Qué ha pasado y por qué no es solo un fichaje
La noticia publicada este martes por Cinco Días apunta a un movimiento muy concreto: Santander habría incorporado a Jon Ander Beracoeche, hasta ahora chief data scientist en BBVA, y a Álvaro Martín, vinculado a la aplicación de IA en banca de inversión y banca corporativa. Ambos se suman a Ricardo Martín Manjón, antiguo responsable de datos e inteligencia artificial de BBVA y actual responsable de Data e IA en Santander.
Visto de forma superficial, parece una pelea de directivos entre dos grandes bancos. Pero la lectura útil es otra. En banca, la inteligencia artificial no depende solo de tener acceso a modelos o proveedores tecnológicos. Depende de saber ordenar datos, cumplir normas, integrar sistemas antiguos, medir riesgos y convertir proyectos piloto en herramientas que funcionen dentro de una organización enorme.
Por eso estos fichajes importan más de lo que parece. Santander no está comprando una tecnología nueva, sino conocimiento interno de cómo se construyen proyectos de IA en banca real. Y BBVA, que durante años ha presumido de ir por delante en digitalización, se enfrenta ahora al reto de no perder velocidad en una parte crítica de su estrategia.
Santander quiere que la IA se mida en negocio, no en titulares
Santander ya había colocado la inteligencia artificial en el centro de su plan. La entidad se ha marcado como objetivo generar más de 1.000 millones de euros de valor de negocio con IA entre 2026 y 2028, sumando ingresos adicionales y ahorros de costes. Según el propio banco, en el primer trimestre ya había generado 35 millones y espera superar los 200 millones al cierre del año.
Ese dato conviene leerlo bien. “Valor de negocio” no es lo mismo que beneficio neto, ni significa automáticamente que el cliente vaya a pagar menos comisiones o recibir mejores condiciones. Puede venir de vender mejor, reducir costes internos, automatizar procesos, mejorar la atención o tomar decisiones comerciales con más datos.
La entidad también ha extendido el acceso a herramientas de IA a sus 185.000 empleados en todo el mundo, con el objetivo de que la tecnología se use en tareas como análisis, búsqueda de información, resumen de documentos, conversaciones con clientes o simplificación de procesos internos.
Para el pequeño inversor, Santander y BBVA no deberían analizarse por una guerra de nombres, sino por algo más frío: quién convierte mejor la IA en eficiencia, crecimiento y control de riesgos. Quien invierta en bancos debe mirar márgenes, costes, capital, morosidad, dividendo y ejecución estratégica, no solo titulares tecnológicos. En ese sentido, puede tener más sentido comparar el negocio bancario con calma antes de decidir, igual que al revisar los mejores bancos para invertir en bolsa.

BBVA responde con AI Transformation y The Frame
BBVA no se ha quedado quieto. El banco anunció en mayo la creación de una nueva área global, AI Transformation, liderada por Antonio Bravo y situada en el primer nivel de la organización. Según la propia entidad, esta área integra el actual equipo de Data con capacidades tecnológicas críticas para industrializar la creación, despliegue y gestión de agentes de inteligencia artificial en todo el grupo.
Traducido: BBVA quiere pasar de proyectos aislados de IA a una fábrica común de soluciones reutilizables. La entidad habla de agentes capaces de automatizar tareas, razonar, tomar decisiones e interactuar con personas, aunque también reconoce que esta tecnología está en fases tempranas. La idea práctica es reducir tiempos de desarrollo de meses a semanas y mantener la supervisión humana.
Ahí entra The Frame, el plan interno con el que BBVA busca escalar el uso de la IA más allá de los primeros nichos de negocio. Según Cinco Días, el banco quiere aprovechar patrones comunes en la creación de agentes para construir muchos más y desplegarlos por toda la entidad.
La clave editorial es no vender esto como si mañana el cliente fuese a notar una app completamente nueva. No hay que prometer funciones activas para todos los usuarios si no están confirmadas. Lo que sí se puede decir es que BBVA está reorganizando su estructura para no depender de iniciativas sueltas y para acelerar la adopción interna de IA.
Qué puede cambiar para clientes, empleo y competencia
Para el cliente minorista, el impacto es indirecto. A corto plazo, que Santander fiche talento de BBVA no cambia la cuota de la hipoteca, la rentabilidad de un depósito ni las comisiones de una cuenta. Lo que puede cambiar con el tiempo es la forma en la que los bancos atienden, recomiendan, resuelven incidencias, detectan fraude o personalizan ofertas.
Eso tiene una cara positiva y otra que conviene vigilar. Si la IA reduce fricciones, puede mejorar la experiencia del usuario: menos esperas, respuestas más rápidas, mejor análisis de movimientos o herramientas de gestión financiera más útiles. Pero si se usa solo para recortar costes, cerrar canales humanos o empujar productos con más precisión comercial, el beneficio para el cliente puede ser mucho menos claro.
Para comparar bancos, por tanto, la tecnología importa, pero no sustituye a lo básico: comisiones, atención, remuneración del ahorro, condiciones de tarjetas, facilidad para operar y calidad del servicio. Por eso, más allá de la guerra de talento, el usuario sigue necesitando mirar con calma comparativas como BBVA vs Santander o los mejores bancos y cuentas.
En empleo, la lectura también es mixta. La IA está elevando el valor de perfiles de datos, ingeniería, producto, riesgo, cumplimiento y ciberseguridad. Pero también presiona tareas repetitivas en oficinas, atención al cliente, back office y procesos administrativos. No significa que cada proyecto de IA equivalga a despidos, pero sí cambia qué talento demandan los bancos y qué funciones pueden perder peso.
Para la competencia, el movimiento refuerza una idea: la banca digital ya no compite solo por tener una buena app. Compite por talento, datos, capacidad tecnológica y velocidad de ejecución. Santander intenta ganar músculo en un terreno donde BBVA ha sido históricamente fuerte. BBVA intenta convertir esa ventaja digital en una estructura más industrial y menos dependiente de equipos concretos.
El punto importante para el lector no es decidir qué banco “gana” la carrera de la IA esta semana. Es vigilar si esa carrera acaba en mejores servicios, menos fricciones, más seguridad, mayor competencia y condiciones más claras. Si solo mejora los márgenes de los bancos, será una buena noticia para sus cuentas. Si mejora también la experiencia y el coste real para el cliente, entonces empezará a notarse en el bolsillo.









