Qué está pasando con el ETF de semiconductores
El foco vuelve a estar sobre SEMI, el ETF de iShares que replica el índice MSCI ACWI IMI Semiconductors & Semiconductor Equipment ESG Screened Capped. No es un producto nuevo: fue lanzado el 3 de agosto de 2021, está domiciliado en Irlanda, es UCITS, de acumulación y tiene un TER del 0,35%. BlackRock lo muestra como registrado en España y con activos netos superiores a 5.685 millones de dólares a 24 de julio de 2026.
La razón de su nueva visibilidad está en la rentabilidad reciente. Según la página oficial de iShares, el ETF acumulaba una rentabilidad total medida por valor liquidativo del 85,57% en lo que iba de año a 23 de julio de 2026, aunque el propio dato diario del 24 de julio mostraba una caída del 4,24%. Esa combinación resume bien el punto clave: el sector atrae por su fuerza, pero también exige tolerar movimientos bruscos.
Para quien esté comparando alternativas, la lectura no debería quedarse en un único producto. La categoría ya cuenta con varias opciones UCITS y conviene revisar costes, índice, divisa y concentración. En ese punto, puede ayudar consultar la guía de mejores ETFs de semiconductores antes de decidir si esta exposición tiene sentido dentro de una cartera.
El atractivo: la IA ha cambiado el tamaño del mercado
El argumento de fondo es fácil de entender. Los chips son una pieza esencial para inteligencia artificial, centros de datos, memoria avanzada, automatización, vehículos y equipos industriales. La demanda no nace solo de una moda bursátil; también está respaldada por inversión real en infraestructura tecnológica.
La Semiconductor Industry Association comunicó que las ventas mundiales de semiconductores alcanzaron 120.600 millones de dólares en mayo de 2026, un 9,2% más que en abril y un 104,1% más que en mayo de 2025. Deloitte, por su parte, estima que la industria global podría alcanzar 975.000 millones de dólares de ventas anuales en 2026, impulsada por el auge de la infraestructura de IA.
Ese contexto explica por qué muchos inversores miran este tipo de ETF. No compran una sola empresa, sino una cesta de compañías vinculadas al diseño, fabricación y equipamiento de semiconductores. La diferencia es importante: diversificar dentro de un sector no equivale a tener una cartera diversificada. Un ETF sectorial sigue dependiendo de una misma narrativa económica.

El riesgo: entrar tarde en una historia ya muy descontada
Conviene mirar más allá del titular. El índice que replica SEMI incluye compañías de gran, mediana y pequeña capitalización de mercados desarrollados y emergentes, todas clasificadas dentro de semiconductores y equipos de semiconductores. MSCI limita el peso de las cinco primeras posiciones al 8% y el resto de emisores al 5%, pero eso no elimina el riesgo de concentración sectorial.
El propio índice muestra el nivel de exigencia del mercado. A 30 de junio de 2026, MSCI publicaba un PER de 58,83 veces y una desviación típica anualizada a tres años del 36,50%. También recoge un máximo drawdown del 45,34% entre diciembre de 2021 y octubre de 2022. En lenguaje sencillo: puede subir mucho cuando la narrativa acompaña, pero también puede caer con fuerza cuando el mercado revisa expectativas.
Aquí aparece el riesgo de FOMO. Entrar después de una gran subida puede tener sentido si el inversor entiende qué compra, acepta la volatilidad y lo encaja como exposición temática. Lo que no tiene sentido es comprar solo porque “ha subido mucho”. Para quien quiera exposición a la tendencia de inteligencia artificial sin concentrarse solo en chips, también puede tener sentido comparar con los mejores ETFs de IA.
Cómo encajarlo en una cartera española
Para un inversor en España, SEMI puede ser una posición satélite, no una base de cartera. La base suele construirse con exposición global, diversificada y de bajo coste. Un ETF de semiconductores añade una apuesta más concreta: más potencial si el ciclo acompaña, pero también más sensibilidad a valoraciones, resultados empresariales, tipos de interés, dólar y tensión geopolítica.
El coste del 0,35% es razonable para un ETF sectorial, pero no debería ser el único filtro. También hay que mirar la bolsa donde se compra, la divisa de cotización, la horquilla entre compra y venta, la liquidez del mercado, la política de acumulación y la fiscalidad al vender. Antes de operar, tiene sentido comparar los mejores brokers para invertir en ETFs y revisar comisiones de compraventa, cambio de divisa y custodia.
BlackRock recuerda en su documentación que el capital está en riesgo y que el valor de la inversión puede subir o bajar, sin garantía de recuperar la cantidad invertida. Esa advertencia no es un trámite: en un ETF temático, el precio puede moverse más por expectativas futuras que por beneficios presentes.
La clave para el inversor no está en adivinar si el rally ha terminado. Está en decidir si esta exposición mejora la cartera o solo añade una apuesta duplicada sobre tecnología e IA. Para una cartera de largo plazo, el encaje pesa más que la moda: tamaño de la posición, horizonte temporal, tolerancia a caídas y diversificación siguen siendo los filtros que importan.








