Marruecos cambia el asfalto por pavimentos permeables: la lección que España podría mirar

Marruecos está poniendo el foco en una idea que España no debería tratar como algo lejano: cambiar parte del asfalto tradicional por pavimentos permeables para reducir calor urbano y gestionar mejor la lluvia. La medida afecta al gasto público, a las constructoras, a los vecinos y al coste futuro de adaptar las ciudades.
Marruecos cambia el asfalto por pavimentos permeables
Marruecos cambia el asfalto por pavimentos permeables

Qué está haciendo Marruecos y por qué importa

El movimiento ha ganado atención después de que El Español publicara que Marruecos está sustituyendo progresivamente asfalto convencional por pavimentos permeables en ciudades como Marrakech y Agadir, con el objetivo de reducir el efecto isla de calor y facilitar que el agua de lluvia se infiltre en el terreno. La propia información matiza que no se trata tanto de crear “acuíferos artificiales” como de favorecer la recarga natural del subsuelo.

La clave no está solo en el material. Está en el cambio de mentalidad: el suelo urbano deja de verse como una superficie que solo sirve para circular o aparcar y pasa a tener una función climática, hidráulica y económica.

Marrakech ya cuenta, además, con un proyecto de ciudad sostenible apoyado por el Ministerio marroquí de Transición Energética y Desarrollo Sostenible, el PNUD y financiación del Fondo para el Medio Ambiente Mundial. El proyecto busca impulsar soluciones de bajas emisiones y basadas en la naturaleza en movilidad, residuos, biodiversidad, energía y acción climática.

Para España, la lectura práctica es clara. Las ciudades que más sufren calor, lluvias intensas o redes de saneamiento tensionadas tendrán que decidir si siguen pagando solo reparaciones después de cada episodio extremo o si empiezan a invertir más en prevención.

La factura no está solo en la obra, sino en no hacer nada

Un pavimento permeable puede parecer una cuestión técnica, pero tiene impacto directo en el bolsillo público. Si una calle absorbe mejor el agua, puede reducir escorrentías, aliviar alcantarillado y limitar daños en episodios de lluvia. Si además ayuda a bajar temperatura en zonas duras de la ciudad, puede mejorar el confort en calles, plazas, comercios y viviendas.

España ya reconoce estos sistemas dentro de los Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible. El Ministerio para la Transición Ecológica define los SUDS como elementos superficiales, permeables y previos al saneamiento, destinados a filtrar, retener, transportar, acumular, reutilizar e infiltrar agua de lluvia. Entre sus tipologías incluye pavimentos permeables, jardines de lluvia, canales permeables, cubiertas ecológicas y humedales.

Esto importa porque cada euro que un ayuntamiento dedica a adaptar calles compite con otras partidas: limpieza, transporte, vivienda, colegios, seguridad o impuestos municipales. Pero también es verdad lo contrario: no invertir puede salir caro si las lluvias fuertes saturan redes, dañan bajos, encarecen seguros o obligan a obras de emergencia.

El Reglamento del Dominio Público Hidráulico ya pone el foco en los desbordamientos de los sistemas de saneamiento durante episodios de lluvia y en la necesidad de gestionar mejor las aguas de escorrentía. La reforma de 2023 subraya que estos vertidos pueden causar contaminación relevante incluso en lluvias habituales que superan la capacidad de tratamiento o de colectores.

La pregunta útil no es si España debería copiar a Marruecos de forma literal. Es otra: qué calles, aparcamientos, plazas, patios públicos, polígonos o zonas comerciales pueden dejar de ser superficies impermeables sin comprometer seguridad, mantenimiento y coste.

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Qué cambia para empresas, autónomos y vecinos

Para las empresas de obra civil, fabricantes de materiales, ingenierías, estudios de arquitectura y pequeñas contratas locales, este tipo de proyectos puede abrir un mercado nuevo. No hablamos solo de asfaltar. Hablamos de diseñar drenaje, estudiar suelos, instalar capas filtrantes, mantener superficies y justificar resultados ante administraciones.

