El dato que inclina la balanza es claro. Según la información oficial de FIFA sobre el calendario, Estados Unidos acoge 78 de los 104 partidos, frente a 13 en México y 13 en Canadá. Esa diferencia no solo afecta al número de entradas, hoteles o desplazamientos. También condiciona dónde se concentra el gasto de visitantes, patrocinadores, logística, restauración, transporte y actividad empresarial vinculada al torneo.
La propia FIFA, en un análisis socioeconómico elaborado con metodología de impacto y SROI, estima para Estados Unidos 30.500 millones de dólares de producción bruta y 17.200 millones de dólares de PIB asociados al Mundial 2026. Son las cifras más potentes disponibles por país, pero conviene leerlas bien: producción bruta no significa beneficio neto, ni PIB equivale a dinero que se quede directamente el Estado.
Por qué Estados Unidos aparece como el gran beneficiado
La explicación no está solo en que sea una economía más grande. Estados Unidos concentra 11 de las 16 ciudades sede y se queda con la parte decisiva del calendario, incluida la fase final. Eso aumenta las probabilidades de captar más noches de hotel, más vuelos internos, más consumo en restauración y más gasto asociado a eventos corporativos.
Para el lector español, la lectura práctica es doble. Si viaja al Mundial, lo más probable es que buena parte del presupuesto acabe pasando por ciudades estadounidenses: vuelos, alojamiento, transporte, comidas, seguros, pagos en dólares y posibles comisiones de tarjeta. El impacto económico del torneo se parece mucho al gasto acumulado de millones de decisiones individuales.
También hay una lectura empresarial. Los sectores más expuestos no son solo los estadios. Hoteles, aerolíneas, restauración, comercio, seguridad, pagos, publicidad y tecnología pueden captar parte del movimiento. Eso no convierte a ninguna empresa en una recomendación de inversión. Solo indica dónde puede circular más dinero durante el evento.
Canadá y México también ganan, pero con otra escala
Canadá tiene una estimación oficial relevante: FIFA comunicó que el Mundial 2026 podría generar hasta 3.800 millones de dólares canadienses de producción económica positiva en el país. Toronto y Vancouver serán las dos ciudades sede canadienses, con 13 partidos en total.
En Toronto, además, el Ayuntamiento ha detallado costes e inversiones concretas. La ciudad cifró en 380 millones de dólares canadienses el presupuesto necesario para entregar los partidos, con parte cubierta por financiación federal y provincial. También informó de una inversión de 157,9 millones de dólares canadienses en mejoras del estadio, de los que 132,9 millones corresponden a la ciudad y 25 millones a MLSE.
México presenta otra fotografía. Tendrá 13 partidos repartidos entre Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, con el partido inaugural en la capital. La Secretaría de Turismo de Ciudad de México publicó una proyección de más de 20.000 millones de pesos de derrama económica en el sector turístico de la capital. Es una cifra importante, pero no comparable directamente con las estimaciones agregadas de Estados Unidos o Canadá, porque se refiere a una ciudad y a un sector concreto.

Por qué las cifras son discutidas
La discusión empieza por una confusión habitual: impacto económico no es beneficio neto. Un informe puede sumar gasto turístico, actividad indirecta, empleo equivalente, ingresos laborales o retorno social. Todo eso ayuda a medir el tamaño del movimiento económico, pero no responde por sí solo a cuánto dinero queda realmente después de costes, subvenciones, seguridad, obras, servicios públicos o exenciones.
Los economistas suelen advertir de dos efectos. El primero es la sustitución: parte del gasto de residentes no es dinero nuevo, sino consumo que habría ido a otro ocio. El segundo es el desplazamiento: algunos turistas que no quieren aglomeraciones o precios altos pueden evitar una ciudad durante el torneo. Por eso las estimaciones previas a grandes eventos suelen discutirse más que las cifras contables posteriores.
En este Mundial hay un matiz favorable frente a otros torneos: buena parte de los estadios ya existía. Eso reduce el riesgo de grandes obras sin uso posterior. Pero no elimina la letra pequeña. Las ciudades siguen asumiendo costes de operación, seguridad, transporte, adaptación de estadios, fan zones y servicios públicos. Para saber quién gana de verdad, habrá que mirar no solo la facturación, sino también quién paga la factura.
Qué significa para el bolsillo del lector español
Para quien viaje desde España, el país que más puede beneficiarse también puede ser el que concentre más gasto. Estados Unidos implica pagos en dólares, precios variables por ciudad, seguros, transporte interno y posibles comisiones bancarias si se paga o se retira efectivo fuera de la zona euro.
Para quien no viaje, el impacto llega por otra vía: televisión, consumo en bares, merchandising, delivery, patrocinadores y campañas comerciales. Ahí el Mundial mueve dinero, pero de forma más dispersa y difícil de medir. No es un ingreso directo para el lector, sino un entorno de consumo donde conviene distinguir entre oferta real, promoción y sobrecoste.
La idea útil es sencilla: Estados Unidos parece el anfitrión mejor situado para captar más actividad económica, pero las cifras grandes no deben leerse como una caja registradora nacional. El Mundial mueve miles de millones; otra cosa es cuánto queda, quién lo cobra y qué costes aparecen por el camino.









