La IA también mueve empresas que no parecen tecnológicas: qué mirar en cartera

La fiebre por la inteligencia artificial ya no se juega solo en chips, modelos o grandes tecnológicas. También está moviendo electricidad, refrigeración, automatización industrial, cableado y servicios de control, un ángulo que puede interesar al inversor, pero exige mirar valoración, costes y riesgo de concentración.
Centro de datos y red eléctrica el lado menos visible de la IA para el inversor.
Centro de datos y red eléctrica el lado menos visible de la IA para el inversor.

La novedad está en los cuellos de botella de la IA

La inteligencia artificial se suele explicar desde la parte más visible: Nvidia, Microsoft, Meta, Alphabet, Amazon, chips, modelos y servicios en la nube. Pero la noticia de fondo es menos vistosa y bastante más física: para que la IA funcione hacen falta centros de datos, energía, transformadores, sistemas de refrigeración, fibra, mantenimiento y permisos.

La Agencia Internacional de la Energía calcula que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos podría más que duplicarse hasta unos 945 TWh en 2030, con la IA como principal motor del aumento. Además, la propia AIE señaló que la demanda eléctrica de los centros de datos subió un 17% en 2025, muy por encima del crecimiento global de la electricidad.

Esto cambia el ángulo para el inversor. La pregunta no es solo qué empresa gana la carrera de la IA, sino qué negocios cobran peaje aunque el ganador final no esté claro. Ahí aparecen compañías de gestión energética, electrificación, equipos eléctricos, refrigeración, construcción de redes, automatización industrial o inspección técnica. No son “empresas de IA” en el sentido popular, pero pueden estar expuestas a parte del gasto que la IA obliga a hacer.

Vender la infraestructura no elimina el riesgo

Schneider Electric, Eaton, ABB, Vertiv, Prysmian, GE Vernova o Quanta Services son algunos ejemplos de compañías que el mercado está mirando por su conexión con centros de datos, electrificación, potencia eléctrica o infraestructura crítica. No todas son iguales, no todas tienen la misma calidad y, sobre todo, no todas están baratas por el simple hecho de beneficiarse de una tendencia atractiva.

Schneider Electric dijo en sus resultados de 2025 que la demanda final se aceleró en el cuarto trimestre, liderada por centros de datos, industria e infraestructura; Eaton también cita electrificación, digitalización y crecimiento en centros de datos e IA como oportunidades estructurales; Vertiv se presenta en sus informes como proveedor de soluciones de energía y refrigeración para infraestructura de alta densidad; y GE Vernova señala que los centros de datos serán un impulsor relevante de la demanda de turbinas de gas.

El matiz es importante. Que una empresa esté bien colocada no significa que su acción sea automáticamente una buena inversión. Si el mercado ya ha pagado por adelantado varios años de crecimiento, el inversor puede comprar un buen negocio a un precio exigente. Y eso, a largo plazo, importa mucho.

Para quien invierte desde España, además, muchas de estas compañías cotizan fuera del mercado español. Eso obliga a revisar comisiones de compraventa, cambio de divisa, custodia, fiscalidad de dividendos extranjeros y facilidad para declarar la información. Antes de elegir plataforma, conviene comparar costes y mercados disponibles; en Finantres puedes revisar la guía de mejores brokers para invertir en ETFs si prefieres acceder a estas tendencias mediante fondos cotizados en lugar de acciones sueltas.

Automatización: el otro lado menos evidente de la tendencia

Con la robótica pasa algo parecido. El foco mediático se lo llevan los robots humanoides y los vídeos llamativos. Pero una fábrica automatizada depende de piezas mucho menos espectaculares: sensores, visión artificial, motores, software industrial, mantenimiento, sistemas de control y equipos de medición.

El informe World Robotics 2025 de la International Federation of Robotics recoge que en 2024 se instalaron 542.000 robots industriales en el mundo, más del doble que diez años antes, y que las instalaciones anuales superaron las 500.000 unidades por cuarto año consecutivo.

Aquí entran compañías como Keyence, Cognex, Siemens, Rockwell Automation, ABB, Fanuc, Yaskawa, Daifuku, AutoStore o Kion. De nuevo, no como lista de compra, sino como zonas de investigación. Keyence, por ejemplo, destaca en sensores, visión artificial y medición; en su informe anual de 2025 muestra productos como sensores de visión con IA, una señal de cómo la automatización también está incorporando software y datos en tareas industriales concretas.

La consecuencia práctica es sencilla: el inversor no tiene por qué perseguir siempre la empresa más obvia de una moda. A veces, una tendencia se puede estudiar desde los proveedores que hacen posible esa tendencia. Eso no reduce el riesgo a cero, pero puede abrir una forma más amplia de pensar una cartera.

Qué debe mirar el inversor antes de llevar esta idea a su cartera

El primer filtro debería ser la concentración. Comprar tres o cuatro acciones industriales vinculadas a centros de datos no equivale a tener una cartera diversificada. Puede parecer una forma indirecta de invertir en IA, pero el riesgo de valoración, ciclo industrial, divisa, tipos de interés y ejecución sigue ahí.

El segundo filtro es el vehículo. Una opción es analizar acciones concretas. Otra es usar ETFs temáticos, sectoriales o de infraestructura, entendiendo que también tienen costes, composición, divisa, liquidez y concentración. Para ampliar el análisis, puedes revisar las guías de mejores ETFs de IA, mejores ETFs del sector tecnológico o mejores ETFs de energía, siempre comprobando qué hay realmente dentro de cada fondo.

El tercer filtro es no confundir narrativa con tesis. Una empresa puede estar expuesta a IA, automatización o electrificación y, aun así, tener márgenes bajo presión, deuda elevada, dependencia de pocos clientes o una valoración demasiado optimista. El riesgo no desaparece por invertir “en la infraestructura” de una tendencia: simplemente cambia de forma.

La idea útil no es comprar cualquier compañía que suene a centros de datos o robótica. Es mirar más allá del titular, entender qué parte del negocio se beneficia realmente, cuánto se está pagando por ese crecimiento y qué peso tendría dentro de una cartera diversificada. En inversión, muchas veces el futuro no se gana por acertar la moda, sino por no pagar demasiado por ella.

Esta noticia ha sido elaborada por Miguel Cano Jiménez.

Miguel Cano Jiménez

Miguel Cano Jiménez

Especialista

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Especialista en ETFs e inversión indexada a largo plazo.

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