Generali entra en una carrera cada vez más competida
Generali Investments anunció el 16 de junio que lanzará sus primeros ETFs activos para inversores europeos durante la segunda mitad de 2026. La gestora creará una ICAV propia, dedicada a esta actividad, y delegará la gestión de las carteras en varias firmas de su plataforma.
La primera oleada estará centrada en estrategias de renta variable y renta fija. Según la compañía, participarán Generali Asset Management, Global Evolution, Sycomore AM y Plenisfer. Más lanzamientos están previstos para 2027.
El matiz importante para el inversor español es que todavía no hay ETFs concretos que analizar. Generali no ha publicado nombres oficiales, tickers, ISIN, TER, política de dividendos ni folletos definitivos. La propia gestora advierte en su comunicado de que, en la fecha de publicación, ningún fondo estaba autorizado ni registrado para comercialización.
Por eso, la noticia no va de elegir ya un ETF de Generali. Va de otra cosa: cada vez más gestoras tradicionales quieren entrar en el envoltorio ETF, y eso obliga al inversor a mirar más allá de la etiqueta “activo”.
Para quien esté comparando opciones antes de invertir, tiene sentido partir de una visión amplia de los mejores ETFs y revisar después si un producto activo aporta algo real frente a una alternativa pasiva más sencilla.

El auge de los ETFs activos ya no es solo una moda
El movimiento de Generali encaja con una tendencia clara. Cerulli Associates publicó también el 16 de junio que los lanzamientos de ETFs siguen superando ampliamente a los cierres. En Estados Unidos, el número de estrategias pasó de 2.692 en 2021 a casi 5.000 al cierre de 2025.
El dato más llamativo está en los ETFs activos. Cerulli señala que en 2025 se lanzaron 953 estrategias activas, el 84% de todos los nuevos ETFs del año. Además, el 83% de los emisores encuestados prevé lanzar al menos un ETF activo en 2026.
Europa va por detrás de Estados Unidos, pero el movimiento se está acelerando. J.P. Morgan es uno de los nombres que mejor refleja ese cambio. El 12 de junio, la firma fusionó un fondo tradicional en el JPM All Country Research Enhanced Index Equity Paris Aligned Active UCITS ETF, conocido por el ticker JPAW.
Ese ETF, según ETF Stream y los datos de nueva cotización de Deutsche Börse recogidos por ETFGI, nació con unos 1.600 millones de dólares, un TER del 0,25% y cotización en varias bolsas europeas. En Deutsche Börse aparece como ETF UCITS de acumulación, con ISIN IE0002VU15G5 para la clase USD acumulación negociada en euros.
JPAW no es un ETF pasivo puro. Está referenciado al índice Solactive ISS ESG Screened Paris Aligned Global Markets, pero utiliza selección fundamental de valores para sobreponderar o infraponderar compañías. Es decir, combina una estructura de ETF con decisiones activas dentro de unos parámetros de riesgo.
Ese punto es clave para el lector. Un ETF activo puede cotizar en bolsa, ofrecer liquidez intradía y tener costes visibles, pero no replica necesariamente un índice de forma mecánica. Hay un equipo, un modelo o una metodología que toma decisiones.

Más oferta también significa más riesgo de elegir mal
El crecimiento del mercado no es malo por sí mismo. Más competencia puede traer mejores productos, costes más ajustados y acceso a estrategias que antes solo estaban en fondos tradicionales. Pero también puede generar ruido.
Cerulli advierte de un posible aumento de cierres, sobre todo en productos pequeños. Desde 2021, más del 85% de los cierres de ETFs en Estados Unidos se han concentrado en fondos con menos de 50 millones de dólares en activos. En 2025, esa proporción llegó al 92%.
Para un inversor particular, ese dato importa más de lo que parece. Un ETF con poco patrimonio puede tener menos liquidez, horquillas más amplias entre compra y venta y mayor riesgo de cierre si no consigue captar dinero. Si el producto se liquida, el inversor no pierde automáticamente todo su capital, pero puede verse obligado a vender en un momento que no encaja con su planificación.
Aquí conviene separar tres conceptos. Un fondo indexado suele comprarse o venderse al valor liquidativo del día y replica un índice. Un ETF pasivo también replica un índice, pero cotiza en bolsa durante la sesión. Un ETF activo cotiza como ETF, pero la cartera no se limita necesariamente a copiar un índice.
La diferencia práctica está en el control. En un ETF pasivo, el inversor sabe que está comprando una exposición concreta. En un ETF activo, debe entender qué margen tiene el gestor, qué benchmark usa, cuánto se desvía de él y cuánto cobra por intentar hacerlo mejor.
En carteras de largo plazo, esa revisión es especialmente importante. Antes de sustituir una pieza sencilla por un ETF activo, conviene mirar costes, historial si existe, liquidez, tamaño del fondo y encaje real dentro de la cartera. Para ese filtro, también ayuda comparar con selecciones pensadas para invertir a largo plazo con ETFs.

Qué mirar antes de dejarse llevar por el lanzamiento
La entrada de Generali en ETFs activos puede ampliar la oferta europea, pero todavía falta la información que de verdad permite valorar cada producto. No basta con saber que habrá renta variable o renta fija. Hay que conocer índice de referencia, TER, divisa, política de acumulación o reparto, réplica, bolsa de cotización y registro de comercialización.
En renta fija, además, el análisis debe ir un paso más allá. Duración, calidad crediticia, divisa y sensibilidad a los tipos pueden cambiar mucho el riesgo real del producto. Un ETF activo de bonos puede ser útil en una cartera, pero no debe confundirse con un depósito ni con una cuenta remunerada. Quien quiera comparar alternativas puede apoyarse en una guía de mejores ETFs de renta fija antes de mirar productos concretos.
El inversor español debería vigilar también la disponibilidad. Que un ETF sea europeo o UCITS no significa automáticamente que esté disponible en todos los brokers ni que esté registrado para comercialización en España desde el primer día.
La conclusión práctica es sencilla: el boom de ETFs activos amplía el menú, pero no elimina el trabajo de análisis. Antes de valorar un nuevo producto, hay que preguntarse si mejora la cartera, si justifica su coste y si el riesgo adicional compensa frente a un ETF pasivo o un fondo indexado más transparente.