Ahí las pymes tienen una oportunidad, pero también una exigencia mayor. Los concursos públicos pueden pedir más solvencia técnica, experiencia ambiental, capacidad financiera y mantenimiento posterior. Para pequeños negocios que trabajan con administraciones, tener buena gestión de tesorería y acceso a financiación puede marcar la diferencia; en ese punto, comparar bancos para pequeñas empresas deja de ser un detalle menor si hay que adelantar materiales, avales o certificaciones.

Para los vecinos, el impacto puede notarse de varias formas. Una calle más permeable puede reducir charcos y escorrentía, pero si se diseña mal puede generar problemas de mantenimiento, colmatación o pérdida de prestaciones. Los pavimentos permeables no son una alfombra mágica que sirva igual para cualquier avenida, rotonda o carretera con tráfico pesado.

La literatura técnica española sobre pavimentos permeables los considera una de las técnicas de drenaje urbano sostenible más valoradas, pero también insiste en criterios de diseño, limpieza, mantenimiento y control de la colmatación.

Ese matiz es importante. El material puede ser bueno, pero la obra solo será útil si se elige bien dónde ponerlo, cómo mantenerlo y qué problema concreto pretende resolver.

España ya tiene piezas del puzzle, pero falta escala

España no parte de cero. Hay guías, normativa técnica de firmes y pavimentos, proyectos locales y conocimiento acumulado. El PG-3 de carreteras se ha ido adaptando a normativa europea, sostenibilidad, nuevos materiales y reutilización de residuos en firmes y pavimentos.

El problema es que muchas decisiones siguen llegando por proyectos aislados, no siempre por una estrategia urbana completa. Una plaza drenante aquí, un aparcamiento permeable allí, una calle piloto en otro municipio. Eso ayuda, pero no basta si las ciudades quieren reducir daños y costes de forma medible.

El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático 2021-2030 marca como objetivo reducir daños presentes y futuros derivados del cambio climático y construir una economía y una sociedad más resilientes. Además, el propio MITECO reconoce que una ola de calor como la de julio de 2022 afecta a salud, agricultura, transporte, energía, ocio y turismo.

Aquí entra el dinero real. Menos sombra, más asfalto y peor drenaje pueden acabar afectando a consumo, hostelería, transporte, comercios, vivienda y salud. Una calle insoportable en julio no solo es un problema ambiental: puede reducir ventas, aumentar gasto energético y empeorar la calidad de vida de quienes no pueden escapar del calor.

Para autónomos y negocios de barrio, la adaptación urbana también puede ser una cuestión de caja. Obras bien planificadas pueden atraer actividad y mejorar el entorno; obras mal coordinadas pueden cortar accesos, reducir ventas y generar costes. Por eso, los proveedores y pequeños negocios que dependan de contratos municipales deberían mirar con lupa plazos, cobros y condiciones bancarias, igual que harían al comparar bancos para autónomos.

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Qué debería vigilar España antes de copiar el modelo

La lección de Marruecos no es “poner pavimento permeable en todas partes”. Sería una mala lectura. Lo prudente es empezar por zonas donde el retorno sea más claro: aparcamientos, aceras anchas, calles de tráfico moderado, patios escolares, plazas duras, entornos comerciales y áreas urbanas con problemas repetidos de escorrentía o calor.

También hay que vigilar el mantenimiento. Un pavimento permeable necesita limpieza, control de sedimentos y diseño compatible con el uso real de la calle. Si se instala y se olvida, puede perder capacidad de infiltración y acabar pareciéndose demasiado al pavimento que pretendía sustituir.

El otro punto clave es la financiación. Estos proyectos pueden apoyarse en presupuestos municipales, fondos autonómicos, ayudas europeas o planes de adaptación. Pero el dinero público debe ir acompañado de medición: temperatura antes y después, volumen de agua infiltrada, reducción de escorrentía, coste de mantenimiento y beneficio para vecinos y negocios.

Para el lector, la noticia no va solo de Marruecos ni de urbanismo sostenible. Va de cómo las ciudades van a gastar dinero para protegerse del calor y las lluvias intensas. Si se hace bien, puede reducir daños, mejorar calles y abrir trabajo para empresas locales. Si se hace mal, será otra obra cara con buen titular y poco impacto real.

Esta noticia ha sido elaborada por Alejandro Borja.

 
Alejandro Borja

Alejandro Borja

Especialista

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Especialista en inversión, plataformas y decisiones financieras a largo plazo.

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