Los neobancos ya no son solo una app secundaria
La banca tradicional ha pasado de mirar a los neobancos como un competidor de nicho a tratarlos como una amenaza real en pagos, tarjetas y relación diaria con el cliente. En España, las referencias públicas más recientes sitúan a estas entidades digitales por encima de los 12 millones de clientes, con Revolut, N26, Trade Republic, Klarna o MyInvestor ganando terreno en productos que antes parecían reservados a los bancos de siempre.
La cifra exacta importa, pero el cambio importante es otro: muchos usuarios ya no abren una cuenta digital solo para “probar”. La usan para viajar, pagar en otra divisa, invertir pequeñas cantidades, recibir alertas en tiempo real o separar gastos. Revolut, por ejemplo, comunicó haber alcanzado seis millones de clientes en España al cierre de 2025, un tamaño que ya le permite compararse con entidades con mucha más historia en el mercado nacional.
Ahí está el punto clave para el cliente: si la app del neobanco se queda con los pagos del día a día, el banco tradicional corre el riesgo de conservar la nómina, pero perder la relación. Por eso la respuesta no se limita a cuentas o depósitos. Ahora se juega en tarjetas, viajes, compras, suscripciones, Bizum, cashback y servicios que buscan que el usuario abra más veces la app del banco.
El viaje se ha convertido en la nueva puerta de entrada
Los viajes han sido uno de los terrenos donde los neobancos han ganado más visibilidad. Pagar fuera de la zona euro, retirar efectivo en otro país o evitar sustos con el cambio de divisa son problemas muy concretos, fáciles de entender y muy sensibles para el bolsillo.
BBVA ya ofrece un Pack Viajes con un plan esencial gratuito que permite pagar en moneda distinta al euro sin comisiones hasta 300 euros al mes. Si el cliente necesita más límite o retiradas de efectivo en cajeros extranjeros, debe pasar a planes de pago desde la app, con cuotas mensuales de 2,99, 7,99 o 14,99 euros según el nivel contratado.
CaixaBank también ha reforzado este terreno con MoneyToTravel, una tarjeta prepago para viajes que aplica el tipo de cambio de Mastercard sin comisión adicional, incluye dos retiradas al mes sin comisión de CaixaBank en cajeros fuera de España y tiene costes concretos: emisión de 0 euros en canales digitales, 10 euros en otros canales y mantenimiento de 2,95 euros el mes posterior a su uso.
Santander, por su parte, comercializa el Programa Santander Viajes por 3 euros al mes, con exención de comisión por compras en moneda diferente al euro, tres retiradas mensuales en el extranjero sin comisión del banco y seguros asociados. La propia entidad advierte, además, de que la tarjeta de crédito está sujeta a aprobación y puede permitir pago aplazado revolving, un punto que el cliente debe mirar con especial cuidado.

Cashback y suscripciones: premio visible, condiciones menos visibles
El cashback se ha convertido en otra palabra clave. Para el cliente suena sencillo: pagar con tarjeta y recuperar parte del importe. Pero en banca, gratis casi siempre significa gratis bajo condiciones.
CaixaBank tiene un programa de cashback para comprar en más de 100 marcas con tarjeta, tanto en tiendas físicas como online. La entidad explica que el reembolso se abona después, depende de la oferta y del comercio, y está sujeto a tributación en el IRPF. Es decir, no es un descuento universal ni automático en cualquier compra.
Openbank, el banco digital del Grupo Santander, lanzó una campaña de devolución de hasta el 10% en compras con tarjeta de débito y crédito, con un máximo de 500 euros. La letra pequeña era relevante: exigía abrir cuenta, usar un código promocional, domiciliar nómina, pensión, prestación o cuota de autónomos por al menos 900 euros y mantener esa domiciliación durante 24 meses.
Este tipo de incentivo puede ser útil para algunos perfiles, pero no debe confundirse con dinero gratis. El cliente no solo debe mirar cuánto le devuelven. Debe revisar qué tarjeta exige, si es de débito o crédito, si hay permanencia, si obliga a domiciliar ingresos, si existen límites mensuales y si la ventaja compensa frente a otras condiciones de la cuenta.
Para quienes estén revisando si su entidad sigue compensando, tiene sentido comparar también las condiciones de los bancos y cuentas sin comisiones y no quedarse solo con el gancho de la promoción.
La verdadera batalla es ser la cuenta principal
El objetivo de la gran banca no es únicamente que el cliente contrate una tarjeta de viaje o active un programa de cashback. El objetivo es más profundo: recuperar el uso diario. Una cuenta se vuelve principal cuando concentra nómina, recibos, Bizum, tarjeta, ahorro, financiación y atención al cliente.
Por eso muchas ofertas se apoyan en pequeños hábitos: pagar suscripciones, usar Bizum, comprar tarjetas regalo, activar ventajas de viaje o pagar con tarjeta en comercios concretos. Openbank, por ejemplo, vincula su Cuenta Nómina Open a ventajas como Travel+ a 0 euros, descuentos en compras online y cashback al pagar con Bizum, siempre bajo condiciones que conviene consultar antes de decidir.
La comparación con los mejores neobancos ya no va solo de comisiones. También va de experiencia, atención, límites, garantías, cajeros, operativa fiscal, servicios de pago y facilidad para resolver problemas cuando algo sale mal.
El cliente debería mirar más allá del mensaje comercial. Una ventaja bancaria deja de ser ventaja si exige una tarjeta de crédito que no se quería, una permanencia larga, una nómina que se iba a domiciliar en otra entidad o un uso mínimo que obliga a cambiar hábitos sin necesidad.
También conviene revisar si el neobanco que se usa como cuenta secundaria tiene IBAN español, Bizum, atención en castellano, cobertura del fondo de garantía que corresponda y canales claros para reclamar. En ese punto, contenidos como neobancos con Bizum ayudan a aterrizar una decisión que muchas veces empieza por comodidad, pero termina afectando a la relación bancaria completa.
La batalla entre bancos y neobancos puede traer mejores funciones para el cliente, pero también más ofertas condicionadas. La clave está en separar el premio visible del coste real: comisión mensual, límites, tipo de tarjeta, permanencia, fiscalidad, atención disponible y productos que el banco intenta colocar alrededor.









