Qué ha cambiado realmente
La historia no va solo de un joven ingeniero catalán frente a Elon Musk. Va de una empresa española, Kreios Space, que intenta abrir un espacio orbital que hasta ahora era demasiado difícil de explotar durante años: la órbita terrestre muy baja, o VLEO por sus siglas en inglés.
Senar fundó la compañía en 2021 junto a otros cinco ingenieros aeroespaciales. La empresa está afincada en Galicia y trabaja en una tecnología de propulsión eléctrica que, según Kreios, permite a los satélites usar partículas de la atmósfera como combustible. Dicho de forma sencilla: satélites que “respiran” aire para no caer tan rápido.
La comparación con Starlink tiene gancho, pero conviene aterrizarla. Senar explica que Starlink opera alrededor de los 340 kilómetros, mientras Kreios aspira a poner satélites a 180 o 200 kilómetros. No hablamos de que mañana un usuario pague menos por internet. Hablamos de una carrera tecnológica que puede afectar a conectividad, defensa, agricultura, logística, vigilancia de incendios y observación de la Tierra.
Por qué importa bajar tanto la órbita
La lógica es bastante intuitiva. Un satélite más cerca de la Tierra puede ver mejor y comunicarse con menos distancia de por medio. Kreios asegura que sus plataformas VLEO pueden ofrecer imágenes hasta tres veces más nítidas y mejor señal directa a dispositivos sin modificar. La empresa también defiende que estas órbitas ayudan a reducir basura espacial persistente, porque los satélites reentran y se queman de forma natural al final de su vida útil.
La parte difícil es mantenerlos ahí. A 200 kilómetros todavía hay atmósfera suficiente para frenar el satélite. Sin propulsión constante, su vida sería muy corta. Kreios dice haber validado la tecnología en laboratorio, pero el propio Senar admite que todavía falta la prueba clave: demostrarla en órbita, prevista para finales de 2027 o principios de 2028.
Esta diferencia es importante para el lector. Una cosa es una tecnología prometedora y otra un negocio ya probado. En empresas de este tipo, el riesgo no está solo en conseguir financiación. Está en convertir una solución de laboratorio en un producto espacial fiable, repetible, asegurado, vendible y capaz de competir contra compañías de Estados Unidos y China.

El dinero: inversión, empleo y soberanía tecnológica
Kreios cerró una ronda semilla de 8 millones de euros en septiembre de 2025, liderada por el NATO Innovation Fund y JOIN Capital, con participación de Grow Venture Partners, Xesgalicia y Tasivia Global. Esa ronda se suma a los 2,3 millones captados en 2024 y se destinará a financiar sus dos primeros satélites de prueba, incluida la demostración en órbita de su motor ABEP.
Para España, el dato relevante no es solo el importe. Ocho millones no convierten a Kreios en un gigante espacial. Pero sí colocan a una startup española en una carrera donde la financiación pública, la defensa, la conectividad y la autonomía tecnológica pesan cada vez más. Cinco Días también señaló que el CDTI y la Agencia Espacial Española han apoyado a la compañía a través del Programa Tecnológico Espacial.
Para el empleo, la lectura debe ser prudente. Kreios hablaba de un equipo de 17 personas tras pasar de proyecto de laboratorio a empresa respaldada por inversores europeos. Es empleo cualificado, pero no hay una cifra pública verificada de nuevas contrataciones masivas. El impacto laboral real dependerá de si la demostración funciona, de si llegan contratos comerciales y de si la compañía consigue escalar producción en España.
Para el inversor particular, la clave es no confundir una historia tecnológica atractiva con una recomendación de compra. Kreios es una startup, no una cotizada accesible en bolsa. Quien quiera analizar empresas aeroespaciales o tecnológicas cotizadas debería empezar por entender cómo invertir en acciones desde España y revisar costes, riesgos y regulación antes de usar cualquier plataforma.
También hay una lectura más amplia. En sectores donde una sola empresa puede dominar una infraestructura crítica, la competencia importa. Si Europa desarrolla tecnología propia para observación y conectividad, puede reducir dependencia de proveedores externos. Eso no garantiza precios más bajos para el consumidor, pero sí puede influir en servicios públicos, seguridad, gestión de emergencias, telecomunicaciones rurales o contratos industriales.
Galicia, Cataluña y lo que conviene vigilar
La historia tiene dos suelos. Uno es Cataluña, por el origen de Senar en Sant Boi de Llobregat y su conexión con la formación aeroespacial. El otro es Galicia, donde Kreios ha situado su actividad y desde donde intenta competir en una industria que normalmente asociamos a Estados Unidos, China o grandes programas europeos.
Para Vigo, Nigrán y el entorno industrial gallego, el potencial está en el empleo cualificado, proveedores técnicos, colaboración universitaria y atracción de inversión deep tech. Pero no conviene exagerar: de momento hablamos de una empresa pequeña, con tecnología aún pendiente de prueba orbital y sin datos públicos suficientes para afirmar un impacto local amplio en vivienda, transporte o servicios.
Para pymes y proveedores españoles, la oportunidad puede aparecer si Kreios pasa de prototipo a producción. Un satélite no es solo software: requiere materiales, electrónica, ensayos, integración, componentes, certificación, ingeniería y logística. Ahí puede haber negocio para empresas especializadas. Pero antes debe llegar la validación en órbita.
Quien mire esta carrera desde el ahorro o la inversión debe mantener una idea sencilla: la tecnología espacial puede crear mucho valor, pero también consume mucho capital y falla más de lo que parece desde fuera. Antes de invertir en compañías del sector, conviene comparar brokers regulados y sus comisiones y valorar si tiene más sentido una exposición diversificada mediante ETFs que apostar por una sola empresa.
La pregunta útil no es si Kreios “dejará obsoleto” a Starlink. Eso hoy sería demasiado rotundo. La pregunta útil es otra: si una empresa española consigue operar satélites durante años en órbitas ultrabajas, qué servicios nuevos puede abrir, qué empleo cualificado puede crear y cuánto tiempo tardará esa promesa en convertirse en negocio real.









