Qué ha cambiado en Ontinyent con la basura
El giro de Ontinyent no es menor. El municipio ha implantado desde el 15 de junio un nuevo modelo de recogida de residuos que sustituye parte de la lógica tradicional de contenedores abiertos por recogida puerta a puerta, áreas cerradas para diseminados y un calendario más exigente de separación.
La razón de fondo es sencilla: el contenedor abierto es cómodo, pero también concentra problemas. Puede saturarse, recibir residuos fuera de hora, mezclar fracciones y acabar elevando el coste del tratamiento. Para el vecino, esto no va solo de limpieza; va de tasa de basura, calidad del servicio y uso del espacio público.
El Ayuntamiento sostiene que los primeros datos van en la buena dirección. En los primeros días del sistema se recogieron unas 168 toneladas de fracción resto frente a las 445 que se habrían generado con el modelo anterior en un periodo comparable. Además, con los datos disponibles hasta el 14 de julio, la previsión municipal apunta a unas 233 toneladas de fracción resto en julio frente a las 835 toneladas mensuales anteriores, una reducción prevista del 72,1% si se mantiene el ritmo.
Por qué importa para el bolsillo del vecino
La clave económica está en la fracción resto: cuanto más residuo acaba en el circuito de eliminación, más presión puede haber sobre el coste del sistema. Separar mejor no garantiza automáticamente una tasa más baja, pero sí mejora la posición del municipio para reducir gastos de tratamiento y obtener más ingresos por recogida selectiva.
De hecho, el balance municipal apunta a que en junio los ingresos por recogida selectiva, a través de Ecoembes y la venta de cartón, aumentaron en más de 20.700 euros respecto al mismo mes de 2025. Es una cifra todavía inicial, pero relevante porque muestra que reciclar mejor no solo tiene lectura ambiental: también puede tener impacto presupuestario.
Aquí conviene ser prudente. La Ley 7/2022 obliga a los municipios a aplicar una tasa que cubra los costes de recogida, transporte y tratamiento de residuos, y cada ayuntamiento decide cómo la calcula. En Ontinyent, la subida prevista para 2026 se situaba en unos 27 euros hasta un coste estimado de 138 euros por vecino, con una bonificación del 20% en 2027 para quienes reciclen correctamente, según la información municipal recogida por Cadena SER.
Dicho de otra forma: el nuevo sistema no elimina el coste de la basura. Lo que intenta es repartirlo con más lógica. Quien separa mejor puede aspirar a pagar menos o recuperar parte de la subida; quien use mal el servicio puede acabar sosteniendo más coste para todos.

El punto delicado: áreas cerradas, horarios y grandes generadores
El cambio más visible está en la calle. Ontinyent prevé retirar alrededor de 200 contenedores y recuperar espacio urbano, con el objetivo de reducir focos de suciedad y evitar que el contenedor abierto funcione como punto de acumulación.
En las zonas diseminadas, el modelo pasa por 26 áreas cerradas con acceso controlado. Cada vivienda tendrá asignada inicialmente un área según su zona de influencia, los espacios podrán abrirse todos los días a cualquier hora y dentro habrá contenedores para orgánica, envases, papel y cartón, resto y textil sanitario; el vidrio quedará fuera. El Ayuntamiento justifica este sistema por la necesidad de evitar vertidos de personas de fuera del municipio y mejorar el cuidado de las áreas.
Para el vecino, esto tiene dos caras. Por un lado, puede reducir basura fuera de sitio, malos olores y saturación en puntos abiertos. Por otro, exige más disciplina: separar bien, seguir el calendario, usar cubos, respetar horarios y entender qué va en cada fracción. Si el sistema falla en información, accesibilidad o respuesta a incidencias, el coste no será solo ambiental; será de tiempo, comodidad y convivencia.
También hay una lectura empresarial local. El Ayuntamiento trabaja con 248 grandes productores, como comercios, restaurantes o farmacias, que necesitarán asesoramiento específico para organizar separación y recogida. Para estos negocios, la basura deja de ser un trámite invisible y pasa a ser un coste operativo más, junto a proveedores, cobros, TPV o financiación diaria. En ese contexto, puede tener sentido revisar herramientas de gestión como los mejores bancos para autónomos o los mejores bancos para pequeñas empresas si el negocio necesita ordenar mejor pagos, recibos y costes recurrentes.
Más personal y flota nueva, pero el examen será el servicio diario
El contrato gestionado por Fovasa incorpora más recursos que el sistema anterior: 44 operarios, nueve camiones recolectores, tecnología inteligente y nuevos servicios. La plantilla pasa de 23 a 44 operarios, según la información publicada por la compañía y medios especializados.
Eso importa porque una reforma de residuos no se mide solo por la norma. Se mide por si la basura se recoge cuando toca, si las incidencias se resuelven rápido, si las personas mayores pueden adaptarse, si los comercios no se quedan con residuos acumulados y si los puntos cerrados no se convierten en nuevos focos de conflicto.
El dato positivo es que el 90% de la ciudadanía estaría participando correctamente en el nuevo modelo durante las primeras semanas, con una reducción del 41,9% en fracción resto, orgánica casi cuadruplicada y envases ligeros multiplicados por más de tres.
El matiz es igual de importante: las primeras semanas sirven para detectar tendencia, no para dar el sistema por consolidado. Ontinyent tendrá que demostrar que el modelo aguanta fines de semana, verano, picos de actividad, barrios con población mayor, zonas diseminadas y grandes productores.
El cambio puede mejorar la limpieza y reducir el coste de enviar residuos al vertedero. Pero la prueba real estará en algo más cotidiano: que el vecino entienda qué debe hacer, que el comercio pueda cumplir sin asumir una carga desproporcionada y que el recibo refleje, con transparencia, los ahorros que el municipio dice estar consiguiendo.









