La deuda de las grandes tecnológicas por la IA empieza a pesar en las carteras

  • Las grandes tecnológicas están financiando parte de la carrera por la IA con una oleada de deuda que ya empieza a exigir más rentabilidad a los emisores. Para el inversor, la lectura va más allá de la bolsa: afecta a acciones, ETFs, fondos de renta fija y concentración en cartera.

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La deuda de las grandes tecnológicas por la IA.
La deuda de las grandes tecnológicas por la IA.

La IA ya no se paga solo con caja: también con bonos

Durante años, las grandes tecnológicas parecían casi inmunes a una preocupación clásica de cualquier empresa: financiar el crecimiento sin tensionar demasiado el balance. Generaban mucha caja, tenían negocios muy rentables y podían invertir en servidores, nube o adquisiciones sin depender tanto del mercado de deuda.

La inteligencia artificial ha cambiado esa fotografía. Morgan Stanley estima que la emisión global de deuda ligada a la IA puede acercarse a 570.000 millones de dólares en 2026, más del doble que el año anterior. Hasta el 31 de mayo, esa emisión ya rondaba los 236.000 millones de dólares, unas cuatro veces más que en el mismo periodo del año previo, según cifras recogidas por Reuters.

El motivo es sencillo de entender, aunque enorme en escala: la IA exige centros de datos, chips, energía, refrigeración, redes y contratos de capacidad. No es solo software. Es infraestructura pesada. Y cuando una empresa pasa de gastar con caja a financiar una parte relevante con bonos, el inversor debe mirar algo más que el crecimiento de ingresos.

No significa que Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta u Oracle estén en la misma situación ni que todas tengan el mismo riesgo. Pero sí marca un cambio: la historia de la IA ya no vive solo en la cuenta de resultados y en la cotización bursátil; también empieza a sentirse en el mercado de crédito.

Para quien invierte desde España mediante fondos globales, índices estadounidenses o ETFs del sector tecnológico, esto importa porque muchas carteras tienen una exposición indirecta elevada a estas compañías. A veces el inversor piensa que tiene una cartera muy diversificada, pero una parte importante del riesgo real puede estar concentrada en unas pocas empresas que lideran el gasto en IA.

El punto delicado: los inversores ya piden más rentabilidad

La novedad no es solo que las tecnológicas emitan deuda. La clave está en que el mercado empieza a pedir yields más altas para financiar algunos proyectos vinculados a centros de datos. Es decir, los inversores quieren cobrar más por prestar dinero a este tipo de estructuras.

El Wall Street Journal ha señalado que la financiación de proyectos de centros de datos para IA se está encareciendo. En el caso de Meta, una operación vinculada a su complejo de El Paso, Texas, llegó a ofrecer una rentabilidad del 7,5%, por encima de operaciones similares previas. El mismo medio apunta que Meta habría levantado más de 55.000 millones de dólares en ventas de bonos durante los últimos nueve meses.

También hay señales en otras partes del mercado. Financial Times recoge que los inversores han exigido más rentabilidad en una emisión de deuda de 14.000 millones de dólares respaldada por centros de datos vinculados a Oracle, en un contexto de preocupación por la carga de deuda y por el volumen de emisiones relacionadas con IA.

Esto no convierte automáticamente a estas compañías en inversiones problemáticas. Muchas siguen teniendo negocios muy fuertes, márgenes elevados y posiciones competitivas difíciles de replicar. Pero el mensaje para el inversor es claro: cuando el coste de financiar el crecimiento sube, el margen de error baja.

En bolsa, eso puede traducirse en más presión para demostrar que el gasto en IA genera ingresos reales. En renta fija, puede afectar al precio de los bonos ya emitidos: cuando el mercado exige más rentabilidad, los bonos antiguos con cupones menos atractivos pueden perder valor. Y en fondos mixtos o carteras indexadas, el impacto puede aparecer por ambos lados: acciones tecnológicas y crédito corporativo.

