El tren secreto que mantuvo Madrid abastecida en la Guerra Civil vuelve al mapa

Avenida Pintor Portela conexión entre San Ginés y Cabezo Beaza
Avenida Pintor Portela conexión entre San Ginés y Cabezo Beaza

La línea que se construyó para que Madrid no quedara aislada

El nombre oficial que conserva el Archivo Histórico Ferroviario es claro: Ferrocarril de Torrejón de Ardoz a Tarancón, también conocido como Ferrocarril de los 40 días. En sus fondos aparece documentada una copia del plano del trazado, a escala 1:50.000, fechada en torno a 1940.

Su importancia no estuvo en la comodidad del viajero, sino en algo mucho más básico: mantener una vía de suministro hacia Madrid cuando la guerra había cortado comunicaciones ferroviarias y carreteras estratégicas. La línea buscaba conectar la capital sitiada con los enlaces hacia Levante, una zona clave para la llegada de alimentos, material y movimiento militar.

Para el lector de hoy, la historia deja una lectura sencilla: una infraestructura puede parecer una obra técnica, pero en una ciudad bloqueada podía significar comida, tiempo, seguridad y supervivencia. El transporte no era solo movilidad; era abastecimiento.

El llamado Tren de los 40 Días no debe entenderse como una línea turística ni como una infraestructura recuperada para trenes actuales. Su fase real hoy es otra: patrimonio histórico y ruta no motorizada. La parte visitable no equivale a una reapertura ferroviaria ni hay datos oficiales que apunten a una vuelta del servicio.

Dónde queda hoy la huella del tren

La huella más accesible para vecinos y visitantes está en la Vía Verde del Tren de los 40 Días, integrada en las rutas ciclistas y peatonales del sureste madrileño. Según CiclaMadrid y Vías Verdes, el ramal actual tiene 14 kilómetros y discurre entre Carabaña y Estremera, pasando por Valdaracete.

Esto cambia por completo el uso de la infraestructura. Lo que nació como una línea estratégica de guerra se ha convertido en un itinerario para caminar, ir en bicicleta y recuperar memoria territorial. El trazado se suma a la Vía Verde del Tajuña, que permite ampliar el recorrido y conectar con otros municipios de la comarca.

La utilidad actual no está en ahorrar minutos de viaje a diario, como ocurriría con una línea de Cercanías o Metro, sino en actividad local, ocio de proximidad, turismo rural y conservación de patrimonio. Para pueblos como Carabaña, Valdaracete o Estremera, estos recorridos pueden atraer visitantes, dar movimiento a bares, alojamientos y pequeños negocios, y reforzar una forma de turismo de bajo coste para familias, ciclistas y senderistas.

También hay una lectura de bolsillo. Una vía verde no exige billete ni peaje. Su valor económico no llega por tarifa, sino por el gasto que puede dejar quien se desplaza a pasar el día, comer en la zona o descubrir municipios que suelen quedar fuera del mapa turístico más evidente de Madrid.

Trazado de la N 430 entre Santa Amalia y Ciudad Real
Te puede interesar: La N-430 se acerca a 1.000 millones: qué cambia y qué falta

Madrid ha contratado su puesta en valor, pero no una reapertura

La Comunidad de Madrid publicó en su portal de contratación un expediente de “Puesta en valor Tren de los 40 Días”, tramitado como contrato menor de servicios, en situación resuelta y formalizado. El contrato figura con fecha del 12 de septiembre de 2024, una duración de 80 días y un importe de adjudicación de 18.000 euros con IVA.

Ese dato conviene leerlo con cuidado. No es una obra ferroviaria, no es una licitación para reabrir vías y no es una inversión millonaria en transporte público. Es una actuación de servicios orientada a poner en valor un patrimonio ya existente. La diferencia importa porque evita crear una expectativa falsa: el vecino no va a ver circular trenes por esa línea.

El coste, además, es reducido dentro de los parámetros habituales de obra pública. Su interés no está en la cifra, sino en el mensaje: las administraciones empiezan a tratar algunos restos de infraestructuras históricas no solo como ruinas o caminos, sino como activos culturales y territoriales. Bien gestionados, pueden ordenar recorridos, señalizar la memoria y dar una excusa para visitar zonas menos conocidas de la región.

La propia documentación del contrato recomienda consultar publicaciones oficiales para los efectos vinculantes, por lo que la revisión humana debería comprobar si existen pliegos, memorias o materiales posteriores que detallen exactamente qué trabajos se hicieron.

Una infraestructura breve, útil y difícil de encajar en una sola memoria

El sobrenombre de “40 días” forma parte del atractivo de la historia, aunque varias fuentes señalan que la ejecución real fue más compleja y se prolongó mucho más de lo que prometía el nombre. El Debate, en una pieza reciente sobre esta línea, recoge que la construcción se desarrolló entre 1937 y 1938 y que el ferrocarril tuvo una vida muy corta tras la contienda.

La línea aparece asociada a otros nombres, como Vía Negrín, y a una función militar y logística. También se cita su relación con otros enlaces ferroviarios de la época, como el de Villacañas-Santa Cruz de la Zarza, dentro del intento republicano de mantener comunicaciones con Levante.

Esa mezcla de urgencia, propaganda, uso militar, abastecimiento y trabajo forzado hace que el relato no sea cómodo ni simple. Pero precisamente por eso importa. No todas las infraestructuras se recuerdan por haber sido grandes, rentables o modernas. Algunas se recuerdan porque explican hasta qué punto una ciudad depende de sus accesos cuando llega una crisis.

Hoy, el Tren de los 40 Días no resuelve desplazamientos diarios ni reduce el precio del transporte. Su efecto es otro: permite leer el territorio, entender cómo se sostuvo Madrid durante la guerra y aprovechar una antigua traza ferroviaria para un uso público, tranquilo y barato. La clave ahora está en que esa memoria se conserve con rigor, sin convertir una línea histórica en reclamo vacío ni confundir patrimonio con una promesa de transporte que no existe.

  • Archivo Histórico Ferroviario: ficha del Ferrocarril de Torrejón de Ardoz a Tarancón, también conocido como Ferrocarril de los 40 días, con referencia documental y plano del trazado.
  • CiclaMadrid y Vías Verdes: descripción de la Vía Verde del Tren de los 40 Días, recorrido entre Carabaña y Estremera, longitud de 14 kilómetros y conexión con la Vía Verde del Tajuña.
  • Comunidad de Madrid, Portal de Contratación: expediente “Puesta en valor Tren de los 40 Días”, contrato menor formalizado por 18.000 euros con IVA y duración de 80 días.
  • Comunidad de Madrid: información turística sobre vías verdes regionales y mención a la Vía Verde del Tren de los 40 Días dentro de la red de recorridos de ocio y naturaleza.
  • FCMAF y documentación ferroviaria divulgativa: contexto histórico del ferrocarril estratégico Torrejón-Tarancón y su relación con la llamada Vía Negrín.
  • El Debate: artículo reciente sobre la historia del tren, su función de abastecimiento y su corta vida operativa durante la Guerra Civil.

Esta noticia ha sido elaborada por Jacinto Borja Valera.

Jacinto Borja Valera

Especialista

Más del autor

Especialista en Infraestructuras.