Qué ha empezado ahora en la A-5
El nuevo paso de las obras del soterramiento de la A-5 consiste en trasladar parte de la tierra acumulada en las colinas artificiales del futuro Paseo Verde del Suroeste para cubrir los enlaces o pasos inferiores de Batán, Los Yébenes y Boadilla. Según el Ayuntamiento de Madrid, esos tres pasos empezarán a cubrirse en julio y quedarán tapados por completo en septiembre.
La tierra procede de la excavación de los dos túneles que soterran la autovía de Extremadura, cuya excavación quedó finalizada el 25 de mayo. En la parcela de la antigua subestación de Iberdrola se llegaron a acumular 170.000 metros cúbicos de tierra, con montañas de hasta 18 metros de altura. Ahora esas colinas se rebajarán hasta unos 6 metros.
La actuación se concentra en Madrid capital, especialmente en el eje de Latina y Moncloa-Aravaca, una zona donde la A-5 ha separado durante décadas barrios como Lucero, Aluche, Las Águilas, Campamento y Casa de Campo. Para los vecinos, la clave está en si la obra termina reduciendo barreras, ruido y rodeos peatonales sin añadir nuevas molestias durante los próximos meses.
Por qué importa para el bolsillo y la movilidad diaria
El soterramiento de la A-5 no cambia una tarifa ni una ayuda pública, pero sí puede afectar al coste real de vivir y moverse por esta zona de Madrid. Cuando una obra reduce tiempos, mejora conexiones peatonales o facilita el acceso al transporte público, también cambia la organización diaria de familias, trabajadores, estudiantes y comercios.
El Ayuntamiento mantiene que el futuro Paseo Verde del Suroeste convertirá el actual corredor de carretera en un eje verde de 3,2 kilómetros y 100.000 metros cuadrados, con una inversión superior a 400 millones de euros. También prevé 33 nuevas conexiones peatonales frente a las 16 actuales y un carril bici bidireccional de 3,5 kilómetros conectado con avenida de Portugal y Madrid Río.
Para una familia de Latina o Campamento, esto puede pesar tanto como una decisión de transporte. Menos rodeos para cruzar la zona, más accesos a pie o en bici y mejor conexión con espacios como Casa de Campo o la Cuña Verde pueden mejorar calidad de vida. Pero durante la obra el efecto es mixto: cortes, desvíos, menos capacidad viaria y más necesidad de planificar desplazamientos.
El propio plan municipal de movilidad recuerda que, durante las obras principales, la A-5 reduce su capacidad a dos carriles por sentido y limita la velocidad a 50 km/h en la zona afectada. También recomienda usar transporte público, evitar circular por el entorno cuando sea posible y planificar rutas alternativas.

Los barrios que más pueden notar la obra
La geografía importa. Esta no es una obra repartida por toda la Comunidad de Madrid, sino una intervención muy concreta sobre el tramo urbano de la A-5. Afecta sobre todo al suroeste de la capital, con especial peso en Latina y el entorno de Casa de Campo.
Los barrios de Lucero, Aluche, Las Águilas y Campamento han convivido durante años con una autovía que condiciona cruces, ruido, accesos y movilidad local. El Ayuntamiento sostiene que el futuro corredor naturalizado conectará con Madrid Río, Casa de Campo y Cuña Verde de Latina, y que los más de 80.000 vehículos diarios que circulan por el asfalto quedarán cubiertos por el subterráneo.
Para los comercios de proximidad, la lectura es prudente. Una obra de esta escala puede restar comodidad durante meses, sobre todo si complica accesos, aparcamiento o rutas habituales. Pero si la superficie final gana tránsito peatonal, zonas estanciales y mejor conexión entre barrios, también puede mejorar la actividad local a medio plazo. El matiz está en los plazos reales y en cómo se gestionen las afecciones.
Qué conviene vigilar hasta septiembre
El siguiente punto importante será comprobar si los pasos de Batán, Boadilla y Yébenes quedan cubiertos en septiembre, como prevé el Ayuntamiento. También habrá que seguir la fase interior del túnel, prevista a partir de agosto, con trabajos de losa inferior, paneles, cuartos técnicos, instalaciones, iluminación y sistemas de mensajería variable.
Para vecinos y conductores, lo práctico es revisar los desvíos antes de cada desplazamiento. El plan municipal recoge afecciones a pasos peatonales, itinerarios alternativos, cambios de circulación y estacionamiento puntual en algunas calles del entorno. En obras largas, el coste no siempre aparece en euros: también se nota en tiempo, combustible, retrasos y organización familiar.
La retirada de tierra no cierra la obra, pero sí marca un cambio visible: las colinas dejan de ser un acopio provisional y empiezan a integrarse en el futuro paseo. Para el bolsillo de quienes viven o trabajan cerca, la cuestión será si la mejora urbana compensa las molestias acumuladas y si la movilidad diaria empieza a ganar más de lo que pierde.









