La alerta llega con una fecha muy concreta sobre la mesa: el 28 de mayo de 2026 entró en vigor la nueva resolución de la Comunidad de Madrid que declara 13 comarcas de emergencia cinegética temporal por los riesgos asociados al jabalí. La medida tiene una vigencia de dos años, prorrogable por otros dos, y busca reducir daños en cultivos, accidentes y riesgos sanitarios.
El daño no es solo agrícola: también toca la cuenta de resultados
ASAJA Madrid ha puesto el foco en la Comarca de Las Vegas, una zona del sureste madrileño donde el campo sigue teniendo peso económico real. Allí, Álvaro Martínez, agricultor de Valdelaguna, advierte de daños en maíz, ajo y otros cultivos hortícolas.
El punto más delicado para el bolsillo del agricultor no está solo en la parcela dañada. Está en lo que viene después: cambiar de cultivo, asumir más costes, perder margen o dejar de sembrar aquello que antes sí salía rentable. Según el testimonio recogido por ASAJA Madrid, en su zona llevan dos años sin sembrar maíz por los destrozos y el guisante tampoco está funcionando como alternativa porque también sufre ataques.
En una explotación pequeña, este tipo de decisiones pesan como en cualquier negocio: hay inversión previa, maquinaria, agua, seguros, financiación y tiempo. Por eso, para muchos agricultores y autónomos del campo, revisar costes fijos, liquidez y operativa bancaria no es un detalle menor; puede ayudar consultar comparativas como las de bancos para autónomos o bancos para pequeñas empresas cuando la campaña se complica.
Por qué Las Vegas importa en esta noticia
Valdelaguna no es una mención decorativa. Forma parte de la Comarca de Las Vegas, en el sureste de la Comunidad de Madrid, una zona vinculada a vegas agrícolas, cultivos hortícolas, ajo, cereal, viñedo y municipios como Chinchón, Colmenar de Oreja, Villaconejos o Aranjuez.
Ese contexto explica por qué los daños del jabalí tienen más lectura económica aquí que en un entorno puramente urbano. En esta zona, un cultivo perdido no es solo una anécdota ambiental: puede afectar a la renta de explotaciones familiares, a proveedores, a cooperativas, a la campaña de recogida y al precio final si la presión se repite.
La resolución publicada en el BOCM incluye entre las comarcas afectadas municipios de Las Vegas como Valdelaguna, Villarejo de Salvanés, Colmenar de Oreja, Villaconejos, Chinchón, Aranjuez, Morata de Tajuña o Perales de Tajuña, además de otras zonas del norte, oeste, sur y entorno metropolitano. Es decir, no se trata de un problema aislado de una finca concreta.

La Comunidad de Madrid ya ha ampliado el control del jabalí
La Comunidad de Madrid estima que hay entre 35.000 y 40.000 jabalíes en la región, tras duplicarse su número en la última década, según el balance difundido por el Gobierno autonómico en febrero. Entonces, el Ejecutivo aseguró que el control de 9.000 ejemplares había ayudado a reducir daños en cultivos y atropellos.
La nueva resolución va más allá y amplía la emergencia cinegética temporal a 13 comarcas. Entre las medidas figuran la priorización de solicitudes de control, la suspensión general de repoblaciones de jabalíes, el uso de jaulas trampa en determinados supuestos, autorizaciones en zonas urbanas o periurbanas y más margen de actuación en terrenos rústicos y cotos.
La letra pequeña importa: estas medidas no significan que cualquier persona pueda actuar por su cuenta, sino que se articulan mediante autorizaciones, comunicaciones y procedimientos de la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior. Para los agricultores, la clave será si esas medidas llegan a tiempo a las zonas donde el daño ya está condicionando la siembra.
Verano y otoño son meses especialmente sensibles
La preocupación de los agricultores madrileños encaja con lo que apunta la literatura científica reciente. Un estudio publicado en Animals y recogido en PubMed analizó 9.871 casos de daños por jabalí durante más de 20 años en una zona agrícola de Europa central y detectó un patrón estacional: cereales en verano, leguminosas a comienzos de otoño y cultivos de raíz al final del otoño.
Ese estudio no está hecho en Madrid, así que no conviene trasladarlo como si describiera exactamente cada finca madrileña. Pero sí refuerza una idea útil: el jabalí no entra siempre igual ni en cualquier momento. Su presión cambia con la disponibilidad de alimento, el calendario agrícola y el tamaño de las poblaciones.
Para el agricultor madrileño, esto se traduce en una cuenta bastante menos teórica: si el daño llega en plena campaña o antes de recoger, el margen puede desaparecer. Y si la alternativa es cambiar de cultivo por miedo a perderlo, el coste ya no está solo en lo destruido, sino en la decisión forzada de sembrar otra cosa.
La clave ahora no está solo en contar jabalíes, sino en comprobar si el control aprobado reduce daños reales en las parcelas más expuestas. En el campo madrileño, una medida funciona cuando se nota en la cosecha, en los costes y en la tranquilidad de quienes tienen que volver a sembrar.









