Lebrija prueba un riego más eficiente para proteger el tomate industrial y sus costes

El Ifapa ha mostrado en Lebrija ensayos de riego y fertirrigación sostenible para tomate de industria. La noticia importa porque el agua no es solo un asunto agrícola: condiciona costes, producción, empleo local y la capacidad de una cooperativa para mantener actividad cuando vuelve la presión climática.
Lebrija prueba un riego más eficiente para proteger el tomate industrial y sus costes
Lebrija prueba un riego más eficiente para proteger el tomate industrial y sus costes

Qué ha presentado la Junta en Lebrija

El Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica ha celebrado una jornada demostrativa en una parcela experimental del Sector B-XII de la cooperativa Las Marismas de Lebrija. La actividad se dirigió a agricultores y técnicos de la comarca, con el objetivo de trasladar al campo ensayos sobre riego, fertirrigación y manejo del tomate de industria en condiciones reales de cultivo.

La clave no está en una nueva fábrica ni en una gran inversión anunciada, sino en algo más silencioso y decisivo para el margen agrícola: cómo producir tomate industrial usando mejor el agua y los fertilizantes. El ensayo compara estrategias de riego basadas en distintos coeficientes de cultivo, calcula necesidades hídricas a partir de la evapotranspiración y la previsión meteorológica, y usa sensores de humedad e imágenes espectrales para seguir el vigor de la planta.

También se comparan doce variedades comerciales de tomate de industria. Esto es importante porque no todas las variedades responden igual ante menos agua, calor o cambios en la fertilización. Para el agricultor, elegir mal puede significar más coste, menor rendimiento o peor calidad industrial. Para la cooperativa, puede afectar al volumen que entra en fábrica y a la calidad del concentrado final.

Por qué importa para agricultores, cooperativas y bolsillo

El tomate de industria no es el tomate fresco que el consumidor compra en una bandeja. Es materia prima para concentrado, salsas, pizzas, platos preparados y otros productos alimentarios. Por eso, aunque el lector no vea “tomate de Lebrija” en una etiqueta del supermercado, sí puede acabar pagando las consecuencias si suben los costes de producirlo, transformarlo o transportarlo.

En este tipo de cultivo, el agua funciona casi como una línea de crédito invisible. Cuando hay dotación suficiente, el agricultor puede sembrar, planificar y entregar producto. Cuando falta, la superficie cae, la fábrica trabaja menos, el empleo se resiente y la economía local pierde actividad. No es teoría: en 2024, Las Marismas de Lebrija volvió a abrir su fábrica tras dos campañas cerrada por la sequía, una situación que había llevado a expedientes de regulación de empleo y a productores a abandonar el cultivo o moverse a zonas con más agua.

Por eso conviene mirar más allá del comunicado. Si estos ensayos acaban demostrando que se puede reducir consumo de agua sin perder producción ni calidad, el impacto práctico puede ser relevante: menor presión sobre costes, más seguridad para planificar campañas, más estabilidad para trabajadores temporales y más capacidad para que agricultores y cooperativas defiendan márgenes.

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El dato importante: aún no hay conclusión definitiva

Los resultados preliminares apuntan a que, según el coeficiente de cultivo aplicado, reducir el volumen de agua no ha provocado diferencias significativas en los índices espectrales de la cubierta vegetal. Traducido: de momento, las plantas con menor consumo de agua mantienen un desarrollo vegetativo similar. Pero eso todavía no equivale a decir que el ahorro esté plenamente demostrado.

La prueba real llegará después de la recolección. Ahí se medirán producción por parcela, calidad del fruto, rendimiento y calidad de la pasta de tomate procesada, además de la eficiencia en el uso del agua y los fertilizantes. Hasta entonces, lo prudente es hablar de un ensayo prometedor, no de una solución cerrada.

Este matiz importa para el dinero real. Un agricultor no decide solo por el vigor visual de la planta. Decide por kilos, calidad, costes, riesgo y precio final. Si el sistema ahorra agua pero reduce rendimiento o empeora calidad industrial, la mejora puede no compensar. Si mantiene producción y calidad con menos agua y fertilizante, entonces sí puede abrir una ventaja económica clara.

Qué puede cambiar en Lebrija si el ensayo funciona

Lebrija no aparece aquí como una ubicación decorativa. La cooperativa Las Marismas de Lebrija está en el polígono industrial Las Marismas y trabaja con productos como concentrado de tomate, hortícolas, algodón, cereales y proteicos. También ofrece servicios de riego, asesoramiento técnico, suministros y apoyo administrativo a agricultores, lo que muestra que el efecto de una campaña agrícola no se queda en la parcela.

Cuando hay campaña, se mueve más que tomate. Hay trabajo en campo, transporte, fábrica, mantenimiento, talleres, suministros, asesoría, contratación temporal y actividad para negocios cercanos. En 2024, la fábrica llegó a trabajar de nuevo tras dos años parada, con una campaña ligada al Bajo Guadalquivir y con impacto laboral local.

Si el ensayo ayuda a estabilizar campañas futuras, puede reducir una de las mayores incertidumbres de la zona: depender demasiado de que el año hidrológico acompañe. Pero no debe exagerarse. No hay todavía una cifra confirmada de ahorro económico por hectárea, ni datos definitivos de producción, ni impacto laboral asociado al proyecto. La lectura útil es más concreta: Lebrija está probando herramientas para que el cultivo sea menos vulnerable al agua disponible.

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Una tecnología pequeña para una decisión grande

La Red de Información Agroclimática de Andalucía ya facilita datos meteorológicos para calcular necesidades de agua y programar riegos, incluyendo variables como temperatura, humedad, viento, radiación y lluvia. Esa información permite estimar la evapotranspiración de referencia, una pieza básica para decidir cuándo y cuánto regar.

El ensayo de Lebrija baja esa lógica al terreno: sensores, imágenes y riego por pulsos para ajustar decisiones. Puede sonar técnico, pero la pregunta es muy sencilla: ¿puede un agricultor gastar menos agua y fertilizante sin producir peor?

Para agricultores y cooperativas, esa respuesta puede afectar a inversiones, planificación de campaña y liquidez. Para autónomos agrarios y pequeñas empresas de la zona, también conviene mirar los costes financieros y operativos de la actividad: una buena gestión de cuentas para autónomos o la comparación de bancos y cuentas para autónomos no sustituye al agua, pero sí ayuda a ordenar cobros, pagos, impuestos y gastos cuando una campaña depende de márgenes estrechos.

El proyecto de investigación asociado entre Ifapa y Las Marismas de Lebrija S.C.A. tiene fecha de inicio el 18 de febrero de 2025 y finalización prevista el 31 de diciembre de 2027. El contrato oficial recoge como objetivos caracterizar la eficiencia del agua y la fertilización, optimizar producción y calidad, adaptar procesos de digitalización y detectar mejoras; también fija una contraprestación de 81.000 euros más IVA a abonar por la cooperativa al Ifapa.

Para el lector, la noticia no es que una administración haya organizado una jornada. La noticia es que el tomate industrial del Bajo Guadalquivir necesita producir con menos incertidumbre. Y ahí cada dato cuenta: agua ahorrada, fertilizante ajustado, kilos obtenidos, calidad industrial y empleo que pueda sostenerse campaña tras campaña.

Esta noticia ha sido elaborada por Alejandro Borja.

 
Alejandro Borja

Alejandro Borja

Especialista

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Especialista en inversión, plataformas y decisiones financieras a largo plazo.