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Cómo puede afectar a quien invierte desde España

Para un inversor español, esta noticia no significa que haya que salir corriendo de la tecnología ni evitar cualquier exposición a IA. Ese sería un enfoque demasiado simple. La pregunta útil es otra: cuánta exposición tienes ya y por dónde te entra el riesgo.

Puede entrar por acciones sueltas de grandes tecnológicas. Puede entrar por fondos indexados globales. Puede entrar por ETFs del S&P 500, del Nasdaq o del MSCI World. Y también puede entrar por fondos o ETFs de renta fija corporativa que compran bonos de empresas estadounidenses de alta calidad.

Este último punto suele pasar más desapercibido. Muchos inversores asocian la IA con renta variable, Nvidia, Microsoft o Amazon. Pero si la financiación de la IA se canaliza cada vez más por bonos, parte del riesgo también puede aparecer en productos de renta fija. Quien tenga exposición a ETFs de renta fija o ETFs de bonos debería revisar no solo la duración, sino también el peso de crédito corporativo y la calidad de los emisores.

Además, hay un riesgo de divisa. Muchas de estas emisiones y muchas de estas compañías están denominadas en dólares. Para un inversor en euros, la rentabilidad final no depende solo de la acción o del bono, sino también del movimiento euro-dólar si el producto no cubre divisa.

El otro riesgo es la concentración. Financial Times ha advertido de que la concentración de la inversión en IA ya no se limita a las acciones, sino que se extiende también al crédito, la infraestructura y otros activos. Según estimaciones de JPMorgan citadas por el medio, la IA podría impulsar hasta 2 billones de dólares de financiación investment grade y aumentar mucho el peso de los hyperscalers dentro del mercado de crédito estadounidense.

Dicho de forma sencilla: aunque tengas un fondo global, puede que una parte relevante de tu cartera dependa de que unas pocas tecnológicas conviertan su enorme gasto en IA en beneficios suficientes.

Qué conviene mirar antes de tomar decisiones

Conviene separar dos ideas. La primera: la IA puede ser una tendencia real, con impacto económico profundo y empresas capaces de ganar mucho dinero. La segunda: incluso una tendencia real puede estar financiada con demasiado optimismo si los retornos tardan más de lo previsto o si los costes suben más de lo esperado.

Por eso, antes de cambiar una cartera, tiene sentido revisar tres cosas. Primero, el peso real de tecnología en tus fondos, ETFs o acciones. No solo el nombre del producto, sino las principales posiciones. Segundo, la exposición a renta fija corporativa estadounidense, sobre todo si buscas estabilidad y no esperabas asumir tanto riesgo de crédito. Tercero, el plazo: una cartera de largo plazo puede soportar volatilidad, pero solo si el inversor entiende qué tiene dentro.

También es importante no confundir más rentabilidad en bonos con una oportunidad automática. Si un bono ofrece más yield, normalmente el mercado está incorporando más incertidumbre, más oferta de deuda o más prima por financiar ese riesgo. La rentabilidad llama la atención, pero no debería analizarse sola.

Para quien invierte con productos amplios, como ETFs para invertir a largo plazo o fondos indexados globales, la respuesta no tiene por qué ser vender. Puede ser simplemente revisar si la cartera sigue equilibrada, si la exposición a Estados Unidos y tecnología encaja con el perfil de riesgo y si hay suficiente diversificación fuera de las grandes compañías de IA.

La carrera por la inteligencia artificial sigue siendo una de las grandes historias de mercado. Pero ahora tiene una segunda capa: no solo hay que mirar cuánto crecen estas empresas, sino cuánto cuesta financiar ese crecimiento. Para el inversor particular, ese matiz puede marcar la diferencia entre invertir con criterio o dejarse llevar por el titular.

Esta noticia ha sido elaborada por Miguel Cano Jiménez.

Miguel Cano Jiménez

Miguel Cano Jiménez

Especialista

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Especialista en ETFs e inversión indexada a largo plazo.