Alphabet anunció en su llamada de resultados del primer trimestre de 2026 que empezará a entregar TPUs a un grupo selecto de clientes para usarlos en sus propios centros de datos, no solo dentro de Google Cloud. Ese es el cambio importante para el inversor: Google ya no quiere que sus chips sean solo una ventaja interna; quiere convertirlos también en producto.
Qué cambia realmente con los chips de Google
Hasta ahora, el relato de la IA en bolsa ha tenido un protagonista casi obligatorio: Nvidia. Sus GPU se han convertido en la infraestructura básica para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial. Quien quería capacidad de cálculo a gran escala terminaba, directa o indirectamente, pasando por su ecosistema.
Google llevaba años usando sus propios TPU, unos chips diseñados específicamente para cargas de inteligencia artificial. La novedad no es que existan. La novedad es que Alphabet empieza a abrir más esa tecnología a terceros, con acuerdos de hardware y nuevas vías de acceso fuera del uso tradicional de Google Cloud.
El movimiento se refuerza con la empresa conjunta anunciada por Blackstone y Google para crear una nueva nube basada en TPUs. Blackstone aportará inicialmente 5.000 millones de dólares y el proyecto espera poner en marcha 500 MW de capacidad en 2027, con Google suministrando TPUs, software y servicios.
Por qué esto importa si tienes Nvidia en cartera
Para el inversor, la pregunta no es si Nvidia va a perder su negocio mañana. No parece el escenario más razonable. Nvidia acaba de presentar unos resultados muy fuertes: en su primer trimestre fiscal de 2027 ingresó 81.600 millones de dólares, con 75.200 millones procedentes de centros de datos y un margen bruto no GAAP del 75%.
La pregunta importante es otra: qué pasa si el mercado empieza a descontar que Nvidia tendrá más competencia real en aceleradores de IA. Cuando una empresa cotiza con expectativas muy altas, no hace falta que el negocio se deteriore para que la acción sufra. A veces basta con que el margen futuro parezca menos intocable.
Este punto afecta también a quien no tiene Nvidia directamente. Muchos inversores españoles la llevan dentro de fondos globales, índices estadounidenses, Nasdaq o productos temáticos. Si quieres revisar esa exposición, tiene sentido mirar qué peso tienen estas compañías en los ETFs de IA o en los ETFs de Estados Unidos que puedas tener en cartera.

Google gana una opción, pero no tiene el partido ganado
El movimiento también cambia la lectura de Alphabet. Google Cloud ingresó 20.000 millones de dólares en el primer trimestre de 2026, un 63% más interanual, dentro de unos ingresos consolidados de Alphabet de 109.900 millones. La compañía también indicó que el backlog de Google Cloud superó los 460.000 millones de dólares, impulsado por la demanda de IA y por acuerdos vinculados a hardware TPU.
Para Alphabet, vender o desplegar TPUs fuera de su nube puede abrir una vía adicional de ingresos. También puede reforzar su posición frente a Microsoft, Amazon y otros proveedores de infraestructura de IA. Pero no convierte a Google automáticamente en “la nueva Nvidia”.
De hecho, algunos neoclouds relevantes, como CoreWeave, Lambda o Nebius, no parecen dispuestos a adoptar TPUs de forma inmediata. Según Data Center Dynamics, estas compañías han señalado que por ahora es poco probable que desplieguen chips de Google, y Nebius indicó que la demanda que ve sigue siendo mayoritariamente para GPU de Nvidia.
El punto clave para el inversor: concentración, márgenes y expectativas
Aquí conviene mirar más allá del titular. CoreWeave, una de las compañías más visibles del negocio neocloud, comunicó casi 100.000 millones de dólares de backlog y más de 1 GW de potencia activa en el primer trimestre de 2026. Es decir, la demanda de infraestructura de IA sigue siendo enorme, pero también exige inversiones gigantescas y depende mucho de qué chips quieran realmente los clientes.
Para una cartera de largo plazo, esto deja tres preguntas prácticas. La primera: cuánto peso real tienes en Nvidia, directa o indirectamente. La segunda: si Alphabet te da exposición a IA con un perfil distinto, más diversificado por búsqueda, publicidad, nube y chips propios. La tercera: si estás comprando una tendencia o una empresa a un precio razonable para el riesgo que asumes.
No se trata de salir corriendo de Nvidia ni de comprar Alphabet porque Google venda TPUs. Eso sería simplificar demasiado. Se trata de entender que la IA ya no es solo una historia de crecimiento: también empieza a ser una historia de competencia, márgenes, gasto en centros de datos, clientes concentrados y ciclos tecnológicos.
Si inviertes mediante productos diversificados, revisar los mejores ETFs para invertir a largo plazo puede ayudarte a comparar exposición, costes y concentración. Y si compras ETFs desde una plataforma, también conviene revisar los brokers para invertir en ETFs, porque las comisiones, la divisa y la operativa también pesan con el tiempo.
La idea útil es sencilla: Google no tumba a Nvidia con este movimiento, pero sí cambia la conversación. Para el inversor, eso significa vigilar menos el ruido de corto plazo y más las señales que pueden afectar a los márgenes, la concentración y las expectativas que ya están metidas en el precio.








