La comisión ya no decide sola
Durante años, la comparación parecía sencilla. El ETF solía ganar por coste y el fondo indexado por fiscalidad. Ahora esa frontera se ha movido. La aparición de clases de fondos indexados con TER muy bajos para el inversor particular en España, como las nuevas clases de iShares comercializadas por MyInvestor, reduce una parte importante de la ventaja tradicional del ETF.
BlackRock detalla en su ficha del iShares US Index Fund (IE) Class S que el fondo busca replicar la renta variable estadounidense y compara su rentabilidad con el S&P 500. MyInvestor, por su parte, anunció en septiembre de 2025 la comercialización de fondos indexados de iShares clase S con costes totales del 0,05% para el fondo ligado al mercado estadounidense y del 0,06% para el Developed World.
Eso cambia la conversación. Si un fondo indexado ya puede competir con un ETF en costes anuales, el inversor español no debería mirar solo el TER. Debe mirar también fiscalidad, comisiones de intermediación, frecuencia de aportaciones, divisa, liquidez y facilidad para rebalancear la cartera.
Para quien compara productos concretos, una buena primera parada sigue siendo revisar una selección de mejores ETFs y contrastarla con fondos indexados equivalentes antes de decidir.

La ventaja fiscal del fondo sigue ahí
La Agencia Tributaria mantiene vigente el régimen especial de diferimiento fiscal para los fondos de inversión que cumplen los requisitos. En la práctica, esto permite traspasar de un fondo a otro sin computar la ganancia o pérdida patrimonial en ese momento. Las nuevas participaciones conservan el valor y la fecha de adquisición de las anteriores.
La CNMV lo explica de forma clara: los traspasos entre fondos no tienen efectos fiscales inmediatos en el IRPF, siempre que el dinero no quede a disposición del inversor y se cumplan las condiciones. Esa ventaja es especialmente relevante en carteras de largo plazo, donde el inversor puede necesitar cambiar de un fondo global a otro, ajustar renta variable y renta fija o modificar la exposición por edad, riesgo o costes.
El punto clave es que ese régimen no se aplica, con carácter general, a los fondos cotizados. La Agencia Tributaria indica que el diferimiento no resulta aplicable cuando la transmisión o adquisición tenga por objeto participaciones de fondos de inversión cotizados o instrumentos análogos, con independencia del mercado en el que coticen. Desde el 1 de enero de 2022, ese tratamiento se extendió también a ETF extranjeros similares.
En España, por tanto, vender un ETF con ganancias suele obligar a pasar por la base del ahorro del IRPF. Para 2025, la escala estatal de la base del ahorro va del 19% al 30%, con el tipo máximo para bases superiores a 300.000 euros. País Vasco y Navarra tienen particularidades propias.

El ETF gana atractivo, pero no siempre gana la cuenta
Los ETF siguen teniendo ventajas reales. Cotizan en bolsa, permiten comprar y vender durante la sesión, suelen ofrecer una gama enorme de exposiciones y algunos productos UCITS tienen costes muy bajos. El Invesco S&P 500 UCITS ETF Acc, por ejemplo, muestra en su ficha de abril de 2026 una comisión corriente del 0,05% anual, réplica sintética, acumulación, domicilio en Irlanda y cumplimiento UCITS.
También hay ETF con campañas comerciales cada vez más agresivas. Bankinter anunció en marzo de 2026 un acuerdo con Vanguard para ofrecer ETF de bajo coste sin comisión de compra a través de su bróker, dentro de una propuesta de compra periódica. En sus tarifas públicas aparecen ETF promocionados con comisión de compra de 0 euros, aunque otros ETF mantienen costes de compraventa, cánones y custodia según mercado, importe y condiciones.
Ahí está el matiz que muchos inversores pasan por alto. Un ETF barato no es solo su TER. Hay que sumar la comisión de compra, la de venta, el diferencial entre precio de compra y venta, la custodia si existe, el cambio de divisa si aplica y la fiscalidad cuando se vende. Para aportaciones pequeñas y frecuentes, esos costes operativos pueden comerse parte de la ventaja anual.
En cambio, el fondo indexado suele comprarse a valor liquidativo, sin cotización intradía y sin spread de mercado. Puede ser menos flexible, pero permite aportaciones exactas y traspasos fiscales si cumple los requisitos. Para una cartera de acumulación a largo plazo, esa simplicidad puede ser más valiosa que una diferencia mínima de comisión.
Quien invierta con horizonte de décadas debería revisar también opciones de ETFs para invertir a largo plazo, pero sin olvidar que en España la fiscalidad puede cambiar la comparación frente a un fondo equivalente.

La respuesta depende del uso que vaya a tener en cartera
Si el inversor compra un ETF UCITS muy barato, no piensa tocarlo durante muchos años y opera con un bróker de costes bajos, el ETF puede ser una opción eficiente. Esto es especialmente cierto en exposiciones donde no hay un fondo indexado equivalente competitivo o donde el ETF ofrece más liquidez, más variedad o mejor acceso.
Pero si el inversor quiere construir una cartera que irá rebalanceando, traspasando o ajustando con el tiempo, el fondo indexado conserva una ventaja difícil de ignorar. No porque siempre sea más barato, sino porque permite mover la inversión sin realizar fiscalmente las plusvalías mientras se mantenga dentro del régimen de traspasos.
La comparación se ve muy clara en carteras globales. Un ETF del S&P 500 o del MSCI World puede tener un TER bajísimo, pero un fondo indexado de coste similar y traspasable puede facilitar cambios futuros sin peaje fiscal inmediato. Para quien esté mirando exposición estadounidense, tiene sentido comparar también los mejores ETFs S&P 500 con fondos indexados que repliquen el mismo mercado.
La decisión no debería resumirse en “ETF barato” frente a “fondo fiscalmente mejor”. La pregunta correcta es otra: qué producto encaja mejor con la forma en que el inversor va a aportar, rebalancear, vender y cambiar su cartera durante los próximos años.
Para el inversor español, las nuevas comisiones ultrabajas hacen que el fondo indexado vuelva a competir también por precio. El ETF sigue siendo una herramienta muy potente, pero la ventaja fiscal del fondo traspasable continúa siendo el filtro que puede inclinar la balanza.







