y Electra Lesacarra SA, de 1899. Después aparecen firmas constituidas entre 1900 y 1909 como Electra Irún-Endara, La Información SA, Cementos Portland Valderrivas, Electra Valdizarbe, Baños de Fitero y La Estellesa.
El listado se completa con Caveo Automotive Spain, creada entre 1910 y 1919, y con La Baztanesa, La Veloz Sangüesina, Viuda de Londaiz y Sobrinos del Mercader y La Burundesa, nacidas entre 1920 y 1923.
La lectura económica es clara: no hablamos de un solo sector. Hay energía, transporte de viajeros, industria, medios de comunicación, turismo termal y automoción. Es decir, actividades que no solo facturan, sino que conectan pueblos, emplean trabajadores, compran a proveedores y prestan servicios que forman parte del día a día.
La Estellesa, La Veloz Sangüesina, La Baztanesa o La Burundesa no son solo nombres históricos. En una comunidad con mucha población repartida en municipios y valles, el transporte comarcal influye en algo tan básico como ir a trabajar, estudiar, acudir al médico o conectar con Pamplona y otras cabeceras. Cuando una empresa así sobrevive, también sobrevive una parte de la movilidad cotidiana.
En energía ocurre algo parecido. Las eléctricas locales y comarcales no deben analizarse solo como compañías antiguas, sino como piezas de una economía que necesita suministro, inversión, mantenimiento y adaptación a nuevas exigencias regulatorias y tecnológicas.
La empresa familiar explica buena parte de esta resistencia
La longevidad empresarial en Navarra encaja con otro dato relevante: las empresas familiares tienen un peso estructural en la Comunidad foral. Un informe de la Cátedra de Empresa Familiar de la UPNA, promovida por ADEFAN, señala que estas compañías generan el 66,3% del empleo en Navarra y concentran el 58,2% del valor añadido bruto.
Esto ayuda a entender por qué muchas empresas aguantan más de lo habitual. En la empresa familiar suele haber una lógica distinta: menos obsesión por el trimestre, más prudencia financiera y más arraigo al territorio. Eso no la hace inmune a los problemas, pero sí cambia los incentivos.
El riesgo está en el relevo. La continuidad de un negocio no depende solo de vender bien. Depende de que haya sucesión, financiación, gestión profesional, digitalización y capacidad para atraer talento. En negocios pequeños, ese punto es todavía más delicado. UPTA advirtió en 2026 de que cerca de 8.000 pequeños negocios podrían cerrar en Navarra en cinco años por falta de relevo generacional.
Ahí es donde una noticia sobre empresas centenarias deja de ser histórica y se vuelve económica. Si un comercio, una empresa de transporte, una fábrica o un proveedor local cierra por falta de sucesión, no se pierde solo una marca. Se pierden empleos, compras a proveedores, actividad en calles y pueblos, y en algunos casos servicios que no siempre son fáciles de sustituir.
Para autónomos y pymes, la lección es bastante directa: la longevidad exige caja, prudencia y buenas decisiones financieras. Elegir bien la banca diaria, los costes y las herramientas de cobro importa más de lo que parece. En Finantres puedes comparar opciones como los mejores bancos para pequeñas empresas o los mejores TPVs si el negocio depende del cobro presencial o recurrente.
Por qué esto importa para la economía local navarra
Navarra tiene una economía con fuerte peso industrial. Invest in Navarra sitúa el peso de la industria en torno al 31% del PIB, por encima de la media española. También destaca sectores como automoción, maquinaria, agroalimentación, renovables y salud. En ese contexto, las empresas centenarias aportan algo que no siempre aparece en las estadísticas: continuidad.
La continuidad importa porque reduce dependencia de modas empresariales. Una empresa que lleva décadas en un valle, una comarca o una ciudad suele tener relaciones estables con trabajadores, proveedores, clientes y administración local. Eso puede sostener empleo, consumo y actividad incluso cuando llegan ciclos malos.
Pero tampoco conviene idealizar. Que una empresa sea centenaria no significa que esté blindada. Informa D&B recuerda que, desde su primer estudio en 2015, 90 empresas centenarias han dejado de estar activas en España. Algunas por absorciones o reestructuraciones; otras por cierres. La edad no garantiza futuro.
La clave para el lector es distinguir entre historia y negocio. Una compañía puede tener una marca querida, pero si no invierte, no se adapta a precios, costes laborales, digitalización, financiación o cambios de consumo, acaba perdiendo sitio. Lo mismo vale para una empresa industrial, una línea de transporte o un comercio familiar.
Por eso, el dato de Navarra debe leerse con dos ideas a la vez. La primera: tener 13 sociedades centenarias es una señal de arraigo empresarial. La segunda: el reto ya no es haber llegado a los cien años, sino seguir siendo útil, rentable y capaz de dar empleo en una economía mucho más exigente.
Para las empresas que gestionan excedentes de tesorería, también hay una parte financiera práctica. No se trata solo de vender: se trata de proteger liquidez, controlar costes y no depender de una única vía de financiación. Comparar productos como cuentas remuneradas para empresas puede formar parte de esa gestión prudente.
El valor de estas empresas centenarias no está en mirar al pasado. Está en lo que todavía pueden aportar: empleo, servicios, proveedores, identidad local y una forma de hacer negocio menos improvisada. Para Navarra, esa mezcla de tradición y adaptación sigue siendo una pieza importante de su economía real.









