Qué ha cambiado en Almussafes
Ford y Geely han anunciado una empresa conjunta en la planta valenciana de Almussafes para fabricar vehículos de ambas marcas. La estructura prevista deja a Ford con el 66% y a Geely con el 34%, pendiente todavía de las aprobaciones regulatorias. La sociedad empezaría a operar en la primera mitad de 2027 y los nuevos modelos saldrían de la línea de producción a partir de 2028.
La noticia importa porque Almussafes no es una fábrica cualquiera. Es uno de los grandes pulmones industriales de la Comunitat Valenciana y llevaba años marcada por una pregunta incómoda: qué productos tendría para mantener actividad, empleo y proveedores en un mercado europeo cada vez más duro.
El plan incluye cinco vehículos: el Kuga híbrido enchufable, un nuevo SUV de la familia Bronco, dos SUV eléctricos de Geely y un crossover multienergía desarrollado de forma conjunta. La planta tiene una capacidad potencial cercana a 500.000 unidades al año, aunque Ford había reducido mucho su presencia en Europa y la producción de Valencia cayó por debajo de 100.000 vehículos en 2025, según AP.
El dato financiero más llamativo es el importe atribuido a Geely: 221 millones de euros por el 34% de la nueva sociedad, lo que valoraría la factoría en unos 650 millones. Es una cifra publicada por medios valencianos y nacionales a partir de la comunicación al regulador de Hong Kong, pero conviene verificarla manualmente contra el documento original antes de publicación.
Por qué no es solo una noticia de coches
Para el lector, la clave no está solo en saber si Geely fabrica en España. La clave está en qué puede cambiar para el empleo, los proveedores, los talleres, los concesionarios y la economía local.
Almussafes puede ganar estabilidad industrial si la planta recupera volumen. Más modelos suelen significar más horas de producción, más necesidad de componentes, más logística y más actividad para empresas auxiliares. Pero hay un matiz importante: una alianza con un fabricante chino también obliga a los proveedores locales a competir en coste, calidad y velocidad frente a cadenas asiáticas muy eficientes.
Esa es la parte menos cómoda de la noticia. Si los coches se montan en Valencia, no significa automáticamente que toda la cadena de valor se quede en Valencia. El impacto real dependerá de cuántos componentes se compren cerca, qué procesos se localicen, qué empleo se contrate y qué parte de la tecnología venga ya cerrada desde fuera.
El clúster valenciano de automoción ha recibido el acuerdo como una oportunidad para recuperar actividad, aunque también ha señalado la preocupación de proveedores por la posible llegada de componentes desde Asia. Ese será uno de los puntos que más importen para autónomos, pymes industriales y empresas de servicios de la zona.
Para un trabajador de la comarca, la diferencia entre “se fabricarán cinco modelos” y “se crearán empleos de calidad” no es menor. Ford y Geely hablan de estabilidad y potencial de crecimiento, pero el aumento concreto de plantilla no está detallado. Presentarlo como empleo ya creado sería exagerar.

Sagunto añade la pieza de las baterías, pero con más incertidumbre
La segunda parte de la historia está en Sagunto. PowerCo, la filial de baterías del Grupo Volkswagen, construye allí una gigafactoría que oficialmente supone más de 3.000 millones de euros de inversión y más de 3.000 empleos directos previstos. La capacidad inicial anunciada es de 40 GWh al año, con posibilidad de ampliarse a 60 GWh.
En los últimos días ha aparecido Gotion, fabricante chino de baterías, como posible socio en el proyecto. La Tribuna de Automoción publicó que las negociaciones estaban avanzadas e incluso habló de una posible toma de control mediante una joint venture. Sin embargo, PowerCo ha trasladado a Europa Press y a El Español que no tiene intención de ceder el control de la gigafactoría, aunque sí reconoce que evalúa posibles colaboraciones con socios.
Esta diferencia es importante. No es lo mismo que Gotion entre como proveedor, que como socio minoritario, que como controlador de la planta. Cada escenario cambia la lectura para Valencia: inversión, decisiones industriales, compras locales, tecnología, gobernanza y relación con Volkswagen.
La gigafactoría de Sagunto es una pieza clave porque conecta la fabricación de coches eléctricos con la producción de baterías. Si Valencia logra tener vehículos en Almussafes y baterías en Sagunto, gana una posición más completa dentro de la cadena del coche eléctrico. Pero una cosa es el mapa industrial y otra la realidad: la planta aún está en construcción, su calendario ha sufrido ajustes y la operación con Gotion no está confirmada.
Qué puede cambiar para empleo, proveedores y vivienda
El impacto más directo puede verse en tres capas.
La primera es el empleo industrial. Almussafes necesita carga de trabajo y Sagunto necesita perfiles técnicos para baterías, mantenimiento, química, automatización, logística y calidad. Para muchos trabajadores jóvenes, FP industrial y perfiles técnicos pueden ganar valor si ambos proyectos avanzan.
La segunda capa son los proveedores. Una fábrica de coches y una gigafactoría no viven solas. Necesitan transporte, mantenimiento, ingeniería, embalaje, limpieza técnica, seguridad, energía, alimentación, formación y servicios. Ahí pueden aparecer oportunidades para empresas locales, pero no serán automáticas: las exigencias de coste y calidad en automoción son muy altas.
La tercera capa es la economía cercana. Sagunto ya ha pedido más inversión en servicios públicos ante la presión que puede generar la gigafactoría sobre vivienda, transporte, educación y sanidad. Cuando llega una gran inversión industrial, el municipio puede ganar empleo y actividad, pero también sufrir más presión sobre alquileres, tráfico y servicios si la planificación pública no acompaña.
Para pequeños inversores, la lectura también debe ser prudente. La entrada de grupos chinos en la industria valenciana no convierte automáticamente a ninguna compañía en una buena inversión. Quien quiera mirar esta tendencia desde una cartera debe separar noticia industrial de decisión financiera, comparar riesgos y entender bien productos como los ETFs de China o los ETFs de energía renovable antes de asumir exposición temática.
La pregunta útil, por tanto, no es si Geely y Gotion “salvan” la industria valenciana. La pregunta es más concreta: cuánta producción se queda aquí, qué empleo se crea de verdad, qué proveedores entran en la cadena y qué parte del valor industrial se decide desde Valencia.
Si Almussafes recupera volumen y Sagunto consolida baterías, la Comunitat Valenciana puede reforzar su papel en el coche eléctrico europeo. Pero el lector debe quedarse con el matiz: Geely ya tiene un acuerdo anunciado y pendiente de aprobación; Gotion, por ahora, está en una negociación no cerrada.









